Cierre

La barra del Bar Boia de Cadaqués podría desmantelarse para siempre este julio

Si el pleno del Consejo Comarcal del Alt Empordà lo descalifica como bien cultural de interés local, la carcasa que se mantiene se podrá eliminar de la playa Gran

El Bar Boia, en enero del 2025, cuando los operarios comenzaron a extraer luces, muebles y neveras de su interior
19/05/2026
3 min

Un año y medio después de su cierre forzado, el Bar Boia todavía es protagonista de conversaciones en Cadaqués. Quien pasa por delante ve la cantidad de gente que le hace fotos, que se detiene para contemplar el pecio en que se ha convertido y para comentar la tristeza que provoca verlo cerrado. Tristeza y también indignación, porque "ahora mismo es muy feo para Cadaqués verlo de esta manera", me dice Mari Carme, vecina. No es la única que lo piensa. La población probablemente más fotografiada de Cataluña, la más marinera, no puede ser que tenga un edificio que se cae a pedazos. La antigua propiedad, la familia Vehí, no puede hacer nada porque falta el último recurso legal para desmantelarlo: la descalificación como bien cultural de interés local (BCIL), que aprobará con toda seguridad el pleno del Consejo Comarcal del Empordà a finales de este mes."En diciembre de 2024, cuando recibimos la carta en la que nos anunciaban que debíamos cerrar el Bar Boia, procedimos a hacer todo lo que nos indicaban", explica Pere Vehí. El último día que estuvo abierto fue el 4 de enero. No tuvieron tiempo de hacer nada especial, ninguna fiesta de clausura, porque si abrían un día más después del 4 de enero, tenían la amenaza de que les pondrían una multa de 28.000 euros por día abierto. La carta que recibieron a finales de diciembre hizo saber a la familia Vehí que no podían renovar la concesión porque entraba en vigor una normativa de la ley de costas, según la cual en una playa urbana no puede haber dos bares si no están separados por ciento cincuenta metros o más. En el caso del Marítim y el Bar Boia la distancia es de diecisiete. Este hecho quería decir que el Bar Boia no podía continuar, porque era el primero al que se le acababa la concesión, pero es que después del Boia tampoco podrá abrir ninguno en este mismo emplazamiento."Miles de euros para desmantelarlo

Así pues, al día siguiente del 4 de enero, los Vehí vaciaron su interior mientras se alzaban las voces indignadas de Cadaqués y de todas partes. "Hubo quienes lloraban, que nos decían que no podía ser que lo cerrásemos". A finales de enero, no quedaba nada dentro, solo la estructura limpia, los cristales, las paredes, las dos puertas que sostenían la carcasa. Era un cuerpo sin alma. "Desde marzo de 2025, tengo un presupuesto de desmantelamiento, que he ido actualizando a medida que ha ido pasando el tiempo", relata Pere Vehí. El presupuesto para eliminar la estructura se eleva a una gran cantidad, porque se necesita una máquina giratoria de cizalla; dos camiones tráiler con pop y cuatro operarios.Pero a pesar del presupuesto, el Bar Boia no podía desaparecer porque estaba catalogado como bien cultural de interés local. Por este motivo, se ha mantenido ahí durante un año y medio, porque no se podía tocar si cuenta con esta calificación. La novedad es que a finales de este mes de mayo, un pleno del Consejo Comarcal del Alt Empordà votará su descalificación, y acto seguido se abrirá un plazo de un mes en el que la resolución estará expuesta al público. Pasado este mes, nos plantamos a principios de julio, la empresa de desguace, que es Femevi, de Vilamalla, entrará ahí con sus camiones para eliminar para siempre más la estructura que había contenido tantas noches de verano, con cócteles del hijo del Pere, en Manel Vehí; tantos desayunos y vermuts mirando la playa Llarga. La familia Vehí abrió el chiringuito en 1946, y actualmente lo dirigía Manel Vehí, hijo de Pere Vehí, que había convertido el Boia en un referente gastronómico, de día, y coctelero, de noche. Los bocadillos, los bikinis y los cócteles de todo tipo, como el famoso Sex on the beach. Siempre estaban llenas las mesas, especialmente por la noche, cuando todo el mundo buscaba mirar el mar. Si no, siempre estaba el lateral que tocaba a la escultura de Salvador Dalí o las que estaban situadas en el mismo paseo de Cadaqués. Curiosamente, aquella escultura de Salvador Dalí que los vecinos querían que se derribara porque el artista provocó con sus desatinos que los campesinos no recibieran ayudas por las heladas de un invierno muy crudo, el de 1956, se mantiene en pie. El desatino de Dalí fue: “He tenido la fortuna de ser la primera persona de mi pueblo que ha visto brotar los olivos, cuando nadie esperaba cosa semejante, después de las devastadoras heladas del invierno último”. Por culpa de estas frases, el dictador Francisco Franco no dio las ayudas que tanto habrían ayudado a los campesinos, dedicados entonces a los olivos, con los cuales hacían uno de los aceites que aún hoy es de gran reclamo.Este verano, pues, desaparecerá para siempre más el Bar Boia, el que elevaba la vida cultural y gastronómica, la puerta de entrada al buen comer y beber de Cadaqués.

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