Planes singulares

El único mirador desde donde puedes ver toda Barcelona y la puesta de sol con una copa de burbujas en la mano

La Torre Glòries y Recaredo diseñan una actividad de jueves a domingo en el último piso del icónico edificio donde hay una visión de 360 grados sobre la ciudad

Las vistas desde la Torre Glòries.
03/07/2026
3 min

BarcelonaSe llama Torre Glòries. Para muchos barceloneses siempre será la Torre Agbar u otros nombres populares inspirados por su forma, como el supositorio. Y es el único edificio que permite ver toda la ciudad de Barcelona, 360 grados. La razón es que está en el centro previsto por Ildefons Cerdà, en la plaza de les Glòries. Diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel su intención era emular un géiser, ya que debía ser para la compañía de las aguas. Ahora es un edificio de oficinas, pero se habilitó la planta 30 y todo el capciró de arriba, a 125 metros de altura, como un mirador privilegiado.

El mirador está abierto al público y este verano se puede hacer la Skywine Experience dirigida por el equipo de la bodega Recaredo. El horario es de 19 a 21.30 h de jueves a domingo. La experiencia de la cata dura media hora y está dirigida por dos técnicos de Recaredo, después podéis quedaros en el mirador el tiempo que queráis. Estarán hasta el 20 de septiembre y permite catar tres vinos –uno tranquilo y dos espumosos de Corpinnat– además de ver el espacio expositivo del sótano.

La vista paso a paso

La entrada para subir al mirador no es la entrada principal del edificio. Queda a un lado, y es muy visible y está muy bien indicada. Contrariamente a lo que pueda parecer, se empieza la visita bajando. Hay un espacio expositivo que llaman el Hipermirador. La idea es descubrir cosas de la ciudad que no ves a simple vista. Se representan las estrellas que hay en aquel momento en el cielo (si las viéramos), qué haría un pañuelo si lo extendiéramos en la planta 30 en función del viento que sopla, el estado del mar, la contaminación del aire. Toda información a tiempo real que se proyecta en una pantalla inmensa de 27 metros. También está la música de Maria Arnal, el homenaje a los seres vivos que habitan la ciudad (los que nos gustan y los que no) hecha por el badalonés Joan Sallas y datos escalofriantes como los más de 700.000 vehículos que atraviesan la ciudad cada día. Esta visita se puede seguir con una audioguía, es interactiva y muy interesante. Después se coge el ascensor y se va arriba. Cuando el ascensor arranca, se puede ver por los cristales del techo cómo sube.

Una vez en la planta 30 empiezan las vistas y la cata. El equipo de Recaredo explicará qué es Recaredo, desde la historia de su fundador, Josep Mata Capellades, que era jugador del CE Sabadell, a la creación conjuntamente con otras bodegas del sello Corpinnat para garantizar la calidad del vino espumoso en el Penedès. Mucha gente, cuando ve la cata se apunta una vez arriba. Es una opción que permiten hacer. Si se compra anticipadamente, sin embargo, sale mejor de precio y te garantizas el sitio. Toda la experiencia, desde la visita a la cata, vale 28 euros si se compra antes. Si se compra allí, vale 31. También venden el vino, ya que una vez hecha la cata, mucha gente se quiere llevar una botella.

Se cata el vino blanco Miranius de 2024 de Celler Credo. Un monovarietal de xarel·lo que permite apreciar esta variedad que representa la región. Después, para los espumosos, se puede catar el Recaredo l’Infinit 2023. Es una nueva referencia que han sacado al mercado y que han elaborado con diversos viticultores. Un vino colectivo pensado para ser bebido en entornos festivos. "Queremos sacar el vino de entornos gastronómicos y llevarlos a todas partes donde haya cultura", dicen desde Recaredo. El tercer espumoso que se cata es el Recaredo L’Infinit Rosat 2021. Hecho de xarel·lo y garnacha negra es un caso único, ya que no está a la venta y solo lo podéis catar aquí. De cara al año que viene ya se comercializará. La cata se hace cada media hora y como mucho en el grupo puede haber 15 personas.

Finalmente, si os gusta la aventura hay una escultura flotante y transitable, hecha de cables de acero y plataformas diseñada por el artista argentino Tomás Saraceno. Queda en el techo del edificio y no es apto para claustrofóbicos, personas con vértigo, poco ágiles o con zapatos que no queda el pie bien calzado.

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