Aviso que ponen límites
Cada vez más abuelos reivindican su tiempo y rechazan asumir los cuidados intensivos que ha marcado el modelo tradicional
Barcelona"Me considero un abuelo un poco atípico, porque, por una serie de razones, entre ellas que no vivo en la misma ciudad que mis limpias, hago de abuelo a distancia. Además, por mi forma de ser y mis aficiones tengo una vida bastante ocupada con una serie de actividades que hago regularmente y, por tanto, tampoco dispongo de Josep". Su caso es menos habitual, pero cada vez más presente en un contexto en el que el cuidado intensivo de los nietos ha sido un pilar social. Aunque no existe un manual para hacer de abuelo o abuela, lo cierto es que los datos reflejan un patrón consolidado: el 42% de los abuelos y abuelas españoles (entre 55 y 69 años) con nietos menores de edad se hacen cargo diariamente o, como mínimo, una vez por semana, principalmente porque los padres no pueden (41%). Estas tareas incluyen ir a buscarlos a la escuela oa las extraescolares (39%) y realizar actividades de ocio como ir al parque oa la merienda (39%), según el V Barómetro del Consumidor Sénior de la Fundación Mapfre (2025).
"A pesar de la diversidad de arreglos familiares, el modelo occidental sitúa a los padres como responsables principales del bienestar de los niños, mientras que los abuelos dan un apoyo casi incondicional, a menudo sin mucha capacidad de decisión. Es un patrón propio del sur de Europa y del área mediterránea, pero muy condicionado por los cambios que está experimentando" profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC).
Este patrón se basa en la proximidad geográfica, que facilita los cuidados cotidianos. "Este modelo exige que los hijos se queden cerca del lugar en el que han crecido, lo que encaja muy bien con el sistema económico, ya que reduce la necesidad de apoyo público para los cuidados y de políticas de conciliación", advierte Cantó. En cambio, los modelos más propios del centro de Europa, donde la conciliación está más garantizada por el estado del bienestar, "se ven muchos menos abuelos asumiendo tareas de cuidado cotidiano. Esto no quiere decir que estos niños no tengan abuelos ni momentos en familia sino que estos ratos son menos frecuentes y, sobre todo, menos forzados que en nuestro modelo", apunta la .
En Europa, la intensidad en el cuidado de los nietos varía según los países: los ancianos que menos participan son los bálticos y los nórdicos –Estonia, Letonia, Lituania, Suecia y Finlandia– con porcentajes que oscilan entre el 13% y el 17%. En cambio, en España cerca del 30% de los abuelos cuidan a los nietos cada semana, una proporción superior a la media europea, situada en torno al 25%.
Cada vez hay más personas que deciden no asumir este rol de cuidados de forma tan intensiva y estructural, como el caso de Josep. "Estoy divorciado y tengo aficiones muy arraigadas desde hace tiempo y disfruto de buena salud y ganas de descubrir cosas nuevas y de viajar. Todo ello hace que tenga el tiempo bastante ocupado y, por tanto, una disponibilidad limitada para hacer de abuelo", comenta el abuelo de Gala, de 7 años, y Joana, de no quiere decir de no hacer de Juan, de 3. " referencia", puntualiza Cantó. "Mi vida viene marcada para disfrutarla y hago la mía, pero cuando puedo y cuando a mis limpias les va bien me reencuentro y disfrutamos", comenta. Josep explica cómo los encuentros puntuales con sus limpias se convierten en una novedad y una fiesta, y que la relación es excelente.
Seguir cuidando a los hijos cuidando a los nietos
"Muchos ancianos asumen cuidados intensivos no por voluntad propia, sino porque saben que, si no lo hacen, sus hijos tendrán dificultades. A veces es más un acto de amor incondicional hacia los hijos que una función propia de ancianos; hasta el punto de que cuesta distinguir si están haciendo de abuelos o, en realidad, asumiendo un rol casi parental. porque, en realidad, están sosteniendo a sus hijos", señala la socióloga.
Según un informe de Aldeas Infantiles SOS basado en datos del CIS, los abuelos españoles que realizan cuidados intensivos dedican una media de 16 horas semanales, asumiendo tareas como el comedor escolar o hacer de canguro para ayudar económicamente a sus hijos. De hecho, en España un 45% de los abuelos afirma que los nietos van a comer a su casa con regularidad: un 10% lo hace todos los días y un 35% alguna vez por semana, según el informe de la Fundación Mapfre. "Hay abuelos que hacen cosas que quizás no son las que les apetecen; partimos de la idea de que, si lo haces por amor, siempre lo haces con agrado, pero no siempre es así", matiza Cantó.
Romper con el molde y rehacer las expectativas sociales
A diferencia de otros abuelos de su edad, Josep nunca ha sentido la presión de ejercer esta función "de abuelo clásico". "En mi caso, nunca he recibido ninguna crítica ni he oído que esperara de mí una dedicación que no puedo dar. Pero tengo compañeros que se quejan de que querrían hacer otras cosas, tener un trato no tan intenso ni exhaustivo con los nietos, no porque no se les quieran sino porque querrían hacer más cosas en lo personal, pero no se la atreven".
Romper con la expectativa social de cuidar a los nietos puede convertirse en una fuente de conflicto. "El impacto social de los abuelos es especialmente relevante en las familias con más necesidades. En muchos casos, se sienten obligados a atender a los nietos, a menudo a costa de su tiempo libre y de su propia calidad de vida, lo que puede generar estrés y, a veces, tensiones en la familia", explica Enric Ollé, portavoz de la Federación de Asociaciones de Personas Mayores de Cataluña (FATEC). Un 35% de los abuelos que cuidan a menudo los nietos manifiesta síntomas de sobrecarga física y emocional.
Cuando la clase social marca la crianza de los nietos
Para Cantó, es importante asumir que detrás de todo hay una dimensión de clase y de recursos muy importante. "Muchas de estas cosas que vemos como decisiones en realidad son, en realidad, un resultado estructural. A veces toda una familia debe poner las pocas posibilidades que tiene para salirse, y eso hace que haya personas que tienen tareas de cuidados cuando en realidad necesitarían recibirlas", apunta.
En esta línea, Ollé explica que, en familias acomodadas, "normalmente no hay ningún problema para encontrar maneras alternativas de cuidar a los hijos sin recurrir a los abuelos". En cambio, en familias con mayores dificultades económicas, "necesitan la ayuda de los abuelos, y aquí nace el problema para las personas mayores". Según Cantó, la respuesta depende tanto de la posición personal de cada abuelo o abuela como del entorno social en el que vive: "las mismas prácticas pueden tener consecuencias muy distintas según el contexto social en el que se producen".
"Pueden aparecer conflictos familiares cuando las expectativas no coinciden: algunos dan por hecho que los abuelos harán lo mismo que hizo la generación anterior, mientras que los otros tienen unos planes o límites diferentes. También puede ocurrir que hay abuelos que quieran implicarse más y que los hijos no lo deseen, porque no comparten". Aunque las recomendaciones son complejas y dependen de cada familia, Ollé apunta que los hijos sean comprensivos y eviten sobrecargar a los abuelos: "hemos detectado situaciones de exceso de responsabilidades, hasta el punto de que algunos abuelos se sienten explotados. A los abuelos les recomendamos poner límites y cuidar a los nietos en la medida que puedan y quieran, sin sentirse. En la FATEC, por ejemplo, han observado que las actividades y los centros de mayores suelen ser espacios ocupados por personas que ya no tienen esta obligación o que tienen los nietos mayores.
Las abuelas, atrapadas en el rol tradicional
En un contexto económico y social marcado por una individualización creciente y por una esperanza y calidad de vida más altas, cada vez más personas reivindican el derecho a decidir cómo quieren vivir esta etapa vital. "Eso hace que se sientan más legitimadas en priorizar las preferencias personales, incluso por delante de las de los demás y, a veces, de sus necesidades", comenta Cantó. Sin embargo, esta posibilidad no ha sido repartida de manera igual: tradicionalmente, los hombres han tenido más margen para hacerlo que las mujeres. Y esa desigualdad, según Cantó, también afecta a las abuelas. "Vivimos en una sociedad patriarcal, con unas estructuras muy arraigadas y unos repartos desiguales de derechos, deberes y tareas. Y como es desigual y no sólo diferente, las tareas asociadas al género femenino son tareas no valoradas y se dan por descontadas como actos de amor", detalla la socióloga.
La cuestión no afecta sólo a la generación de los padres o la de los abuelos, sino también la forma en que cada familia reparte las responsabilidades y se organiza. "Hasta qué punto existe la obligación de ayudar a unos hijos que son ya adultos –no sólo desde un punto de vista legal, sino también moral– es un debate abierto", apunta Cantó.
"Antes la misión de los abuelos era cuidar a los nietos; hoy esto ha cambiado. La gente mayor tiene su propia vida y puede compatibilizarla con el vínculo familiar. Cada abuelo y cada abuela son diferentes porque cada persona es diferente, y por eso también lo es la relación que establecen las normas que establecen con sus nietos. El valor de esta diversidad. de ancianos", expresa Josep.