¿Cómo se organiza una familia cuando sus hijas hacen teatro profesional?
Para Bruna Armengol y Bruna Luz, actuar en la obra 'El barquer' ha sido como un juego, pero tras este trabajo de repasar el guión, asistir a los ensayos, estrenar la obra y representar todas las funciones hay una logística familiar que lo ha hecho posible
BarcelonaFaltan un par de horas para que comience una nueva función deEl barquero en el Teatre Lliure de Montjuïc, en Barcelona. Bruna Luz, de once años, no para quieta y se pone a bailar antes de subir al escenario, mientras espera que le llegue el turno para peinarse, cambiarse y ponerse el micrófono. A su lado, Bruna Armengol, de diez años, le acompaña en sus juegos y no para de reír mientras espera lo mismo. En un rato se convertirán en la Mercy y el Honor Carney, y sus personajes se trasladarán hasta una zona rural del condado de Armagh, en Irlanda del Norte. Será un día de finales de agosto de 1981 y la familia Carney celebrará el Día de la Cosecha. Pero la jornada familiar y festiva acabará siendo una tragedia.
Es la primera experiencia profesional de las dos Brunes. Se estrenan con una obra compleja, que reúne a una veintena de actores de edades muy diversas dirigidos por Julio Manrique. La ilusión y la satisfacción de haber llegado a formar parte de un elenco de este nivel contagia a todo el mundo a su alrededor. Por su edad, no aparecen en todas las funciones. Combinan la experiencia sobre el escenario con las jóvenes actrices Nora Pàmies y Elena Salvat, con quienes comparten sus personajes, pero con quienes sólo coincidieron los primeros días de ensayos.
Actores de la obra 'El barquer'Marta Mas Gironés
"Estábamos mirando castings para presentarnos hasta que encontramos ese que ofrecía el Teatre Lliure. Mi madre me dijo que era muy famoso y me presenté. Primero tuve que enviar un vídeo y luego hice una prueba de casting. Allí coincidí con Brunaeng." Se han hecho muy amigas, desde entonces, y comparten la pasión por el teatro. "Cuando tenía seis años hice una obra en el pueblo de mis abuelos y me gustó tanto que decidí que quería dedicarme", explica Bruna Armengol.
Cuando Bruna Luz hizo el casting, su padre estaba de viaje. "Cuando llamé a casa para saber cómo había ido, estaba exultante, tremendamente contenta. Decía que le había ido muy bien y que la otra niña era muy bonita, que se lo había pasado muy bien y que Julio Manrique era muy bonito. Tres días más tarde teníamos el sí definitivo", recuerda Jordi Luz.
Laia Rofes, la madre de Bruna Armengol, también tiene presente el momento en que le confirmaron que su hija mayor sería una de las niñas que formarían parte del elenco de la obra. "Lo planteamos como una experiencia, una aventura y una oportunidad para hacer un casting en el Lliure. Lo pasó y desde el primer momento las han tratado muy bien para que se sientan lo más cómodas posible. Lo vivió de una manera muy natural y lúdica".
"Lo que hacemos es superdivertido. Y es verdad que el primer día te pones muy nerviosa, pero después ya disfrutas mucho", explica Bruna Luz. Tras el casting vinieron los ensayos y las horas repasando el guión en casa. "Me lo leí una vez y ya se me quedó, y como en los ensayos lo repetíamos, se me quedaba más. Y las frases que dicen antes o después de mí los demás actores también me las sé de memoria. Podría hacerlo El barquero ¡yo sola!", afirma risueña Bruna Armengol, que aprovecha los entreactos más largos para hacer los deberes de la escuela con su compañera en escena.
La logística familiar
Ambas lo viven como un juego, pero tras ese trabajo de repasar el guión, asistir a los ensayos, estrenar la obra y representar todas las funciones fijadas existe una logística familiar que lo ha hecho posible. "Por nuestra parte hay un esfuerzo por compaginarlo con el trabajo. En mi caso, implica hacer equilibrios familiares porque tenemos una niña más pequeña y acompañar a Bruna también significa a veces no ver a la otra hija, porque quizás por la mañana yo no la he podido levantar y cuando llegamos a casa ya duerme", indica Rofes. Asimismo, explica que ya le plantearon a su hija que esta aventura teatral implicaría renuncias, que iría más cansada y que se perdería fiestas de cumpleaños de las amigas. "Debemos saber llevar las cosas buenas y aceptar sus contras".
En el caso de las dos jóvenes actrices, en la escuela se lo pusieron muy fácil. Lo entendieron y pudieron llegar a acuerdos en el caso de las extraescolares, puesto que es una experiencia tanto única como temporal. "Nuestra preocupación también era si lo aguantaría, porque no deja de ser una exigencia de teatro profesional, no es una actividad extraescolar. Algún día la vemos cansada, pero también tan contenta y emocionada que no puedes plantearte no acompañarla en esta experiencia", reconoce Luz.
Una obra con componente político
"Mis padres me leyeron la historia para saber de qué iba y para que no me asustara por el final que tiene, y eso me ayudó a entenderla mejor", asegura Bruna Luz. "Las partes que no son para adultos son muy divertidas. Me costó entender el final, pero cada vez lo entiendo más. Y como lo vivimos desde dentro no nos asusta tanto. Visto desde fuera, impacta mucho", razona Bruna Armengol. El barquero transcurre durante los años conocidos como los troubles, entre los sesenta y los noventa del siglo pasado, cuando los republicanos católicos irlandeses que aspiraban a la independencia se enfrentaron con los protestantes unionistas o lealistas, que querían seguir perteneciendo al Reino Unido, lo que supuso un largo período de violencia en el país.
"Dudamos de si había que explicar a una niña de once años el trasfondo político de la obra, y finalmente decidimos no hacerlo. Prefirimos que fuera Julio Manrique quien lo hiciera para que nuestra visión no fuera diferente a la que planteaba la obra, cosa que nos preocupaba. Y, de momento, no hemos tenido ninguna pregunta." Rofes subraya el trabajo del equipo teatral para introducirles el tema poco a poco, mostrándoles los elementos que formaban parte de la historia, también porque en el momento en que estuvieran expuestas no sufrieran por el final que llegaría. "Lo hemos vivido de forma muy natural, no ha generado ningún conflicto, sino que más bien ha sido todo como un juego", añade Rofes.
"Cuando acabe esta obra lloraremos mucho. Creo que será más drama que la misma obra", adelanta Bruna Luz. Ambas quieren seguir haciendo teatro, presentarse a castings y convertirse en protagonistas de otras historias. Y animan a los niños de su edad a que tengan la misma pasión por el teatro que ellas a hacer lo mismo. "Entre nosotros hablamos sobre cómo será la descompresión después de la obra, pero si las hemos acompañado en la subida, también lo haremos en la bajada", sostiene Luz. Dice que procura recordarle a su hija que no todo son flores y violas, que seguramente hay muchas niñas que se han presentado a castings y no las han cogido. "No son conscientes de la magnitud que tiene todo esto, pero queremos que disfruten mucho. Además, también es muy bonito ver al resto de la familia tan animada con esta experiencia, que vivimos todos de forma conjunta".
La profesión teatral en edad infantil
"El trabajo del actor no tiene edad. Es una carrera de fondo, y hay personas que llegan antes y otras que llegan más tarde, pero lo básico es formarse, reciclarse y reinventarse", expresa Lídia Casanova, coordinadora del centro Nancy Tuñón - Jordi Oliver Escuela de Actores. Es lo que trasladan a los actores más jóvenes ya sus familias, sobre todo a quienes buscan resultados rápidos. "Es un oficio en el que hay que tener unas bases y estar bien formado, porque oportunidades pueden surgir, pero lo que les hará mantenerse en el tiempo en este sector será tener una buena preparación".
Casanova explica que la ventaja que tienen los niños y jóvenes es que todavía no han perdido las ganas de jugar, algo muy importante en una profesión en la que se requiere hacerlo bajo presión. Desde el centro de formación, aparte de enseñarles la base interpretativa, les inculcan que no pierdan ese espíritu lúdico, pero también les hacen entender que la disciplina y la generosidad son muy necesarias. "Las familias también tienen un papel muy importante. La actitud del niño o joven toma mucha importancia y muchas veces se enfocan hacia esta profesión según la mirada y el discurso que les trasladan los padres". Casanova también reconoce que ahora mismo se encuentran con familias que impulsan a sus hijos, pero les recuerdan que no deben forzarles. "Tienen que ser sobre todo los niños quienes quieran entrar dentro de esta rueda de trabajo. Hay que darles espacio para compaginar los momentos lúdicos con los estudios y el trabajo, porque no es fácil para ellos, tampoco, pues eso significa renunciar a ciertas cosas". Señala que los padres deben encargarse de conservar su orden mental, ponerles límites y mantenerlos con los pies en el suelo.
Desde Nancy Tuñón - Jordi Oliver Escuela de Actores también recuerdan que, en todas las edades, el trabajo de actor comporta cierta presión. "Les hará mucha ilusión cuando les cojan en un casting, pero cuando vayan por la función número cuarenta quizás no tengan ganas de ir y tendrán que hacerlo igualmente". Casanova señala que tanto padres como hijos deben mantener esa responsabilidad. También observa que hay padres reacios a que sus hijos trabajen, pero reconoce que quienes quieran hacerlo y tengan muy claro que éste es el camino que quieren seguir y ven un futuro, cuanto antes empiecen, más oportunidades tendrán después. Al mismo tiempo, Casanova recomienda que se les debe explicar cómo funciona esta profesión, como que pueden entrar y más tarde decidir si quieren continuar, pero, sobre todo, no dar por sentado que después de una experiencia especial vendrá otra. "Generarles ciertas expectativas, sobre todo cuando son muy jóvenes, es peligroso."