Una fiesta nunca es solo una fiesta
Willem Dafoe, excelso y magnético, es el maestro de ceremonias de ‘El anfitrión’, virulento drama familiar con pinceladas de 'thriller' que despoja los trapos sucios de la aristocracia
- Títol original: 'The birthday party'Direcció: Miguel Ángel Jiménez. Guió: Miguel Ángel Jiménez, Giorgos Karnavas i Nikos Panayotopoulos a partir de la novel·la de Panos Karnezis.105 minuts.Grècia, Espanya, Regne Unit i Països Baixos (2025)Amb Willem Dafoe, Carlos Cuevas, Emma Suárez, Victoria Carmen Sonne, Joe Cole i Francesc Garrido.
No cada día se topa uno con la suerte de presenciar Willem Dafoe bailando desinhibidamente folklore griego. El anfitrión, adaptación de Miguel Ángel Jiménez de la novela biográfica de Panos Karnezis, brinda al espectador no solo la jugosa oportunidad de compartir intimidades y bebiages con el icónico actor estadounidense, sino que propone también un hipnótico viaje insular en el que el dispositivo cinematográfico se rinde tanto a una atmósfera líquida y febril como a las irregularmente hieráticas interpretaciones que escudan al protagonista.
A caballo entre el sadismo mágico de Lanthimos y la sátira social de Östlund, el relato opta, de forma autoconsciente, por una inmersión errática en las oscuras aguas de la locura y el lirismo, exhibiendo las vergüenzas del absurdo de la riqueza y excavando en el duelo y los estragos de una tempestuosa relación paternofilial. La trama, así, obedece la batuta de violencia, poder y abuso (que ni las apariencias ni la elegancia ni el savoir faire pueden disimular) y desemboca en un estudio psicoanalítico y lisérgico (por el afloramiento de traumas y el consumo de sustancias) pero también aquelarre (por el salvajismo de la condición humana, sea cual sea su patrimonio).
El pandemónium constituye un formalmente sofisticado y grotesco folletín latinoamericano de paroxismo: metafórico y con poso político (cuando sobrevuela los fantasmas de la dictadura franquista); lúcidamente cruel con sus excesivos y contenidos personajes y revestido de una banda sonora milagrosa y una fotografía de hechizo noctámbulo, mérito de la manlleuense Gris Jordana.