Llegar al medio siglo de vida no es un hito menor y el Archivo Histórico de Poblenou lo quiere celebrar con eres y uts. Aunque los recursos son escasos, la agenda para 2026 está llena de momentos significativos. Los actos centrales desembocarán en la conmemoración del nacimiento de la entidad en diciembre de 1976, un homenaje a los pioneros que en plena transición tuvieron la visión de salvaguardar la memoria colectiva. Pero como entidad que se quiere estrechamente ligada a Barcelona, no sólo a uno de sus barrios, otro de los puntos fuertes de este 2026 será la colaboración con los grandes eventos de ciudad. Con motivo del Congreso Mundial de Arquitectura de la UIA , el archivo presentará la exposición 29 chimeneas y una torre. La muestra, un recorrido visual e histórico por las que quedan en pie, no quiere ser sólo "una mirada nostálgica al pasado industrial". Será "una reflexión sobre cómo el patrimonio puede y debe convivir con la modernidad". Barcelona se repiensa como capital mundial de la arquitectura, y el Archivo es un recordatorio de que la mejor arquitectura es aquella que también tiene memoria.
El gran tesoro de Poblenou llega al medio siglo de vida
El Archivo Histórico del barrio, gestionado por voluntarios, preserva un valioso patrimonio gráfico y documental que conecta pasado y presente con las generaciones futuras
BarcelonaLa identidad de Poblenou ha sido forjada a martillazos, entre el vapor de las calderas y el ruido de las lanzaderas, pero también a través de una lucha vecinal desde las postrimerías de la dictadura –herencia de otras muchas de los obreros y trabajadoras del Manchester catalán– y por la transformación urbana más radical que ha vivido Barcelona a lo largo del último. En especial, a partir de la década de los 80, con los Juegos Olímpicos en el horizonte. Para darse cuenta sólo hace falta revolver el mayor tesoro del barrio que es, a la vez, uno de los más valiosos de la ciudad.
Se trata delArchivo Histórico de Poblenou (AHPN). La entidad, privada y sin ánimo de lucro, llega a medio siglo de vida este 2026, un hito cultural más que envidiable, que nació de la iniciativa de tres estudiantes –Rosa Maria Castany, Josep Maria Carreras y Lluís Berenguer– con la pretensión de recuperar la memoria y la historia colectiva del barrio, menospreciado durante el franquismo.
Todo ello corría el riesgo de perderse y los tres jóvenes empezaron a "guardar fotografías en una caja de zapatos", recuerdan en una conversación con el ARA en la sede del archivo (la Torre de las Aguas del Besòs, en la plaza de Ramon Calsina de Barcelona) el actual presidente de la junta de Jordi: Antonia Casulleres, profesora de Geografía e Historia de enseñanza secundaria, y Pepa Martínez Cabanyes, bibliotecaria.
Los tres forman parte de la punta del iceberg de una treintena de voluntarios muy comprometidos con el AHPN que llevan adelante un trabajo de preservación y difusión de un patrimonio documental –gráfico, escrito y oral– que, pese a ser desigual, tiene un valor excepcional.
Los voluntarios dedican horas de su tiempo libre a una tarea que, en otros países, quizás estaría en manos de instituciones públicas o sería compensada económicamente por estas mismas instituciones, se lamentan. "Mientras que en Europa del Norte los voluntarios culturales son considerados hombres y mujeres de honor, y reciben un apoyo institucional que valora económicamente su aportación en tiempo, aquí la sensación es a menudo la de estar predicando en el desierto. En Alemania nos darían dinero por cada hora que hagamos; aquí somos unos románticos que pagamos por trabajar", dice Fossas.
Horas como las que dedican, de media, a un mínimo de dos visitas presenciales a la semana —según la memoria de actividades del 2025—, además del mantenimiento de una página web muy rica y de las consultas que reciben por correo electrónico.
Este grupo de entusiastas contra viento y marea han ido tomando el relevo de otros pioneros, gente como Nicasi Camps y Pinós, Manuel Arranz y el periodista y maestro de periodistas Josep Maria Huertas Claveria, uno de los más incansables divulgadores de la historia de los barrios de Barcelona –en colaboración con Jaume Fabre–, y especialmente de la de su barrio. La entidad cuenta con unos 300 socios que colaboren con una cuota anual de 30 euros. El archivo tiene una escasa subvención municipal –no alcanza los 6.000 euros–, que "apenas cubre la limpieza del local". AHPN no debe pagar la luz, pero sí el teléfono.
La Flor de Mayo, Can Felipa y la torre
Esa primera caja de zapatos quedó pequeña en poco tiempo. Porque pronto ya no sólo conservó fotografías, sino también papeles y todo tipo de documentos, personales, familiares y empresariales. En este medio siglo de historia, el archivo ha pasado por varios locales, algunos más precarios que otros –el Ateneu Flor de Maig o el espacio de la segunda planta de que disponía en el Centro Cívico de Can Felipa (1991-2021)–, hasta encontrar su sede definitiva: la mencionada y majestuosa Torre de las Aguas del Besòs, donde se trasladó en el 2021.
La torre, construida entre 1880 y 1882, se eleva unos sesenta metros a la actual plaza de Ramon Calsina. Destinada inicialmente a formar parte de un proyecto privado para mejorar el suministro de agua a una ciudad entonces en pleno crecimiento industrial, quedó incluida dentro de los terrenos de la fundición Can Girona, posteriormente (1922) llamada Material y Construcciones (Macosa). Así pues, durante décadas la torre –donde se ubicaron tres baterías antiaéreas durante la Guerra Civil– se vio rodeada por naves e instalaciones fabriles, haciéndola casi invisible para los barceloneses. Más o menos, como la fachada marítima de aquel rincón de la ciudad.
Que el Archivo Histórico de Poblenou tenga ahora su sede es casi un acto de justicia histórica. Desde lo alto de una atalaya de ladrillo visto, los voluntarios de la entidad no sólo custodian documentos y más de 19.000 fotografías digitalizadas, sino que velan dentro de la medida de sus fuerzas por el futuro de un barrio que ha pasado del negro del carbón y el humo de las chimeneas en el cristal reluciente de los edificios2. Los voluntarios organizan visitas guiadas. Sin contar las de los días de puertas abiertas, el pasado año hubo 56, en las que pasaron 440 personas.
Además, anualmente publican la revista Icaria, con un consejo de redacción que encabeza la periodista Maria Favà, especialista durante décadas en información política y municipal de Barcelona en las páginas delHoy, y autora de varios libros, entre ellos una monografía sobre la Alianza del Poblenou. El último número deIcaria, aparecido a finales del año pasado, fue dedicado a la vivienda, y será presentado en la sede el próximo día 5. Buena parte de los 26 que han editado se pueden consultar gratis en la web del AHPN.
La dinámica entre pasado y presente, entre historia y futuro queda reflejada no sólo en esta publicación, sino también en una de las herramientas más visual y documentalmente valiosas que ofrece el archivo, y que es accesible para todos al alcance de un clic, como la mayoría de los fondos documentales, ya que no todos están todavía digitalizados. Es su aplicación cartográfica, poco menos que "un viaje en el tiempo", como dice Fossas, a través de la transformación urbanística del barrio, con una superposición de la famosa cuadrícula de Barcelona con la situación sobre el terreno de calles, solares y pasajes por períodos concretos de tiempo. Todo ello permite captar la planificación que se había proyectado y el lento proceso de transformación del tejido urbano a medida que la piel de la ciudad mutaba y se adaptaba a ella.
Así, se puede observar, por ejemplo, cómo era un solar en 1827, cómo creció y se extendió la cuadrícula de Cerdà sobre los campos de cultivo en 1945 o qué aspecto tenía una zona determinada antes de que la Diagonal se abriera paso definitivamente hasta el mar. Es un widget muy útil para investigadores y estudiantes, pero también para todos aquellos que quieran saber qué había en su casa o sus alrededores antes de que la especulación y el tiempo cambiaran la fisonomía de su entorno cotidiano. La aplicación, lisa y llanamente, no tiene nada que envidiar –más bien lo contrario– a la Carta histórica de Barcelona, del Museo de Historia de Barcelona.
Si navegar la cartografía se puede convertir en un fascinante paseo por Poblenou y su historia arquitectónica y urbanística, revolver el archivo fotográfico es toparse con un conjunto humano extremadamente rico, que permite quedarse boquiabierto ante un sinfín de galerías de imágenes cotidianas ya la vez extraordinarias. Por poner algunos casos, sólo, de las barracas del Somorrostro en los años 40, de la playa de Pekín (un subsector de la del Somorrostro) en 1917, del barrio de Icaria en los años 70 del siglo pasado, de las celebraciones de la Fiesta Mayor o, claro, de la gran y ahora inimaginable nevada del 19 la trayectoria de una de las instituciones más banderas de Poblenou, el ya citado Casino de la Alianza.
Todo ello ofrece una visión multidimensional de la historia del barrio que, en la práctica, en algunos casos se extiende mucho más allá de sus fronteras. Un buen ejemplo es la foto 24674, de 1941, que recoge la construcción del puente sobre el Ebro en Móra d'Ebre, hecho de hormigón, pero con una estructura metálica que llevaron a cabo los trabajadores de la fundición Torras Herrería y Construcciones (1882-1988), que tenía su sede en el 49.
El archivo no se limita a las imágenes. También custodia un rico patrimonio oral, fruto de donaciones y contribuciones personales de vecinos del barrio. Hay desde memorias de trabajadores del textil, testigos de la Guerra Civil o historias sobre la dura vida en la cárcel del Cáñamo, algunas de las cuales se pueden leer en los referidos pdf de los números de la revista Icaria, o el testimonio personal de Antonio Galindo sobre la vida en el barrio de Pekín. Como dicen Maria Antònia Casulleres y Pepa Martínez, en el archivo "anudamos tocado todas las teclas".
En este medio siglo, AHPN ha visto cómo el perfil de sus usuarios ha cambiado. Ya no sólo le consultan vecinos interesados en la historia de su fábrica o de su familia. Ahora, la Torre de las Aguas recibe a estudiantes de cine, arquitectura y urbanismo de todo el mundo, un reflejo de la población local y global que ha atraído al 22@. El abanico de consultas es tan amplio como la misma historia que guarda. Va desde quien quiere saber cómo era la vida en la extensión de la cárcel Modelo (la fábrica el Cáñamo), abierta después de la Guerra Civil en una propiedad cedida por la familia Godó al estado franquista, hasta los investigadores interesados en la misma fábrica, colectivizada entre 1936 y 1939. O, por citar otros temas los bombardeos en Poblenou y, por supuesto, el impacto de los Juegos Olímpicos.
El reto del Archivo Histórico de Poblenou para los próximos 50 años es, quizás, el relevo generacional. "Es un tema que nos preocupa, al igual que en la mayoría de entidades de voluntariado", dice Maria Antònia Casulleres. Los socios por debajo de los 30 y 40 años son un grupo "muy reducido", pero algunos están en la junta y son "excelentes colaboradoras en la gestión de redes, agenda, coordinación de visitas, guías y captación de documentación", asegura. Desde este punto de vista, el archivo es o puede ser también un punto de encuentro de diferentes generaciones y de memorias pasadas, presentes y futuras.