Mar Camps: "Los pueblos no necesitan salvadores ni ser salvados"
El ensayo 'No vengáis al pueblo a descansar' refleja como el turismo y las segundas residencias han transformado el Empordà
Barcelona"Este libro nace de un lamento, pero tampoco queremos quedarnos en el lamento", dice la escritora y periodista Mar Camps (Palamós, 1991) en las primeras páginas de No vingueu al poble a reposar (Edicions de la Ela Geminada, 2026). Tras ver y vivir en primera persona cómo los pueblos del Empordà se subordinaban al turismo y a la proliferación de segundas residencias, Camps decidió volcar todo lo que rodea esta problemática en un ensayo breve, de menos de 150 páginas, afilado y lleno de aciertos. "Quería dar un golpe sobre la mesa para decir que lo que se vende desde la ciudad sobre los pueblos no se ajusta a lo que yo percibo", explica Camps. El libro se centra sobre todo en los municipios de la Cuenca del Ter (Bordils, Celrà, Cervià de Ter, Flaçà, Juià, Madremanya, Sant Joan de Mollet, Sant Jordi Desvalls, Sant Martí Vell, Viladasens y Medinyà) para hacer una radiografía de su transformación en los últimos años. Las reflexiones e ideas que vuelca en él, sin embargo, son extensibles a muchos otros lugares de Cataluña.
Como punto de partida, Camps analiza el fenómeno de la gentrificación vista desde el prisma de los pueblos. "La gente es expulsada de las ciudades, pero también es expulsada de los pueblos. Si denuncias la gentrificación en la ciudad eres considerado progresista, de izquierdas. En cambio, si lo haces desde el pueblo se considera que eres conservador, un poco de derechas", dice la escritora, que actualmente coordina la revista La Llera del Ter junto con Lia Pou. En el Empordà hay más de 18.000 casas que son segundas residencias y más de 18.000 alojamientos de uso turístico, contabiliza Camps para plasmar el problema de la vivienda en esta zona. También constata que las leyes impulsadas en los últimos años para regular el precio del alquiler y los pisos turísticos no incluyen los pueblos del Empordà que ha analizado, porque no forman parte de las zonas tensionadas de Cataluña. Con casas que valen, de media, un millón y medio de euros, acceder a ellas resulta imposible para buena parte de la población local joven, que acaba marchándose.
"En el momento en que el turismo impide a la gente vivir en sus espacios, allí donde ha crecido, eso no ayuda a enriquecer el lugar. Se cierran comercios locales, se pierde la vida asociativa y cultural, desaparecen los servicios. En l'Empordà, además, el nivel socioeconómico es bajísimo. El turismo no va ligado a una mejor calidad de vida. Como decía Oriol Nel·lo, no se trata solo de salvar l'Empordà sino también de salvar a los empordaneses", asegura Camps. La transformación se hace evidente, tal como constata en el ensayo, con la pérdida de tiendas históricas en los cascos antiguos de los pueblos y el deterioro de estos espacios. "En estos pueblos donde ha ido muriendo la vida, con muchas casas que son segundas residencias, los espacios de encuentro son fundamentales, porque si no el asociacionismo no puede arraigar. En todos los cascos antiguos debería haber un local social y un lugar para la juventud. Hay muchos pueblos que tienen un punto de lectura, y eso dinamiza una barbaridad", defiende Camps.
El ensayo ataca la idea romántica de los pueblos transmitida desde las ciudades y que, según Camps, no se ajusta a la realidad. "Esta romantización hace daño. Me imagino gente proyectándose cómo sería su vida en el pueblo de una manera absolutamente genérica y uniforme. Entonces aterriza y se da cuenta de que aquel pueblo tiene unas singularidades y que se debe adecuar a ellas. Pero hay gente que se quiere hacer los pueblos a medida, que tiene mucha prisa por modelar la realidad del lugar cuando ni siquiera la comprende", subraya. En el libro lo desarrolla a través de ejemplos concretos: desde las quejas de recién llegados y los intentos por silenciar el toque de las campanas hasta la privatización de caminos públicos. "Hay gente que tala árboles o los envenena porque les tapan la vista. Es una falta de respeto tangible", lamenta Camps.
Contra la idea de salvar un pueblo
"Los pueblos se bastan a sí mismos. No necesitan salvadores ni ser salvados. Pero aún hay quienes se empeñan en «rescatarlos» sin que nadie se lo pida", escribe Camps. Con esta afirmación recupera uno de los episodios más significativos de la idea de que algunos pueblos necesitan salvación: la compra de 18 casas y tres masías de Sant Martí Vell de la mano de la joyera Elsa Peretti. "Es el ejemplo de alguien con un éxito urbano, con un capital social y cultural y recursos económicos, que compra un pueblo y difunde su relato. Ella cambió los nombres a las masías, algo que no se puede hacer, y no solo eso sino que también les puso nombres en castellano", destaca la escritora.
El libro se articula en buena parte a través de citas y fragmentos de escritores ampurdaneses como Josep Pla, Damià Bardera, Antoni Puigverd, Miquel Martín Sierra, Adrià Pujol y J.N. Santaeulàlia. Son textos directos y claros, en los que resuena la idea de transformación de los pueblos y de la pérdida de un mundo. "Quiero pensar que las citas dan, un poco, un panorama del lugar. Hay autores más conocidos y otros que escriben en nuestra revista local –señala Camps–. A mí me gusta explicar el mundo de esta manera".