Literatura

Osipov, el escritor que mira con ojos de médico la vida en Rusia

El autor ruso publica la recopilación de relatos 'Después de Eternidad'

Másimo Ósipov
2 min

BarcelonaAl igual que la escritora rusa Maria Stepànova, Maksim Óssipov (Moscú, 1963) nunca habría imaginado que acabaría exiliado. "Nunca habría pensado que daría clases en Amsterdam sobre literatura rusa en inglés, pero aquí estoy", explicaba en una entrevista en el ARA. Autor de libros de relatos como El grito del pájaro doméstico (Club Editor, 2016), Piedra, papel, tijeras (Club Editor, 2022), y Kilómetro 101 (Libros del Asteroide), Óssipov hizo las maletas y se marchó del país poco después de que empezara la invasión de Ucrania. En Rusia, Ósipov era cardiólogo. En el exilio, vive entre Amsterdam y Berlín, escribe y habla de literatura. Acaba de publicar un nuevo libro de relatos, Después de Eternidad (Libros del Asteroide, 2026), que ha traducido al castellano Alejandro Ariel González. De su anterior vida en Rusia, Osipov añora su casa, las tumbas de sus padres, el trabajo de médico, algunos amigos. Y sobre todo, la sensación de ser entendido.

Como en sus anteriores libros de relatos, a Osipov se le nota la experiencia como médico. Cuando vivía entre Moscú y Tarussa, un pueblo a un centenar de kilómetros de la capital rusa, trataba con pacientes que sufrían. Esta proximidad con hombres, mujeres, abuelos y niños en el momento en que son más vulnerables acaba apareciendo en sus cuentos. Precisamente, Después de Eternidad arranca con una narración en la que los protagonistas son un médico y un paciente que había sido director literario en un teatro. Hay ficción pero también un punto de realidad. El paciente es de una ciudad minera fantasma en el norte del país. Una ciudad gélida con todos los servicios que, cuando las minas se agotaron fue desmantelada, y sus habitantes evacuados. El protagonista del relato de Ósipov debe vivir en un tren. Estas ciudades no son producto de la imaginación del autor: existieron e incluso alguna fue bombardeada para probar nuevo material militar.

Cuando escribe, Ósipov hace un diagnóstico preciso, sin florituras, de un país inalcanzable. En Luxemburgo escribe que la tasa de suicidios es la tercera más alta del mundo, sobre todo entre la población rural: "Y eso –leemos– a pesar de que los decretos de ya sabéis quién nos obliga (a los médicos) a falsear los números". En el mismo relato, el médico se pregunta qué le retiene, porque no se marcha de Rusia: "Es la capacidad de comprender a través de pequeños detalles, miradas, medias palabras", explica. La guerra, la corrupción, y sobre todo, el enfado con los dirigentes se filtran en muchos de los cuentos. El autor, a través de la voz de sus personajes, desea su muerte. En Luxemburgo explica cómo a los estudiantes de Medicina, a principios de la década de los 80 se les obligaba a asistir a los funerales de los dirigentes: "¡Ojalá se mueran todos!", dice uno de los personajes. En el último cuento, En tanto, es muy explícito: unos jóvenes levantan las jarras de cerveza y brindan. "Si aquél la diñó [se refieren a Stalin], a éste no le queda más remedio que palmarla", dicen.

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