Cinema
Cultura 14/01/2021

Toda la verdad sobre la muerte de Robin Williams

Filmen estrena 'El deseo de Robin', sobre el suicidio del actor y su enfermedad degenerativa

Xavi Serra
4 min
Robin Williams protagonitza el documental 'El deseo de Robin'

BarcelonaQue los primeros créditos que aparecen en El deseo de Robin sean los de una neuropsicóloga (Mylea Charvat) y una médico (Shoshana Ungerleider), las dos en calidad de productoras ejecutivas del film, ya nos hace intuir que este documental de Tylor Norwood sobre el actor Robin Williams que estrena Filmen este viernes no es el típico recorrido por la carrera del artista ni un reportaje sensacionalista sobre los detalles escabrosos de su suicidio a los 63 años.

La muerte de Williams fue un shock que cogió por sorpresa a todo el mundo, incluso a sus amigos más próximos. Enseguida empezaron a circular por los medios especulaciones sobre depresión clínica, adición a las drogas e incluso sobre problemas financieros, unos rumores que quedaron aparcados por la revelación de que el actor sufría los primeros síntomas del síndrome de Parkinson. Pero, tal como esos días apuntaba Àlex Gutiérrez en este diario, a pesar de que se podía inferir una relación de causa-efecto quedaba por comprender un porqué que parecía más allá del alcance del periodismo.

El porqué, aun así, empezó a emerger cuando, un año después de la muerte de Williams, su mujer, Susan Schneider, explicó en entrevistas que la autopsia había revelado que lo que sufría el actor no era Parkinson, sino demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad degenerativa neuronal y sin cura que no suele diagnosticarse correctamente. El deseo de Robin vendría a ser la continuación de este esfuerzo de Schneider, testimonio principal del documental, para aportar claridad a la muerte de Williams y a la terrible secuencia de hechos que lo llevó a suicidarse.

La película, pues, reconstruye los últimos meses de Williams con una voluntad divulgativa que se hace patente en el hecho de combinar entrevistas a la mujer, amigos y colegas del actor con otras a médicos especialistas en la demencia con cuerpos de Lewy. Los síntomas que experimentaba el actor desde un año antes de morir iban desde la confusión, el insomnio y un temblor en el brazo hasta episodios de paranoia aguda y alucinaciones. Además de una creciente pérdida de agudeza intelectual que se hizo patente en el rodaje de la última película del actor, Noche en el museo 3. Shawn Levy, su director, explica por primera vez en el documental los problemas de Williams para recordar sus frases y la inseguridad que esto le provocaba. Era evidente para todo el mundo del equipo que algo le pasaba y que no era él mismo, pero nadie entendía los motivos, especialmente el actor. Y esto lo fue abocando a un estado de ansiedad y depresión que lo acabaría devorando.

Un retrato del hombre

El foco en la enfermedad y sus consecuencias hace que el obligatorio recorrido por la carrera de Williams quede reducido a tres pinceladas sobre sus inicios. El deseo de Robin está más atento al hombre que al artista y, en consecuencia, hay más testimonios de sus vecinos que de actores famosos. El retrato que pinta es el de un hombre generoso y enamorado, con una vida casi ordinaria en un barrio residencial de San Francisco –y no tan humilde como nos quieren hacer creer–. Pero ni siquiera la inevitable tendencia a la hagiografía de todo documental necrológico evita que intuyamos que seguramente se trataba de una buena persona. También se intuye que su mujer ha estado muy implicada en el documental, no solo por la centralidad de su testimonio sino porque obvia los anteriores matrimonios del actor e incluso a los tres hijos que tenía, con los cuales, por lo que sabemos aquí, podía no tener ninguna relación.

En el fondo todo esto no importa, porque la función del documental no es biográfica ni estética –es bastante flojo desde el punto de vista cinematográfico–, sino servir de despedida entre el actor y su público y, sobre todo, apartar el velo de pudor y vergüenza que acostumbra a ocultar todo lo que hay alrededor de un suicidio. Así se normaliza un final que no tiene nada de vergonzoso, sino de trágico y doloroso. Y todos nos sentimos un poco como ese vecino de Williams a quien, unos días antes de morir, el actor le dijo que sí, que estaba bien, pero que necesitaba un abrazo y llorar un rato en los brazos de alguien.

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