La adaptación al cambio climático, una prioridad para la COP

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Enoch Ntsiful, François Cohen i Patrick Fahr
17/10/2026 - 07:01 h
UB, Instituto de Economía de Barcelona (IEB) y Universidad de Oxford

Los gobiernos se reunirán en Antalya, Turquía, del 9 al 20 de noviembre de 2026 con motivo de la 31.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31), para debatir los avances logrados y acordar nuevas medidas contra el cambio climático. ¿Qué deberían defender Cataluña y España en la COP31? La adaptación al cambio climático. La adaptación consiste en prepararse para los riesgos climáticos y reducir sus impactos, por ejemplo, protegiendo nuestras costas, mejorando las infraestructuras y protegiendo a las personas del calor extremo y las sequías.

Las devastadoras inundaciones causadas por la DANA en Valencia demostraron lo poco preparados que podemos estar ante los fenómenos meteorológicos extremos que el cambio climático puede conllevar en las próximas décadas. Sin embargo, los sistemas mejorados de alerta de inundaciones de Cataluña están contribuyendo ahora a salvar vidas. La experiencia de las regiones españolas demuestra que invertir en infraestructuras y sistemas de prevención puede marcar una diferencia real. No podemos evitar todos los fenómenos meteorológicos extremos, pero sí podemos reducir considerablemente sus impactos.

Las temperaturas globales ya han aumentado alrededor de 1,4 °C respecto a los niveles preindustriales. Las personas de todo el mundo ya sufren los efectos del cambio climático, incluidas olas de calor mortales, incendios forestales y huracanes de gran intensidad. Las negociaciones climáticas deben abordar ahora un doble objetivo: prevenir daños adicionales mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptar nuestras sociedades a los impactos a los que ya nos enfrentamos.

¿Qué podemos plantear en la COP31 para fomentar la adaptación? Actualmente, algunos países no disponen de los fondos necesarios para adaptarse con suficiente rapidez. Los países de ingresos bajos y medios necesitarán más de 310.000 millones de dólares anuales para la adaptación de aquí al 2035, mientras que la financiación pública internacional destinada a la adaptación fue de solo entre 26.000 y 28.000 millones de dólares anuales en 2022-2023.

Por tanto, la cooperación internacional es esencial. El año pasado los gobiernos se comprometieron a triplicar la financiación para la adaptación de aquí al 2035. Sin embargo, todavía no existe una hoja de ruta clara para alcanzar este objetivo. Deberíamos impulsar una financiación más elevada para la adaptación y planes claros para utilizarla, tanto en nuestro territorio como en los países socios.

La razón principal es sencilla: la adaptación es una inversión. Si invertimos hoy en adaptación, podemos salvar vidas y reducir el gasto público a largo plazo, y evitar daños mucho mayores en el futuro. La evidencia procedente de todo el mundo da un apoyo sólido a esta idea. Según el Banco Mundial, invertir en infraestructuras más resilientes en los países de ingresos bajos y medios genera alrededor de cuatro dólares en beneficios por cada dólar invertido, y recupera su coste en el 96% de los miles de escenarios futuros examinados. De la misma manera, la Comisión Global sobre Adaptación estimó que invertir 1,8 billones de dólares en adaptación entre 2020 y 2030 podría generar 7,1 billones de dólares en beneficios netos.

La brecha de financiación es especialmente preocupante en el caso de las medidas de adaptación que pueden salvar vidas. Las investigaciones demuestran que la adaptación puede reducir sustancialmente las muertes causadas por el cambio climático. Un estudio global estima esta reducción alrededor del 30%. Sin embargo, la salud solo recibe una pequeña parte de la financiación para la adaptación. Entre 2009 y 2019, las actividades relacionadas con la salud recibieron solo 1.400 millones de dólares, es decir, el 4,9% de la financiación internacional para la adaptación. Los proyectos centrados principalmente en la salud recibieron únicamente el 0,2%. Dado que la salud ha sido identificada como una prioridad en la Agenda de Acción de la COP31 establecida por la presidencia turca, los gobiernos catalán y español deberían impulsar una inversión mayor en adaptación en materia de salud. Esto debería incluir no solo inversiones en los sistemas sanitarios, sino también medidas fuera del sector sanitario que protejan la salud de las personas, como mejores viviendas, acceso a sistemas de refrigeración y una mejor nutrición.

De manera más general, la adaptación debería centrarse en los resultados que queremos alcanzar, en lugar de hacerlo en sectores individuales. La seguridad alimentaria es un buen ejemplo de ello. Casi mil millones de personas en todo el mundo ya tienen dificultades para acceder a suficientes alimentos, lo que las hace especialmente vulnerables al cambio climático. Para estas poblaciones, la adaptación debería tener como objetivo reducir el hambre. Esto significa invertir no solo en una agricultura más resiliente, sino también en la distribución de alimentos, la refrigeración, el acceso a los mercados y medidas para hacer que los alimentos sean más asequibles. En las zonas remotas, donde las redes de distribución deficientes pueden amenazar la nutrición y las cosechas, la adaptación debe abarcar todo el sistema alimentario. La inversión pública y la coordinación tienen un papel importante que desempeñar.

Prepararse ahora cuesta menos que reparar los daños más adelante, y salva vidas. En la cumbre climática de Antalya, Cataluña y España pueden alzar la voz para defender esta idea, por las personas de aquí y por las de los países que más ayuda necesitan.

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