Editorial

Defensa y tecnología: una apuesta a la catalana

La sede de la multinacional Indra en Madrid.
09/05/2026
2 min

Hace unos años, el gobierno de la Generalitat constituyó una comisión de expertos, una especie de consejo de administración de sabios, para determinar por qué sectores debía apostar Cataluña para crecer de manera sostenida. Una de las conclusiones era obvia: el turismo. Era un momento en el que había mucho interés por fomentar la industria aeronáutica, con poca presencia en Cataluña. No se consiguió. De hecho, unos terrenos que se habían reservado para hacer una especie de parque dedicado a esta actividad los ocupa actualmente un gran outlet en el término municipal de Viladecans. En cambio, con el tiempo, surgió un ecosistema de start-ups que ha hecho de Barcelona y Cataluña un referente internacional.

La conclusión es que, para que un sector apueste por un territorio, se deben combinar muchos elementos. No basta con el deseo de las administraciones. "El mundo está lleno de parques científicos y tecnológicos vacíos", recordaba hace unos años el semanario The Economist. Hacen falta iniciativas para hacer atractivo un territorio y para que se instalen en él industrias que, a la larga, atraigan otras actividades relacionadas. Es lo que pasó con las start-ups.

Cataluña ha acostumbrado a dar la espalda a todas las actividades en torno a la defensa. Es un sector que siempre se relaciona con el armamento, pero, tal como se ha esforzado en explicar el ejecutivo de Pedro Sánchez, también tiene la vertiente de "la seguridad". A pesar de que hay una interesante representación de proveedores de esta actividad en Cataluña, el hecho es que no se han implantado muchas industrias con la etiqueta de "defensa". Ahora, por primera vez, Cataluña no quiere verse excluida de este negocio, que tiene un gran potencial, dado el cambio de equilibrios geopolíticos y la necesidad de reforzar la autonomía estratégica europea.

El año pasado se movilizaron un mínimo de 33.000 millones de euros para conseguir que este gasto represente el 2% del producto interior bruto (PIB), y además se pusieron en marcha programas europeos. Son recursos necesarios para que Europa gane autonomía. En este contexto, Cataluña debe dar un paso adelante y una clara apuesta por ser una parte importante de un negocio que también tiene un componente destacado de tecnología, una buena parte del cual tiene usos civiles.

Un estudio de la Cámara de Comercio de Barcelona coordinado por el exconsejero de ERC Roger Torrent identificaba unas 800 empresas catalanas que pueden ocupar un espacio en este negocio, además de captar 1.000 millones de euros adicionales para el PIB catalán y crear 10.000 puestos de trabajo. La Generalitat, por su parte, ha puesto en marcha un plan para introducir 400 empresas catalanas en el sector de la defensa. El objetivo es hacer que participen compañías que hoy se dedican a los sectores de la automoción, el espacio, la metalúrgica o la maquinaria con tecnologías duales, es decir, las que pueden tener usos civiles y también militares.

De momento, todo se sostiene con pymes, y habría que fomentar o atraer alguna gran industria que haga de tractor, como pasa en otros sectores. La presentación este lunes en Cataluña de los planes de Indra, con un gran peso tecnológico y que aspira a ser uno de los grandes campeones del negocio, y que quiere atraer industrias catalanas, supone un importante paso en esta dirección.

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