Anna Gibert Sau: "Sobre la bici se tienen conversaciones más íntimas que tomando un café"
Confundadora del club ciclista Girona Gravel Girls (GGG)
Girona / CelràHace cuatro años, cuando volví a trabajar desde Girona, después de años cubriendo la información política en Madrid, me propuse entender el auge ciclista que ha experimentado la ciudad. Una de las primeras personas con las que hablé fue Anna Gibert Sau (Riudarenes, 1977), mossa d'esquadra especializada en violencia machista y cofundadora de las Girona Gravel Girls, una comunidad formada exclusivamente por mujeres que hoy ya supera las 430 integrantes.
Todo comenzó durante la postpandemia, en 2021, con un grupo de WhatsApp de siete amigas. Ahora, el segundo domingo de cada mes, se encuentran en el Pont de Pedra para salir a pedalear juntas. “Somos una comunidad de mujeres donde la bici es la excusa para quedar, reír y hacer terapia”, explica Gibert. Ella me descubrió algo que, con los años, he comprobado una y otra vez pedaleando con las Girona Gravel Girls: es sobre una bicicleta donde a menudo aparecen las conversaciones más sinceras. Con los demás y también con una misma.
De aquí nació una pregunta: ¿y si la bicicleta pudiera ser también una herramienta periodística? Igual que un plató o un estudio de radio, pero con la capacidad de abrir conversaciones diferentes. Así tomó forma “Xerrem mentre pedalem” (Charlamos mientras pedaleamos), una serie de entrevistas que os acompañará los fines de semana de verano. Once rutas, urbanas e interurbanas, y once personas que explican su manera de entender la vida a través de la bicicleta. Anna Gibert lo resume en una frase que, de alguna manera, da sentido a toda la serie: “Sobre la bici se tienen conversaciones más íntimas que tomando un café”.
Le acompaño a estrenar la pasarela que une Girona con el pueblo vecino de Celrà. Medio kilómetro de voladizo colgado sobre la vía del tren, al paso por el congosto, el último estrecho del Ter antes de abrirse a la llanura empordanesa. Poco tiene que ver la Anna Gibert de ahora con la de 23 años, cuando decidió hacer sola en bici el Camino de Santiago y descubrió el poder de conexión que había pedaleando sobre ruedas. “Aunque no te lo creas, yo he sido una de las personas más tímidas e introvertidas que te puedas imaginar –recuerda–. La bici me ha servido para valorarme y tener más confianza”.
La bicicleta la vivió de joven sobre todo en solitario. Subía al santuario de Argimon, iba hasta el castillo de Farners y más adelante, cuando se instaló a vivir en Girona, hacía el trayecto hasta casa de sus padres en Riudarenes. “En aquel momento, hace veintisiete años, no había personas como yo que fueran a pedalear y solo a disfrutar”, detalla. Se encontraba sobre todo hombres, haciendo carretera o BTT. El gran cambio llegó con la maternidad y el día que un compañero fue al trabajo con una Brompton. “Dije, ¡guau!, esto tiene que ser muy práctico, ¡muy versátil!”. Así que con el primer hijo se compró una –la misma que tiene aún–. “Si salía con tiempo del trabajo podía subir a los Ángeles y volver a casa”, añade.
Llegaron así los viajes con Brompton por toda Europa, incluso competiciones. Documentándolo siempre: si hizo un extenso álbum del Camino de Santiago, ahora es en Instagram donde aparece el día a día de lo que llama “ciclismo de kilómetro cero”. Con los niños más crecidos, volvió de lleno al deporte con la expansión del gravel en Girona, un modelo de bicicleta preparada para rodar sobre todo por pistas forestales: “Me dije, esto no me lo pierdo, y volví a la bicicleta de las ruedas grandes”.
Un grupo exclusivamente femenino
De la misma manera que Girona se ha transformado con el boom ciclista profesional y también turístico, también lo ha hecho la vida de Gibert. De alguna manera se ha convertido en embajadora de la ciudad y, de la mano de las Girona Gravel Girls –que ya es un club–, en espacio de bienvenida de las ciclistas que aterrizan en Girona llamadas por el buen clima, seguridad y buenas rutas.
De alguna manera, Gibert ha creado, de la mano de una junta espectacular donde reina la sororidad, la comunidad que habría querido de joven. “Somos solo mujeres porque hace falta todavía crear espacios de ocio a los cuales tradicionalmente se nos ha privado y han ocupado los hombres –argumenta–. Antes las mujeres solo podían encontrarse para lavar ropa en los lavaderos, nosotras ahora nos encontramos para ir en bicicleta”.
- ¿El primer recuerdo en bicicleta? Salir a pedalear con siete u ocho años con mis hermanos por los prados.
- La bici es... No concibo la vida sin ella: es libertad, deporte, disciplina, sufrimiento, descubrir, viajar y conocer mucha gente.
- ¿Qué te ha enseñado? Tener mucha confianza y ser más independiente y sobre todo quererme y tener confianza en mí misma.
- Una cosa que haces encima de la bicicleta. Saludar a todo el mundo que me cruza, es de educación.