Coronavirus
Internacional 09/09/2021

Antivacunas en el nombre de Dios

Algunas voces de la Iglesia, con el apoyo de la ultraderecha, hacen campaña contra la inmunización

3 min
Un padre durante una misa a Roma, en una imagen de archivo

Roma“Vacunarse es un acto de amor”, dijo recientemente el papa Francisco en un mensaje dirigido a América Latina, en el que invitaba a vacunarse contra el coronavirus con la “esperanza” de poder “acabar con la pandemia”. No era la primera vez que el pontífice hacía un llamamiento a favor de la vacuna para luchar contra el covid-19, pero ni siquiera él ha logrado convencer a muchos miembros de la Iglesia católica. Se trata de una minoría muy ruidosa, jaleada por la ultraderecha contraria al pasaporte sanitario y la obligatoriedad de la vacuna, que desde el púlpito de una parroquia o desde el anonimato de las redes sociales lanzan consignas en contra de la inmunización y contribuyen a propagar peligrosos bulos.

Es el caso de don Pietro Cutuli, un cura de Calabria que aseguraba que detrás de las vacunas estaba la mano de Satanás. No es un hecho aislado. Los feligreses de una parroquia de Monterosso, en Liguria, se encontraron este verano folletos colocados en la entrada de la iglesia que minimizaban las consecuencias de contraer el virus. Otros sacerdotes, como un párroco de un pueblo en la provincia de Udine, expresó su desconfianza hacia las vacunas en las redes sociales, en lugar de hacerlo en la parroquia, pero lo hizo con tanto ímpetu que dejó perplejos a sus feligreses. “Nos han mentido desde el principio”, aseguraba en un post escrito en Facebook.

También utilizaban las redes sociales seis monjas de un convento en Padua, en el norte del país, para empaparse de teorías complotistas. Lo que no esperaban es que el hermano de una de ellas, que es un médico jubilado, denunciara a la madre superiora ante el obispo y los medios de comunicación locales. “A pesar del apelo a favor de la vacuna del Papa, de los obispos y hasta del presidente de la República, en el monasterio de Montegalda la madre superiora vive a diario de estúpida propaganda anti vacuna. El colmo es que es mi hermana”, lamentó el médico ya retirado.

El hermano de la religiosa denunció que ninguna de las monjas del convento, que tienen entre 50 y 70 años, se habían vacunado y que en la misa de los domingos no se respetaban las mínimas normas anticontagio, como el distanciamiento social o la obligación de llevar mascarillas. En una nota oficial, el obispado subrayó la exigencia de respetar “escrupulosamente” las indicaciones del gobierno, pero admitió que la decisión de vacunarse recae “exclusivamente en la responsabilidad personal de cada uno”.

El uso de feto

Uno de los bulos más extendidos entre los miembros de la Iglesia católica escépticos es el que asegura que las vacunas contienen restos de fetos humanos abortados para su fabricación. “Existen mujeres que son fecundadas por empresas públicas o privadas para hacerlas abortar, extraerlas el feto vivo y usar sus órganos en la experimentación de las vacunas anti-covid”, lanzó desde el púlpito de su parroquia un sacerdote de Cesena, provocando la indignación de los feligreses.

En Estados Unidos algunos obispos recomendaron no utilizar las vacunas desarrolladas con células madre obtenidas de abortos, como la de Johnson and Johnson. Sin embargo, el año pasado, la Congregación para la Doctrina de la Fe, el departamento vaticano que se ocupa de las cuestiones relacionadas con la fe y la moral católica, abrió la puerta a la inoculación de este suero, a pesar de que en su producción se habían utilizado líneas celulares provenientes de tejidos obtenidos de fetos humanos abortados en los años 70, que no es lo mismo que decir que se habían fecundado a mujeres con el objetivo de utilizar sus fetos, como defendía el párroco italiano.

“Cuando no se dispone de vacunas contra el covid-19 éticamente impecables es moralmente aceptable utilizar vacunas que han empleado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción”, zanjó el Vaticano.

Una apertura que provocó el rechazo del ala más conservadora dentro de la curia vaticana, crítica con el pontificado de Francisco desde su elección, y que en Italia recibe el apoyo de los ultraderechistas de la Liga y de Hermanos de Italia. Uno de los principales representantes de esta corriente es el cardenal ultraconservador Raymond Burke, quien llegó a decir que obligar a vacunarse a los ciudadanos era una “violación” de su libertad. En agosto, Burke fue ingresado e intubado en un hospital de Estados Unidos después de contraer el covid.  

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