África
Internacional 25/06/2022

Jean-Jacques Lumumba: “El Congo todavía está pagando por el asesinato de Lumumba”

Jaume Portell
4 min
Ballarins junto al ataúd del primer ministro y héroe de la independencia de la República Democrática del Congo, Patrice Lumumba y al cecle Jean-Jacques Lumumba

DakarBanquero de profesión, Jean-Jacques Lumumba tuvo que huir del Congo por haber revelado la corrupción del que, entonces, era el presidente de su país, Joseph Kabila. Actualmente vive en Bruselas, desde donde continúa luchando por la transparencia y el cambio político en el Congo. Descendente directo de Patrice Lumumba, fue uno de los asistentes de la familia a la ceremonia que este lunes compartieron las autoridades congoleñas y belgas: seis décadas después de su asesinato –orquestado por la CIA y con Bélgica disolviendo con ácido el cadáver–, los restos mortales –un diente– del primer ministro Lumumba volverán al Congo.

Patrice Lumumba fue uno de los nombres propios de la descolonización en África. Con un discurso nacionalista, centrado en la liberación económica de su país y del resto del continente, Lumumba tuvo enemigos en Europa y en Estados Unidos, que temían un acercamiento a la Unión Soviética.

En Europa, la prensa de la época lo consideró un enemigo. Decían que Lumumba era una especie de “brujo negro” que autorizó matanzas étnicas y que habría llevado al país al caos.

— Los congoleños consideran a Lumumba un héroe de la democracia. Fue el único político escogido democráticamente en elecciones. Desde su muerte, en el Congo ha habido ciclos electorales, pero no siempre han sido limpios. Bélgica y EE.UU. han intentado manchar su memoria diciendo que era un personaje “controvertido”. Su gobierno fue desestabilizado por estos países, que financiaron a gente como el dictador Mobutu. Crear esta imagen en la prensa occidental, ensuciar su imagen, sirvió para justificar su asesinato y el de sus compañeros Mpolo y Okito. Cuando la gente ve qué decía Lumumba en 1960, se dan cuenta de que son los mismos problemas que tenemos hoy. Todavía hay belgas que buscan difundir esta imagen de “personaje controvertido” para sostener el acto innoble que hicieron para asesinarlo.

¿Qué piensa de cómo se está gestionando el regreso de los restos mortales de Lumumba?

— Hay que saber más sobre qué pasó en 1960. Si el diente llegó a Bélgica fue porque un asesino se lo guardó: el Congo está pagando todavía por este asesinato. La restitución de las reliquias de Lumumba tiene que servir para abrir esta puerta y hacer justicia para el Congo. Una figura política de primer nivel, escogida democráticamente, fue asesinada con la complicidad de la antigua metrópoli, Bélgica, y Estados Unidos. No queremos que la ceremonia del regreso sirva para cerrar definitivamente esta historia. Si continuamos eludiendo este tema pensando que los congoleños lo han olvidado, el problema continuará vivo: nuestros abuelos lo explicaron a sus hijos y estos lo han hecho con los suyos. A un nivel más personal, quiero hablar de mis tíos. Vivieron una gran tristeza en Egipto, en el exilio. Mi abuela –la mujer de Lumumba–, sus hijos, todos ellos sufrieron situaciones que nunca habrían vivido si Patrice hubiera estado vivo. No queremos continuar explicando esta historia a nuestros hijos y que nos acusen de ser gente rencorosa, pero, para estar en paz respecto a los delitos que se cometieron, hace falta justicia y reparación. 

La mayoría de los belgas consideran que el imperio colonial fue positivo para los africanos. 

— Los vencedores siempre explicarán historias llenas de medias verdades a sus descendentes. Yo no creo que África sea lo que es por culpa de Europa hoy en día, pero sí que hay consecuencias de la colonización que todavía pesan. El dictador del Congo, Mobutu, recibió el apoyo de Estados Unidos y Bélgica: era un amigo de Occidente y destruyó el país. No podemos cerrar los ojos a los crímenes de la colonización: los niños que fueron robados y llevados a Europa, la explotación de nuestros recursos. Algunos de los problemas que tenemos ahora empezaron durante la colonización y han continuado hasta hoy.

¿Qué queda de los lumumbistas hoy al Congo?

— Hay muchos de nombre, pero en los hechos no lo son: algunos forman parte de una cleptocracia corrupta que ha conseguido el control del país. Hay que decir que eres lumumbista y nacionalista para triunfar en la política del Congo. Cuando citas su nombre, la gente se siente identificada con toda la historia de resistencia vinculada a este nombre. 

La mayoría de la población en el Congo ni siquiera había nacido cuando Lumumba fue asesinado. ¿Teme que lo olviden?

— Lumumba continuará siendo una inspiración aunque pase un siglo. Es parte de nuestra historia, como Luc Nkulula –activista del movimiento social Lucha asesinado en 2018–, gente que ha luchado y ha entregado su vida por el Congo. Lumumba y sus compañeros nunca renunciaron a sus ideales, nunca pidieron perdón, por eso son una inspiración para las generaciones de ahora y del futuro.  

Son el país con más cobalto del mundo, clave para las baterías del coche eléctrico. ¿Cree que los congoleños se podrán beneficiar?

— Dependerá de los congoleños y del liderazgo que tengan. Si continuamos siendo débiles, repetiremos los problemas de siempre. Si tenemos instituciones fuertes y líderes creíbles, podremos negociar en unas condiciones diferentes. No solo tenemos el cobalto: la flora, la fauna, el agua, nuestros ecosistemas serán claves para el futuro de la humanidad. 

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