Oriente Próximo
Internacional 20/08/2021

Líbano, atrapado entre la corrupción, las mafias y la negligencia

Una grave crisis de combustible deja a la población en manos de los 'dealers' o el oportunismo político

3 min
Cotxes haciendo cola para poner gasolina en Beirut, Líbano

BeirutHay que admitir que los libaneses saben sacar oportunidades de los problemas, a pesar de que los medios para conseguirlo no sean siempre los más ortodoxos. Bajo esta fórmula se confecciona el tejido socioeconómico libanés. El colapso económico de país del cedro ha abierto nuevas oportunidades laborales. El doble valor de la libra libanesa –el tipo de cambio oficial son 1.500 libras libanesas por un dólar, mientras que en el mercado negro puede llegar a 20.000– ha hecho proliferar a los dealers del cambio de divisas, que hacen "entrega a domicilio" camuflados como repartidores de comida. También se ha creado la figura del dealer de gasolina, que, pagándole una proporción de la cantidad de carburante que consigue de contrabando, te evita tener que hacer las interminables colas diarias en las gasolineras para poder, con suerte, llenar el tanque del coche, debido a la crisis de combustible.

Más allá de los episodios de picaresca, la corrupción está tan enquistada en las entrañas del estado libanés que es culturalmente aceptable. A pequeña escala, los barrios están controlados por un caudillo local que tiene el control de las mafias de los generadores privados, los servicios de internet, la distribución de los camiones de agua y las bombonas de butano. A escala mayor, los ex señores de la guerra reconvertidos en políticos mantienen el control territorial que tenían en la guerra civil (1975-1990), que a veces es más fuerte y efectivo que el mismo estado.

Este escandaloso abuso de poder de la élite gobernante, sin haber sentido nunca miedo de las consecuencias, ha llevado a Líbano al hundimiento total. "La economía, las oportunidades laborales, las ayudas sociales y, a veces, la atención médica, sin mencionar las oportunidades de inversión en los espacios públicos, casi todo sigue dominado por esta mafia dirigente", sentencia Jad Ajawi, veterano periodista libanés. "Corrupción y clientelismo, así es el sistema libanés. Cuando el estado está ausente y no hay un aparato de seguridad que haga cumplir la ley y proteger a las personas, las mafias toman el control de todo", exclama.

Líbano está atrapado en una de las peores crisis financieras del mundo desde 1850, luchando contra la escasez de carburante, pan y medicamentos. Esta situación ha llevado al Banco Central a tomar la decisión de eliminar los subsidios para la importación de combustible porque literalmente se estaban quedando secas las reservas de dólares. Una medida que ha sido censurada por el gobierno libanés y ha puesto al presidente del Banco de Líbano, Riad Salameh, en la picota.

Al haberse mantenido un cambio semioficial para comprar el combustible importado muy por debajo de los precios de mercado, los intermediarios y amos de las gasolineras no estaban ganando ningún beneficio. Así que, bajo mano, y lucrándose algunos políticos, parte de la gasolina importada se ha ido escondiendo para vender de contrabando en Siria, mientras que en Líbano se raciona el carburante, lo que ha provocado una nueva crisis, que llega en un momento en que los libaneses dependen casi exclusivamente de los generadores privados para poder tener electricidad, puesto que hay 20 horas de cortes de luz. La culpa, nuevamente, recae en los políticos que han utilizado la crisis de la gasolina para beneficiarse ellos mismos.

Muchos libaneses han estado acusando a Hezbolá de estar detrás del contrabando de combustible en las fronteras siriano-libanesas. Sin embargo, la trágica explosión de un tanque de carburante guardado en un almacén ilegal en una municipalidad de Akkar, cerca de Siria –que acabó con la vida de más de 33 personas y dejó 80 heridos, algunos muy graves–, ha sacado a la luz una trama de corrupción en la que están metidos diferentes grupos políticos. "Las autoridades libanesas se han vuelto a ensuciar las manos de sangre y su respuesta ha sido el silencio", critica Ajawi. Después de este vergonzoso incidente, el ejército se ha puesto manos a la obra y de la noche a la mañana ha descubierto centenares de almacenes de gasolina clandestinos, y han decidido repartirla entre los libaneses desesperados.

El control del combustible se ha convertido en "una arma política para ganar apoyos en las próximas elecciones (previstas para mayo de 2022)", asegura Ajawi. En los últimos meses se ha visto como algunos partidos políticos han hecho de intermediarios en la cadena de suministro entre los distribuidores y compradores de carburante en sus áreas de influencia para consolidar su patrocinio. Un ejemplo de esto lo protagonizó recientemente el Movimiento Futuro, del ex primer ministro Saad Hariri, que anunció en julio que habían conseguido 88.000 litros de diésel para redistribuir entre los residentes de Hamra, al oeste de Beirut, feudo de la familia Hariri. Y, sin mostrar ni una pizca de vergüenza, los políticos libaneses dicen abiertamente que, ante la ausencia de políticas gubernamentales, "utilizar sus conexiones para intentar asegurar el diésel es lo mínimo que puede hacer un diputado".

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