Medio ambiente
Internacional 17/01/2022

La macrogranja más grande del mundo: 21 bloques de pisos para producir 2,1 millones de cerdos anuales

Está situada en China, que se ha consolidado como el gran líder global en el sector porcino

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La megagranja más grande del mundo, de la empresa china Muyuan Foods, está a Nanyang, a la provincia de Henan, en el centro de la China.

BarcelonaVisto desde fuera parece un barrio gris de bloques de pisos idénticos. Nadie diría, por lo tanto, que se trata de una granja de cerdos. La macrogranja más grande del mundo apila a los animales dentro de edificios de hormigón con varias plantas, 21 bloques de pisos, para ser exactos. Está en la localidad china de Nanyang, en la provincia de Henan, un millar de kilómetros al sur de Pekín. Es un mastodonte propiedad de la empresa china Muyuan Foodstuff, el principal productor de carne porcina del mundo. Empezó a funcionar en diciembre de 2020 con el objetivo de acabar produciendo unos 2,1 millones de cerdos al año.

Las comparaciones son odiosas. Esta megagranja china es diez veces más grande que cualquiera de las megagranjas de los Estados Unidos, un país con larga tradición de instalaciones de este tipo, y producirá un 400% más. En ella caben hasta 84.000 cerdas y sus crías. Y estas cerdas pasan las dieciséis semanas y media de embarazo en jaulas individuales, donde las mantienen también encerradas "sin poder ni siquiera girarse mientras amamantan a los lechones, con el objetivo de que sean cuanto más productivas mejor", explica el activista Pei Su, que fundó Act Asia para defender y promover los derechos de los animales en China. Son un tipo de cabinas que en la Unión Europea están prohibidas desde 2013 pero que tanto en Asia como en Estados Unidos todavía se usan.

"El modelo de las macrogranjas chinas es importado de los Estados Unidos y la Unión Europea, no es el modelo tradicional de cría de cerdos chino. Y tampoco existirían si no fuera por el apoyo de inversores occidentales", quiere dejar claro Pei. Un tipo de instalaciones que se empezó a construir en China a finales de los años 90 y principios del siglo XXI pero que en los últimos veinte años ha crecido enormemente, como lo ha hecho, también, la economía de China y su poder en el mundo.

La pesadilla de la peste

En 2018, sin embargo, hubo una mala noticia para el sector: con la llegada de la peste porcina africana, la producción china de cerdo cayó y Pekín se vio obligada a importar carne de cerdo para satisfacer la demanda de los más de 1.400 millones de chinos, cosa que ha beneficiado enormemente a la industria porcina catalana y la europea en general. Pero las cifras de la pandemia porcina en el país ya empiezan a reducirse, al menos en la versión oficial, de forma que China podría reducir muy pronto sus importaciones.

El crecimiento económico del país –y el recuerdo de las grandes hambrunas del siglo XX, según Pei– ha hecho crecer exponencialmente el consumo de carne entre los chinos en las últimas dos décadas, y el cerdo gusta mucho. China produce unos 400 millones de cerdos anuales, más que ningún otro país: la Unión Europea en conjunto produce 150 millones y Estados Unidos, en tercer lugar, unos 77 millones.

Durante la sesión anual de la Asamblea Nacional de 2021 pasado, el gobierno chino ya señaló como objetivo económico primordial recuperar la producción a gran escala de cerdo, donde entran en juego instalaciones como esta de Muyuan, que no es la única diseñada como bloques de pisos para cerdos. Hay más.

Millones de cerdos sacrificados

Como pasa con las cifras de la pandemia, la comunidad internacional no se fía de las afirmaciones de Xi Jinping. "China no ha superado la crisis [de peste porcina africana] y dentro de poco volverá a haber otro brote", apunta Fernando Rodríguez, director de la investigación sobre peste porcina africana en el IRTA. Un cerdo infectado de peste porcina africana no vive más de catorce días. No hay ningún tratamiento ni vacuna, a pesar de que es un virus que hace más de un siglo que salió de África. En Europa se dio por erradicado en los años 90, pero en 2007 reapareció en Georgia y desde ahí se ha ido expandiendo otra vez, transportado sobre todo por jabalíes, tanto hacia Europa del Este como hacia China, que desde 2018 es el país más afectado por esta pandemia animal.

Los datos oficiales que Pekín ha facilitado a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), el equivalente a la OMS en el ámbito veterinario, dicen que en 2018 se sacrificaron cerca de 300.000 cerdos en el país, y desde entonces la cifra ha ido bajando hasta un millar de muertos y 5.000 animales sacrificados oficialmente en 2021. Pero Rodríguez está seguro de que los datos reales son mucho más altos. Un estudio del banco neerlandés Rabobank de 2019 decía que en China habían muerto entre 150 y 200 millones de cerdos.

El investigador asegura que precisamente es en las macrogranjas donde puede haber más control sanitario para evitar la difusión de la peste porcina. Según el experto, la mitad de la producción china todavía se hace en pequeñas granjas domésticas, donde los cerdos están libres en el patio trasero y son trasladados en el vehículo particular hasta los mercados, y él cree que es aquí donde se extiende más fácilmente la enfermedad. En las grandes instalaciones "los trabajadores se desinfectan antes de entrar, hay grandes controles sanitarios. A nivel de seguridad biológica son fortines", dice Rodríguez.

"Ahora quieren reducir las pequeñas granjas y concentrar la producción en este tipo de grandes explotaciones, porque dicen que esto abaratará la carne", apunta Pei, que admite que no hay ningún tipo de debate sobre el bienestar animal en China y las condiciones en las que los mantienen: enjaulados y megaexplotados. "Los chinos solo se preocupan por su salud y seguridad alimentaria, pero no son conscientes de que sin bienestar y salud animal tampoco puede haber salud humana segura", dice Pei. El activista también pone en cuestión el argumento económico y de bioseguridad: "Puede ser cierto en el corto plazo, pero a la larga estas megagranjas generan más perjuicio medioambiental en forma de purines o de emisiones de CO₂. Además, con una densidad tan alta de animales en espacios pequeños, medicalizados y alimentados a gran escala, esta manera de producir contra naturaleza hace que controlar del todo la aparición de enfermedades zoonóticas sea imposible".

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