Internacional 27/06/2021

La variante delta se esparce por Europa y amenaza el verano

Carrera para inmunizar al mundo antes de que una nueva mutación se escape de la protección de las vacunas

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Un grupo de turistas llegando al aeropuerto de Son Sant Joan esta semana.

LondresTan pronto como Londres hizo oficial el pasado jueves que Malta y otros puntos turísticos, como las Baleares, entraban en su lista verde de destinos seguros, condición que exime de cuarentena al volver al país, las autoridades de La Valletta impusieron sus propias condiciones a los británicos, que tienen en la excolonia uno de sus lugares preferidos del Mediterráneo para pasar las vacaciones.

Inicialmente, los ciudadanos del Reino Unido podían entrar sin medidas de autoaislamiento: solo necesitaban una PCR negativa. Ahora, sin embargo, cualquier turista que aterrice desde las islas británicas tendrá que ponerse en cuarentena salvo que haya recibido las dos dosis de la vacuna y pueda demostrarlo. El gobierno de Malta lo justificó viernes debido a "la situación de los casos de variantes [la delta] reportados en el Reino Unido".

La pequeña isla al sur de Sicilia tiene una situación magnífica, la mejor de toda Europa, y no quiere estropearla. La incidencia de contagios de los últimos 14 días hasta el 20 de junio fue de 3,7 por cada 100.000 habitantes. Las autoridades sanitarias del Reino Unido habían reportado hasta la misma fecha 166,2 casos, también por cada 100.000 habitantes en dos semanas. Se trata de una incidencia en las islas británicas 40 veces superior a la de Malta. La causa: la variante delta, detectada en primer lugar en India y que corre desenfrenada y es dominante en el territorio británico desde finales de mayo, y que lo será también en Europa a finales de agosto, de acuerdo con el European Centre for Disease Prevention and Control.

Con los números actuales, que continúan a la alza, no es extraño que el Reino Unido haya atrasado la apertura total cuatro semanas, del 21 de junio al 19 de julio, y que Malta, Italia, Alemania, Bélgica y Francia, pero no España –al menos de momento–, hayan empezado a poner barreras a la entrada de británicos –ciudadanos de un país tercero, extracomunitario– a sus territorios.

Incidencia del virus en Europa.

A la cumbre del Consejo Europeo de jueves y viernes se llegó con los llamamientos hechos desde Berlín, París y Lisboa para una coordinación y un control más grande de las fronteras de la UE ante la variante delta. Unos apuntes que tanto la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, como la canciller alemana, Angela Merkel, matizaron en las declaraciones que hicieron al acabar el encuentro. Von der Leyen dijo: "A finales de la semana, casi el 60% de los adultos de la UE habrán recibido al menos una dosis [de la vacuna], y tenemos casi un 40% de la población completamente vacunada. Es un gran paso, pero también necesario, porque estamos preocupados por la variante delta". Merkel, a su vez, afirmó: "No, los controles fronterizos no formaron parte de la conversación". Pero sí que advirtió que "la pandemia no ha acabado" e hizo un llamamiento a "evitar una cuarta oleada", a "estar vigilantes" ante una pandemia "que se ha caracterizado por la sucesión de diferentes variantes". "No puedo hacer otra cosa que decirle a la gente que se ponga la segunda dosis de la vacuna", remachó, para contener una nueva explosión de la enfermedad.

Días antes, sin embargo, la canciller había pedido al resto de países europeos que impusieran cuarentenas a los viajeros procedentes de países con una incidencia de la variante delta elevada, como es el caso del Reino Unido.

Estudio esperanzador

La desazón no es tan solo una cuestión europea. El pasado miércoles Israel se vio obligado a dar marcha atrás en la supresión de la mascarilla en espacios interiores solo diez días después de haber instaurado una medida del todo liberadora. El epidemiólogo en jefe de los Estados Unidos, Anthony Fauci, considera también que esta variante especialmente contagiosa es una amenaza para el plan de desescalada del país. En todo África se han disparado los contagios: se mezcla el aumento de los casos delta con una alarmante carencia de vacunas, puesto que solo el 2,5% de la población ha tenido acceso a ella. Australia ha impuesto este sábado un confinamiento de dos semanas en Sidney, por doce nuevos casos en el Estado de Nueva Gales del Sur. Y Rusia ha informado de una explosión de la infección, con más de 20.000 contagios el 25 de junio, y una media que bordea los 18.000 en los últimos siete días. La razón, también la mutación delta.

Una de las grandes preguntas es si las vacunas que hay la pueden combatir. En principio, sí. Así lo demuestra un nuevo estudio del Servicio de Salud Pública de Inglaterra (PHE, en las siglas en inglés) difundido este pasado viernes. Los datos certifican que ninguno de los menores de 50 años completamente vacunados ha muerto por la variante delta, a pesar de que los grupos de edad más jóvenes representan el 90% de los contagios. Por primera vez, de hecho, el PHE ha desglosado casos, ingresos y defunciones entre personas de más y de menos de 50 años.

La división por edades presenta la eficacia de la vacuna con más claridad. Los datos registran 92.029 contagios delta secuenciados desde el 1 de febrero, con 82.458 de menos de 50 años y 9.571 por encima de esta edad, que son el colectivo más inmunizado. Mientras tanto, hasta el 21 de junio, en Inglaterra habían muerto 117 personas infectadas por la delta: solo ocho tenían menos de 50 años, y de estos no hubo ningún vacunado con dos dosis. Y todavía más razones para el optimismo. Más de tres cuartas partes (el 78%) de los ingresos entre los de menos de 50 años eran personas sin vacunar y solo el 3% habían sido totalmente vacunadas.

El estudio, sin embargo, también abre una duda nada menor, porque de las 109 muertes restantes, entre las personas de más de 50 años, cincuenta habían recibido la pauta completa de vacunación. Lo que hace falta ahora es profundizar con más detenimiento si los fallecidos doblemente vacunados presentaban características especiales que les hicieran especialmente vulnerables: por ejemplo, por condiciones de enfermedades preexistentes.

Sea como fuere, del mismo análisis se desprende que la combinación de vacunas y restricciones retarda la propagación de la variante delta. La conclusión, por lo tanto, es clara, y la Organización Mundial de la Salud no hace sino repetirla: hay que vacunar, vacunar y vacunar. Y no solo en Europa, Israel o los Estados Unidos. Hay que hacerlo en todo el mundo lo más rápido posible para evitar que una nueva mutación acabe burlando definitivamente las defensas de Pfizer, AstraZeneca, Moderna o Janssen.

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