Antonio Villarreal: "Hay consultores que tienen contratados periodistas que van a tertulias"
Periodista, autor de 'Tertulianos'
Seguramente seas el formato más repetido. Lo podemos encontrar por la mañana, al mediodía y por la noche, en la radio y en la televisión. Antonio Villarreal ha decidido analizarlo en Tertulianos (Península), un recorrido por 40 años de la industria de la opinión en España, y una fotografía, a la vez, de un sector que se mueve entre la precariedad y el poder. Las tertulias comienzan con una ausencia.
— Un grupo de periodistas de la Transición, donde estaba Fernando Ónega, se reunía cada jueves con un político importante de la época para desayunar y comentar la actualidad. Y un día el político falló.
Y entonces…
— Los periodistas empezaron a comentar la actualidad, y Ónega, que estaba en la SER, dijo: "Esto hay que llevarlo a la radio". Y crearon La trastienda, un espacio canalla con la idea de explicar información que no siempre se publicaba en papel.
Duró poco.
— Un día, José Luis Gutiérrez dejó caer en antena que se había enviado a Roma a una señora porque estaba embarazada de un político con el que tenía una relación extramatrimonial. Resultó ser Alfonso Guerra. Él cargó contra las tertulias, y la SER las vetó durante una década.
Pero Del Olmo recoge el guante.
— Y llega la que para mí es la madre de todas las tertulias, la que él crea en el programa Protagonistas. Se lleva el invento al prime time matinal, y funciona muy bien.
Recuerdo la historia del golpe de talón de Norma Duval…
— Jiménez Arnau sugirió que era una vedette al servicio del PP y ella se enfadó y le lanzó un zapato a la cabeza. Como era radio, no hay imagen, pero creo que fue un momento fundacional.
¿De qué?
— Más allá de hablar de ideas, la confrontación entre tertulianos es una especie de espectáculo. Y eso es lo que se acaba trasladando a la televisión, con las tertulias de los 90 y un nombre clave: Xavier Sardà, que las llevó primero a Moros y cristianos y después a Crónicas marcianas.
Dices que la unidad mínima de información ya no es la noticia.
— No, es la opinión. Hay muchísima gente que básicamente se informa viendo tertulias en la televisión. Y el proceso de polarización en la política es evidente también en las tertulias.
¿Cuándo se polarizan?
— En 2008 nacen, en muy poco tiempo, El gato al agua, en Intereconomía, y Al rojo vivo, en La Sexta. También es cuando empieza El chiringuito. Se explica en gran parte por la crisis, porque muchos medios tenían que hacer recortes y vieron lo que pasaba con El gato al agua y las tertulias low cost. Y tomaron nota.
En Intereconomía empieza a intervenir Pablo Iglesias.
— Es donde dio a conocer su marca, Podemos. Pero lo más importante, y esto coincide con la irrupción del Procés y otros líderes como Rufián, es que no confrontan con lo que tienen delante. O no solo. Entienden la relación con el espectador, comparten su clip más tarde en las redes, de manera que llevan la tertulia un paso más allá.
Ahora lo hace todo el mundo.
— Porque hemos llegado al summum de los que se pelean en la tele, después siguen en las redes y acto seguido se graban ellos mismos respondiendo. Es la tertulia infinita.
¿Cómo se eligen los tertulianos?
— Hay un montón de tensiones. Escoge el director del programa, la dirección también pone nombres sobre la mesa... Son muchos factores.
¿Y cómo influyen los partidos?
— Tienen mucha mano, especialmente en los medios públicos. Aznar, por ejemplo, cambió de arriba abajo los tertulianos de La 1. Ahora también sugieren nombres, envían argumentario del partido a algunos tertulianos, les envían mensajes de cosas que han dicho. Y me consta que también hay periodistas que hablan con los partidos para pedirles que apunten su nombre para salir en algún programa.
¿Periodistas que se lo piden a los partidos?
— Sí. Aunque ahora los periodistas están un poco en retroceso, porque hay otros perfiles de gente que viene de redes, consultores… A mí me preocupa: un periodista sabes de dónde viene y quién lo paga, pero hay muchas personas que no sabes de quién reciben dinero. Me consta que hay consultores que tienen contratados periodistas que van a tertulias y ayudan a diversas patronales como la inmobiliaria. ¿Qué dirán de la vivienda?
Hablas de la tertuliocracia.
— Se usa en Estados Unidos para hablar de los pundits, que son comentaristas habitualmente expertos en un tema. Aquí tenemos más todoterrenos que opinan de todo. El caso es que los políticos van y vienen, pero ellos se mantienen siempre, como una especie de aristocracia que trasciende. Los políticos les otorgan más capital social, porque son conscientes de que tienen más poder.
¿Son muchos?
— Analicé durante dos semanas las cinco principales cadenas estatales de radio y tele. Me salieron 314. Pero los que repetían más de una vez son poco más de 50.
¿Puede ser una profesión?
— Para algunos lo es, sí. Aunque no se denominan tertulianos, que es un concepto poco utilizado aquí. Se presentan como analistas políticos o así.
Pero se paga poco.
— Unos 150 de media, pero después trabajan sus redes, van a congresos, presentan actos…
Antes sí que se ganaba dinero, ¿verdad?
— Se dice que Pedro J. Ramírez ganaba 6.000 euros por intervención en 59 segundos. Pero, con la crisis y la proliferación de tertulias, ahora se gana mucho menos.
Tu momento preferido de una tertulia.
— Cuando pasa algo inesperado y van a publicidad, o el presentador hace una entrevista breve y ellos se vuelcan sobre sus iPads para recoger información. De repente hablan con mucha naturalidad del PIB de tal país extranjero, o de la deuda que una empresa tenía hace 4 años. Y parece que lo sepan todo, pero lo han leído hace poco. Ellos hacen que, a pesar de todo, suene natural.