Los pechos de Ayuso entran en campaña
Titular en El Mundo: “La foto de la jefa Isabel Díaz Ayuso de la que todo el mundo habla”. En el texto hay frases de vergüenza ajena –y sexismo propio– como “Nadie puede negar que Ayuso está guapísima y, quizá por eso, la foto ha corrido como la pólvora”. Pero es que la foto no se ha extendido (solo) por eso. Diversos usuarios han acusado al Partido Popular, que era quien enviaba la imagen con el mensaje de jefa, de utilizar la inteligencia artificial para aumentar el volumen de los pechos de la presidenta madrileña y marcarle más los pezones tras la blusa ajustada. Ciertamente, en algunos fotogramas de su intervención ante la Asamblea de Madrid de aquel día el busto parece menos voluminoso, pero, sin ser experto, todo el mundo sabe que el pecho tiene la curiosa habilidad de hacerse más o menos presente según la postura, el movimiento, el ángulo o el aire insertado en los pulmones.
El tema, aquí, no es el perímetro pectoral de Ayuso, sino la deliberada utilización de la imagen, tanto por parte de los populares como de El Mundo, valga la redundancia. Y es curioso cómo, por una especie de pudor extraño –en las cuestiones del cuerpo, porque en las de la política el desacomplejamiento es pornográfico– el diario omite cualquier comentario directo sobre el hecho de que aquello "de lo que todo el mundo habla" son los pechos prominentes de la protagonista y los pezones marcados. El rotativo lo sabe, claro, pero para no decirlo hace la maniobra cobarde de destacar comentarios de usuarios que respondían al mensaje en las redes: “Siempre con las luces bien puestas”, “Qué bien le vendrían esos dos puntitos al Málaga" o “Isabel siempre llevando la delantera”. Solo faltaba hacer salir a Bigote Arrocet diciendo que tiene una gran pechonalidad para acabar de convertir las elecciones en un film de Berlanga. En esta era de filtros, que la imagen se haya retocado con IA o no resulta irrelevante: lo que importa –el dedo y la luna– es la banalización.