La serie de Netflix que nos pone un espejo incómodo

Un instante del tráiler oficial de 'Salvador'.
Periodista i crítica de televisió
2 min

El auge de la extrema derecha ya no se manifiesta únicamente a través de resultados electorales. Ya la notamos en las tertulias televisivas, en espacios humorísticos, en sobremesas incómodas, en grupos de WhatsApp e, incluso, en reuniones y asambleas vinculadas a la escuela de los hijos. La serie Salvador, en Netflix, llega en un momento óptimo para reflexionar sobre cómo los tentáculos del fascismo se han infiltrado en nuestra cotidianidad. El actor Luis Tosar interpreta a Salvador, un profesional sanitario que descubre que su hija forma parte de un grupo neonazi. El hombre, decepcionado, querrá entender las razones que han llevado a la chica hasta este extremo tan opuesto a sus convicciones.La serie, de ocho capítulos, es adictiva porque conjuga dos habilidades complementarias: la de Aitor Gabilondo, creador experto en relatos en que el conflicto político y social penetra en la esfera doméstica, y la del director Daniel Calparsoro, que domina los códigos del thriller ambientado en contextos de violencia.

Que el foco argumental se centre en un grupo ultra es incómodo por la agresividad de los personajes. Pero vale la pena adentrarse en la historia, porque lo que al principio nos parece lejano resulta que no lo es tanto. La serie profundiza en dilemas sociales y culturales sin maniqueísmos. Más que crear tensiones entre buenos y malos explica la complejidad de los hilos que mueven a los protagonistas. En las tramas reconocemos muchos de los conflictos sociales que vemos en los informativos y en nuestros barrios. Salvador arranca en la previa de un partido de Champions en el Bernabéu, considerado de alto riesgo, donde los ultras del Madrid y del Olympique de Marsella han pactado un enfrentamiento. Pero el fútbol es solo la excusa. La serie nos mostrará todo lo que existe bajo esta tapadera. Vínculos con el narcotrfico, control y chantaje de locales nocturnos, complicidades con la policía y los jueces, empresarios que ejercen de mecenas y contactos con los líderes políticos de la extrema derecha. Descubrimos cómo los ultras conviven con nuestro día a día y las estrategias que utilizan para captar nuevos adeptos, aprovechando la desesperación y la vulnerabilidad económica y emocional. Vemos cómo se graban y se viralizan los vídeos que encontramos en las redes sociales y las estrategias que utilizan para manipular el discurso social. Salvador es un thriller policial muy bien cosido a escala dramática. Las interpretaciones son muy buenas y el guión gestiona muy bien los conflictos, los giros, el suspense y el drama. Pero la capacidad que tiene la historia para convertirse en un espejo de nuestro presente es lo que la hace crecer. Es como si la serie dialogase constantemente con el espectador, recordándole que la historia que está viendo tiene que ver con lo que pasa más allá de la pantalla. En el capítulo seis hay una escena muy tensa de una cena en casa de un empresario, en la que el anfitrión suelta un discurso sobre la manipulación informativa y social que te deja clavado al sofá. Salvador es una historia triste, pero pone la lupa en nuestro presente. No nos gusta lo que vemos, pero quiere que entendamos lo que, a veces, nos resulta incomprensible.

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