La televisión de los pequeños dictadores

2 min
------
22/10/2026 - 20:03 h
Periodista y crítica de televisión

La acampada de la Puerta del Sol de Madrid se ha convertido en un reducto muy práctico para las cadenas de televisión españolas donde pescar testimonios con los que enfrentarse. Los acampados también han aceptado este juego adquiriendo minutos de gloria ante las cámaras y exhibiéndose como contestatarios de presentadores y tertulianos con ganas de pelea. En los programas, el problema de la vivienda les importa un rábano, pero son secuencias de agresividad dialéctica que se hacen virales. El espectáculo decadente recuerda a los talk shows norteamericanos de los ochenta y noventa, en los que los insultos, los gritos y las humillaciones eran los ingredientes principales. El programa se disfrazaba de debate cuando en realidad era un núcleo de violencia verbal que podía acabar a garrotazos. En los Estados Unidos, el entretenimiento desembocó en el confrontaintment y los attack shows, basados en las provocaciones y las peleas entre invitados que servían de reclamo para la audiencia.

El martes en El tiempo justo de Telecinco, Joaquín Prat medió entre un activista, de nombre Pepe, y el empresario y polemista Aldo Comas. Tras una discusión muy agresiva, Comas le tachó de “perroflauta” y el activista le acusó de ser un cocainómano. Al día siguiente, el rey del sensacionalismo español, Nacho Abad, volvió a conectar con el activista en En boca de todos: “He visto un total tuyo en otro programa que me parece una barbaridad. Yo no voy a permitir que digas barbaridades”, le amenazó. La advertencia era en realidad una invitación, porque minutos después la pelea se había vuelto a activar. El activista cargó contra Andrea Levy y rebautizó al presentador como Macho Abad, burlándose de su actitud testosterónica. Levy respondió y comunicó al presentador que si no despedía al activista ella se marchaba. Nacho Abad, haciendo honor al sobrenombre que le acababan de poner, no solo expulsó a Pepe sino que también se enfrentó a Andrea Levy: “Se va a ir él, pero vete tú también. A mí no me amenazas, Andrea, tú no vienes a amenazarme a mi programa. ¡Tómate una tila!”, le gritó a su invitada.

El panorama hace pensar mucho en Geraldo Rivera, la estrella de la trash TV norteamericana. Él incluso acabó con la nariz rota durante una emisión. Pero Geraldo entonces y Nacho Abad ahora tienen un aspecto en común: tienen una necesidad extrema de exhibir su autoridad. Entienden la televisión como un púlpito particular. Un altar para el lucimiento personal. El presentador de Mediaset disfruta dando órdenes, regañando, amenazando y dictando expulsiones. Incluso grita a la coordinación del programa: “¡No quiero a Pepe nunca más! ¡Que no se le entreviste nunca más aquí!”. Fingen una indignación moral y tergiversan términos como el respeto para demostrar que pueden castigar a unos invitados que son como muñecos a su servicio. Promueven la puesta en escena de su autoridad despótica. Es la tele de los pequeños dictadores, que necesitan la violencia para exhibir su poder.

stats