Un titular nefasto sobre el accidente con la infanta Elena
Internet es la gran máquina de vapor de nuestros tiempos, que demanda paladas gigantescas de carbón para que siga girando la rueda informativa. En los momentos en los que un solo acontecimiento centra la actualidad, las posibilidades de acabar echando a la caldera una piedra incombustible que haga saltar chispas se disparan. Es lo que le pasó a la revista ¡Hola!, a quien su delirio cortesano le jugó una mala pasada cuando escribió la siguiente noticia: "La infanta Elena viajaba en un tren, pero no en uno de los siniestrados en el accidente”. Ni Ada Colau habría tenido un ataque de protagonismo como este. La publicación terminó eliminando el tuit con el que promocionaba el artículo y cambió el titular por “Alarma por la infanta Elena tras el accidente ferroviario de Toledo: su tren no era el siniestrado”, que seguía siendo lo bastante absurdo porque resulta que la hermana del rey ni siquiera hacía el mismo recorrido en el que se produjo el siniestro, sino que se dirigía hacia Albacete. “La infanta Elena se encuentra bien, pero conmocionada por la tragedia”, escribían, de nuevo poniéndola bajo el foco de manera inexplicable.
Esta tragedia ha vuelto a evidenciar que ni siquiera en escenarios luctuosos los medios politizados –o mejor dicho, partidizados– no pueden evitar arrimar el ascua a su sardina. En los próximos días veremos un choque frontal entre la teoría del error humano, que exculpa al gobierno, y la de las deficiencias estructurales del sistema, que lo condena. La verdad está en el gris: los sistemas deben minimizar la posibilidad de despistes humanos, pero las personas también forman parte de los procesos (mientras los tecnooligarcas aún lo permitan) y ambas partes de la ecuación son falibles. Sin embargo, costará encontrar medios que se adentren en esta complejidad sin nublar su criterio en función de las preferencias políticas para el 29-N.