Tienes un diseño de André Ricard en casa y quizás no lo sabes
Una exposición en el DHub repasa seis décadas de trayectoria del pionero del diseño industrial
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BarcelonaSi se quiere hacer una colección privada de objetos diseñados por André Ricard (Barcelona, 1929), no hace falta gastarse una fortuna: algunos todavía se pueden encontrar en los supermercados. Por ejemplo, el envase del detergente para ropa delicada Norit y las pinzas antipolilla Orion. Otros, como el interruptor Ibiza y un exprimidor de naranjas Moulinex con la jarra transparente, también forman parte de la vida cotidiana de mucha gente. La colección podría continuar con las pinzas de hielo Tong y las botellas de perfumes para la casa Puig, con la famosa Agua de Lavanda a la cabeza. Y con algunos otros objetos, como la vajilla Compact, el cenicero Copenhague y la lámpara Tatu.
"La recompensa más grande para un diseñador es ver cómo uno de sus diseños se vuelve atemporal, y se convierte en un clásico", dice André Ricard en una de las citas incluidas dentro de la gran exposición que le dedica el Disseny Hub Barcelona (Dhub) hasta el 14 de marzo, André Ricard. Diseño en uso. "El diseño más perfecto es aquel en el que la forma misma cumple la función: una cuchara, un botón o un simple clavo. En nuestra sociedad de consumo, hemos perdido el respeto por estos objetos que nos rodean y nos ayudan", dice en otra cita.
De origen familiar francés y con una visión contemporánea, Ricard es considerado como uno de los pioneros del diseño industrial del Estado. Descubrió el diseño en el contexto internacional de los años cincuenta, y desde muy joven se sintió atraído por los objetos cotidianos y esenciales. En el terreno institucional, fue uno de los fundadores de la Asociación de Diseño Industrial del Fomento de las Artes y del Diseño (ADI-FAD) y, posteriormente, impulsó su integración en el International Council of Societies of Industrial Design (Icsid). Actualmente, Ricard tiene 98 años y sigue pensando en problemas de diseño pendientes: hace poco se dio de baja de un periódico por la dificultad de pasar las páginas.
Parece que los comisarios han tenido un doble objetivo: celebrar la trayectoria de seis décadas de Ricard y, al mismo tiempo, que el público tome conciencia de que el buen diseño es el que hace la vida más fácil. "Un buen diseño es el que pasa desapercibido; es decir, si no nos damos cuenta de que hay una persona que ha diseñado aquel objeto, significa que está perfectamente diseñado –dice Marina Povedano, la comisaria de la muestra junto con Arnau Pascual–. En el caso de André, si un objeto está bien diseñado, no te preguntarás quién lo ha hecho". "En todos los diseños de Ricard se reconoce una misma concepción: la del diseño como servicio, en la que la forma se subordina a la función y los objetos bien resueltos se integran en los hábitos y los afectos de quien los utiliza. Esta praxis se complementa con una sólida dimensión intelectual", apunta el diseñador Jordi Blasi en el libro, que la Asociación de Estudio del Mueble ha publicado coincidiendo con la exposición.
André Ricard. Diseño en uso es una coproducción con La Fábrica que se pudo ver en Madrid durante la última edición del Madrid Design Festival, donde recibió unas 30.000 personas. En Barcelona se incluyen unos 140 objetos, una veintena más que en Madrid, gracias a los fondos del Dhub. La organización está inspirada en una exposición que el mismo Ricard hizo en Suiza a mediados de los años 90, así que los objetos están distribuidos según los espacios de una supuesta vivienda. Por ejemplo, en el baño están las botellas de jabones infantiles Denenes, también de Puig, cuyos tapones están pensados para tener a los niños entretenidos dentro de la bañera, y las botellas de colonia y perfume. "Si su gran preocupación era que sus diseños se utilizaran, parece un poco contradictorio que esté haciendo botellas para perfumes. Pero lo que él explica muy bien en sus escritos es que, como un perfume es invisible, la botella habla por el perfume, así que cuando se ve la botella, puedes entender si es tu talante, si encaja contigo. Y en este sentido sí que es útil.", recuerda Povedano.
Para Ricard, el éxito comercial de un diseño es importante. "Una idea que potenció mucho Ricard es la comunicación entre la empresa y el diseñador. Si la empresa no te comunica bien qué necesita y qué busca, el diseñador siempre lo hará mal. Y él lo dice claramente: tienes que entender el encargo y qué problema tiene la empresa. En este sentido, explica lo que le pasó en el caso de la botella de Agua de Lavanda, que la empresa no podía comercializar, aunque fue un éxito, por la forma artesanal con la que estaba elaborada. Si tú esto lo entiendes, el diseño que hagas funcionará. Es así de fácil. Pero tienes que tener esa conversación previa con la empresa", añade Povedano. Dentro de este aspecto del éxito comercial, la botella de Agua de Lavanda fue un gran hito: Puig no la podía comercializar porque la producción artesanal del frasco no satisfacía la demanda, y Ricard evocó la autenticidad de un producto hecho a mano con una botella de vidrio ahumado y un tapón de madera con una cinta de mimbre.
En Barcelona, la muestra incorpora un nuevo ámbito en el que se encuentran los libros escritos por Ricard y unas lámparas que hizo para la desaparecida marca Metalarte inéditas hasta ahora. Más adelante se puede ver la serie de diseños que hizo para los Juegos Olímpicos de Barcelona, entre los cuales destacan la antorcha olímpica y la caja de madera que contenía el dosier de la candidatura. Y, para terminar, el mismo Ricard toma la palabra a través del documental de Poldo Pomés André Ricard, el diseño invisible.