El último 'Polònia' ha hecho aguafiestas

Un instante del especial 'Un muerto en el postre' de 'Polònia'.
Periodista y crítica de televisión
2 min

El jueves Polònia despedía la temporada con un especial titulado Un muerto de postre, que quería ser una parodia de Un cadáver para postre. De hecho, la película de Robert Moore de 1976 ya era una relectura humorística de los films clásicos de detectives donde un multimillonario invita a cinco detectives a cenar con la promesa de una fortuna a quien descubra al autor de un asesinato que se producirá esa misma noche. El programa de sátira política abandonó la estructura del sketch para recrearse en un pseudotelefilm justito donde Toni Soler invitaba a diversos personajes del Polònia a una elegante cena de despedida para comunicarles que ya no contaría más con ellos porque la próxima temporada serían sustituidos por protagonistas creados con inteligencia artificial. El disgusto de los perjudicados desembocaba en el asesinato de Toni Soler, y los clones de Carles Porta, Díaz Ayuso, Gabriel Rufián, Santi Abascal, el papa León XIV, Sílvia Orriols, Torrente, el cuñado Josep Maria, Oriol Junqueras, Ada Colau, Rosalía, Oliver Laxe y el matrimonio habitual del programa investigaban el caso. La propuesta televisiva requería un esfuerzo de producción y realización indudable. Y se agradece que no nos endosaran otro refrito de antiguos sketches o de musicales. Lo más impactante era la localización de la grabación. Se llevó a cabo en una finca tan espantosamente decorada con un lujo rococó de los años setenta para acentuar la caricatura burlesca que la ambientación se llevó todo el protagonismo. El único motivo por el cual no te arrancabas los ojos era por la misma fascinación morbosa de constatar que aquella casa existía de verdad. La mansión era lo más hilarante, especialmente el dormitorio azul cielo de Soler. 

Ahora bien, el guion y el resultado dramático de la comedieta eran tan simples e insustanciales que difícilmente hacía reír. Como mucho una mueca forzada para estirar el labio superior. En la sátira política del Polònia es imprescindible el contexto de actualidad porque el humor sea efectivo. El espectador no ríe solo de la escena propuesta, sino de la interpretación que hacen los guionistas de la actualidad. La realidad política, social y mediática del mundo es imprescindible para que la parodia funcione. Dentro de veinticinco años las generaciones futuras no entenderán muchos de los antiguos sketches del Polònia ni el talante de sus protagonistas porque no tendrán las referencias necesarias que ahora hacen que los gags nos parezcan mordaces e irreverentes. El guion de Un mort a les postres despojó al programa de la actualidad para construir una historia propia, una pantomima que se sostenía solo en el histrionismo de los personajes. El resultado final no hacía honor al esfuerzo que se debía haber invertido en la ejecución del programa. Ha sido una temporada muy exigente y ambiciosa para el Polònia, con una celebración de los veinte años apoteósica. Quizás sea comprensible que hayan acabado haciendo un poco el ridículo.

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