Misc 07/12/2020

Asexuales y arrománticos: querer rompiendo estereotipos

Las personas que no sienten atracción sexual o romántica piden visibilidad

Carla Fajardo Martín
8 min
Asexuals i arromàntics:estimar trencant estereotips

Barcelona“Qué existencia más triste” o “A ver si se te pasa” son los comentarios discriminatorios que acostumbran a recibir las personas asexuales cuando salen del armario en una sociedad en la que el sexo tiene un papel fundamental. No sienten atracción sexual hacia los otros, pero no por eso tienen que tener una vida menos llena. Cada vez más organizados desde que en 2001 se fundó la asociación internacional AVEN y con la creación de la Asociación Catalana de Asexuales (ACA) en 2017, reivindican visibilidad y más estudios sobre una orientación que crece entre los jóvenes, más abiertos a romper con el binarismo. Según una encuesta de 2016 hecha en los Estados Unidos, el 4% de los participantes de entre 18 y 35 años no sienten atracción sexual y el 1% de los británicos se confiesan asexuales, según el decisivo estudio de Anthony Bogaert de 2004, que extrapolado al mundo querría decir 70 millones de personas.

Claro que sin información no es fácil identificarse con ello. “Cuando eres gay lo dices y ya está, pero yo para decirte que soy asexual te tengo que impartir una charla”, explica Robert, de 20 años. Como el personaje de la serie BoJack Horseman Todd Chávez -una de las pocas representaciones de la asexualidad en el audiovisual-, dudó de si era homosexual y llegó a pensar que “podría no ser nada”, que su orientación no existía. Hasta que poco a poco a través de las redes fue sabiendo más. Las personas asexuales no sienten atracción sexual pero pueden sentir otros tipos de atracción, y también tener libido y deseo no dirigidos hacia otra persona. Es por eso que pueden disfrutar de la masturbación e incluso de las relaciones sexuales, explica.

“No odiamos el sexo”

La aparición de la modelo de lencería británica Yasmin Benoit en revistas como Vogue ha empezado a agrietar los estereotipos que los rodean. Benoit puso en marcha la campaña de visibilización de la asexualidad Así son los asexuales para poner en evidencia que no responden a un mismo modelo. Es decir, que ni son fríos emocionalmente, ni tienen un problema físico u hormonal, ni están enfadados con la sociedad ni tienen un trauma infantil. La imagen de un asexual con aversión al sexo también es un estereotipo. “No odiamos el sexo”, espeta Andrea, de 28 años, en uno de sus vídeos en YouTube en los que explica que la antisexualidad (el rechazo al sexo) es solo una posibilidad dentro de la comunidad. Para ella las etiquetas han sido importantes para encontrar su lugar. “Sin la etiqueta no tendría la palabra para identificarme”, explica.

Ellos lo han descubierto en la veintena, pero Pablo, de 43 años, colaborador del ACA, pensó que tenía una enfermedad hasta que cumplió 30 años. Hasta el 2013 la asexualidad era considerada un “trastorno hipoactivo del deseo”. Entonces la Asociación de Psiquiatría Americana, una autoridad en este ámbito, publicó que la falta de atracción sexual de por vida no se consideraría una patología en caso de que “se explicara mejor por una autoidentificación de la persona como asexual”. “¿Qué pasa si el paciente no lo sabe?”, se pregunta Andrea, que pide una despatologización real.

La consulta del miedo

Tanto ella como Robert han tenido experiencias negativas con el psicólogo. “Me dijo que me tenía que pasar. Puede ser peligroso decirle a alguien que practique el sexo sin tener ganas. Puedes participar en tu propia violación”, dice Robert, muy crítico con su experiencia con psicólogos. Él admite haber vivido momentos de confusión que ha superado gracias al acompañamiento otras personas que viven lo mismo, con muchas de las cuales mantiene contacto a través de las redes. Es consciente, sin embargo, de que en internet solo está la gente joven de una determinada clase social, y que hace falta más visibilidad, sobre todo desde el colectivo LGBTIQA+, en el que muchas veces no se incluye la A de asexualidad. “Tenemos mucho por aportar en la deconstrucción de la normatividad, que incluye la heterosexualitat y también la atracción sexual recíproca”, dice.

Desde que la psicóloga y sexóloga Elena Crespi oyó a hablar de la asexualidad, esta es una opción que siempre pone sobre la mesa en la consulta. Crespi, que asegura que nos queda mucho por aprender sobre el tema, considera que se tiene que diferenciar entre la orientación sexual y no tener ganas de mantener relaciones, sobre todo en las mujeres, que cargan “el peso de la educación patriarcal que no ha tenido nada en cuenta el placer femenino”, dice. No es fácil discernirlo en una sociedad en la que se nos impone “ser cisgéneros, heterosexuales, monógamos e hipersexualizados”, explica, y con “una visión reduccionista y coitocentrista del sexo, que no tiene en cuenta cómo funcionan los cuerpos más allá de los genitales y con una educación sexual que no es saludable”, dice. Crespi cree que “hay muchas cosas que son sexualidad y que no las vivimos como tal, como pueden ser la masturbación o los enamoramientos más platónicos”, dice, y añade: “Si hubiéramos nacido en una sociedad que no nos hubiera capado tanto viviríamos de manera natural otras opciones”.

Las imposiciones normativas son “barreras que ponen más difícil vivir la sexualidad con libertad”, dice Pablo, colaborador del ACA, pero alerta de que relacionar la orientación con el entorno supone un prejuicio. La asexualidad, como cualquier otra orientación, no es temporal ni se elige y, por lo tanto, entenderla como una reacción sería negarla, “buscarle una excusa en la realidad”.

Además de asexual, él se identifica como arromántico -también lo hacen Robert y Andrea-, es decir, que no siente atracción romántica, pero considera que son dos hechos independientes el uno del otro. “Como asexuales quizás nos es más fácil reconocerlo y ponerle nombre”, explica, pero “todos tenemos en la cabeza a parejas en las que una parte es menos romántica que la otra”.

No es el caso de Clara, de 23 años, que es romántica y asexual. Después de investigar sobre el romanticismo y cuestionarse los patrones impuestos desde un análisis feminista, ha identificado que tiene “sensaciones físicas” hacia las personas que la atraen y “pensamientos de querer estar con ellas”. Otros conceptos como “las mariposas en la barriga” o el enamoramiento también se asocian con la atracción romántica. Ella le ha explicado la situación a su pareja desde un principio porque cree que puede ser un condicionante. “Hay relaciones en las que no hay sexo y ningún problema, y otras en las que solo puede ser amistat”, comenta. Mientras que para mucha gente el sexo está implícito en la pareja, para ella no es así y en cambio una condición necesaria es, por ejemplo, “ver películas juntas”.

¿Y el arromanticismo?

Si ya falta información sobre la asexualidad, el arromanticismo está en el limbo de Google. Solo con la asociación internacional AUREA detrás, que define el arromanticismo como la orientación que recoge “desde atracciones no románticas hasta atracciones románticas no normativas”, todavía se les ha complicado más identificarse. “Me costó aceptarlo porque hay mucha más fijación con la pareja que con el sexo”, dice Andrea, que explica que el estigma social hizo que se cuestionara: “¿Y si no puedo tener ninguna clase de sentimientos?” Pero “en la vida hay más cosas para hacer y para sentir”, dice, y apunta que “la vida no es más triste e incompleta así, hay más aspectos”.

Los arrománticos tienen relaciones de amistad y familiares muy intensas, que son a menudo secundarias en nuestra sociedad. “Eso puede llegar a ser muy solitario porque los amigos y amigas priorizan las relaciones de pareja y es difícil encontrar a alguien para convivir”, denuncia Andrea. “Claro que podemos querer”, se defiende Robert, que explica que los arrománticos tienen muchos intereses intelectuales y afectivos y reivindica desjerarquizar el verbo querer, que recoge tantos significados como personas: “Parece que querer de verdad sea el romanticismo, el resto es querer entre comillas”, lamenta.

Glosario del espectro asexual y arromántico

Asexualidad

Las personas asexuales no sienten atracción sexual por otras de manera permanente o continuada, independientemente del género. Sí que pueden tener libido y deseo sexual pero no dirigido hacia el otro.

Arromanticismo

Son arrománticas las personas que no sienten atracción romántica -que describen como el enamoramiento y las sensaciones que tenemos cuando alguien nos gusta-. Pueden tener pareja, pero no sienten la necesidad de tenerla.

Demisexualidad

Forma parte de la grisasexualitat, la atracción sexual que se produce solo en momentos puntuales. Los demisexuales la sienten después de establecer una conexión emocional.

Alosexualidad

La alosexualidad es lo contrario de la asexualidad. Son alosexuales las personas que sí sienten atracción sexual hacia los otros, independientemente de la orientación sexual que tengan.

Antisexualidad

La antisexualidad es una creencia que concibe que las relaciones sexuales nos pueden afectar negativamente. No está relacionada con la asexualidad, a pesar de que puede haber asexuales que se opongan al sexo.

‘Sex-positive’

Movimiento que promueve la sexualidad siempre que se base en el consentimiento y en la seguridad. Los asexuales que se identifican con esta filosofía reivindican el placer sexual más allá de la atracción.

‘Squish’

Las personas arrománticas denominan con este anglicismo el enamoramiento sin romanticismo ni sexo, es decir, cuando sienten una atracción afectiva más intensa que la de una amistad habitual.

Atracción sexual

Deseo de mantener relaciones sexuales o tener contacto físico con otras personas. La libido, en cambio, es el impulso o el deseo de sentir placer sin que esté dirigido hacia otra persona.

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