Conciliación

Y tú, ¿cómo concilias?

Hablamos con 4 madres y padres que nos explican cómo se organizan para combinar trabajo y familia

7 min

BarcelonaNuestro tejido empresarial parece resistirse a ofrecer a los trabajadores una flexibilidad plena que les permita conciliar trabajo y familia de la mejor forma posible. La nueva Ley de Familias, aprobada en junio, ampliaba algo más los permisos de los que disponen padres y madres para intentar llegar a todo. Sin embargo, se trata de medidas insuficientes ante el gran reto que plantean los horarios y las vacaciones escolares, los días de libre disposición, las tutorías, las visitas médicas, los virus y otros imprevistos que hacen que los progenitores tengan que hacer malabares para cuidar a los hijos. Conozcamos cuatro ejemplos reales de conciliación.

1.

Marina Sicilia

Volver al trabajo pero con jornada reducida

Marina Sicilia fue madre en marzo. Previamente, ni se había planteado pedir una excedencia de casi tres meses después de agotar su permiso de maternidad. Sin embargo, cuando nació Dalia, sintió la necesidad de estar más tiempo con ella. "Con cuatro meses era muy pequeña para separarnos", explica. Sicilia, higienista dental, en total habrá estado casi ocho meses con la niña, una decisión de la que está plenamente satisfecha, ya que ha podido “disfrutar de cada momento y cada cambio, y de paseos sin tener que estar pendiente del reloj para ir a trabajar”. Ahora, a mediados de noviembre, cuando vuelva al trabajo, será su pareja, Sergio, quien hará las 10 semanas de permiso de paternidad que le quedan.

Cuando se reincorpore, Sicilia trabajará menos horas que antes. Y es que, a raíz de un cambio de categoría profesional que le supondría tener unos horarios incompatibles con la crianza, ha pedido una reducción de jornada. “Pasaré de 37 horas semanales a dos semanas de 25 horas y dos de 29 horas; me he reducido la jornada un 21%”, explica, decisión en la que también influye el hecho de que Sergio tenga que salir de casa a las 19.30 h para trabajar y que, antes, Sicilia no llegaba a casa hasta pasadas las nueve del tarde. “Debemos poder darnos el relevo como sea”, subraya. La razón principal de la reducción, sin embargo, es su voluntad de pasar más tiempo con Dalia: “El tiempo pasa volando y en el futuro no quiero lamentar no haber estado tiempo suficiente con ella”. Tampoco quiere tener que recurrir a los abuelos a todas horas, aunque habrá un día a la semana que sí será necesario que se hagan cargo un par de horas.

A pesar de haber encontrado comprensión y apoyo en su entorno familiar y laboral, Sicilia opina que no es fácil conciliar. "De hecho, creo que la conciliación ni existe, porque no te lo ponen fácil", se lamenta. Sus amigas ya le habían explicado las dificultades que comporta trabajar mientras se cría un niño. Sicilia también cree que "modificar el horario, permitiendo que los padres y madres que lo quieran entren antes en el trabajo y no tengan que reducirse horas, podría ser una medida sencilla que facilitaría mucho las cosas".

2.

Paula Valero

Hacerse autónoma para disfrutar de mayor flexibilidad

Paula Valero es madre de Kai, de 11 meses. Antes de ser madre, ésta coach creía que conciliar "sería más fácil". "Creía que entre las siestas del bebé y el apoyo de Julio (su pareja y también autónomo) tendría más libertad", explica. Pero una vez pasaron las 16 semanas de permiso de maternidad, viéndose lejos de la familia y no sintiéndose a gusto con la idea de llevar al niño a una guardería con cuatro meses, decidió centrarse sólo en lo más prioritario del trabajo para dedicarse al pequeño de manera exclusiva casi cuatro meses más. Valero reconoce que, en este sentido, ser una trabajadora autónoma juega a su favor. De hecho, hace seis años decidió hacerse autónoma porque quería ser madre. "Lo que quería era disfrutar de una maternidad consciente, disponiendo de cierta libertad personal para conciliar”, recuerda.

En septiembre, el Kai comenzó la guardería. "Evidentemente, habría preferido alargar el tiempo en exclusiva con él hasta el año", exclama. Casi tres meses después, sostiene satisfecha, que el pequeño se ha adaptado muy bien. Y ella se siente "liberada". Dice que es capaz de poner el foco en lo que trabaja durante las horas de trabajo "para después poder dedicar las tardes al Kai”. Trabajar por cuenta propia también le permite que, según la carga de trabajo, el pequeño se quede en el escoleta desde unas horas hasta una jornada completa, lo que Valero describe "como una suerte". Y es que el pequeño ya se ha enfermo un par de veces y ella ha podido ausentarse del trabajo y estar por él. "En mis objetivos mensuales y trimestrales ya está prevista esta parte; soy consciente de que tendré que disponer de cierto tiempo para él, ya que no cuento ni con las abuelas ni con ninguna persona de apoyo cerca", apunta , algo a lo que esperan poder remediar próximamente.Quieren buscar a alguien que les dé "confianza" para que cuide el Kai cuando coincide en que ambos están de viaje de trabajo o haciendo formación.

A pesar de las ventajas con las que cuenta, como la flexibilidad, la coach apunta que como madre autónoma ha encontrado cierta falta de empatía: “Para mí no es fácil trabajar y conciliar cuando está Kai, que además es un niño muy demandante y que no duerme mucho. Existe la falsa creencia de que la mujer autónoma tiene más tiempo. La gente no se da cuenta de que el tiempo que dedicas a la crianza es tiempo que no estás produciendo y, por tanto, no estás facturando”.

3.

Albert Guardia

Un padre que está presente gracias a la flexibilidad laboral

Albert Guardia es el padre de Èric, de 15 meses. Antes de que naciera, Guardia ya sabía que quería implicarse de lleno en la crianza. Y es que, exclama, "si esto no se tiene claro antes de ser padre, quizás es que todavía no es el momento". Este profesional del marketing hizo las seis primeras semanas del permiso de paternidad al nacer el pequeño y las otras 10 cuando su mujer, Bet, se reincorporó al trabajo, en mayo. Hasta entonces y a posteriori, Guardia ha aprovechado al máximo la flexibilidad con la que cuenta en el trabajo. “En cierto modo –señala–, las ganas de ver a tu hijo ya hacen que aproveches la flexibilidad para volver antes". "O si había alguna mañana complicada cuando era Bet quien estaba con él, poder llegar más tarde al trabajo para poder aportar mi granito de arena”.

Las semanas que ha pasado con su hijo las considera "un auténtico regalo de la vida", durante el cual ha podido "conocer, entender y ver" cómo el pequeño le agradece todo lo que hace por él. Es algo, subraya, "que otras generaciones no tuvieron y entiendo la envidia que explícitamente manifiestan." Haber cuidado de forma tan intensiva también le ha servido para tres cosas: "Establecer unas bases que me han ayudado a entender las necesidades de cada etapa de Èric, que él sepa y confíe en que sus padres siempre estarán ahí cuando nos necesite y, no menos importante, para mejorar la empatía con Bet, que se hizo más cargo en los primeros meses”.

Ahora ambos trabajan a jornada completa, pero tienen la opción de teletrabajar algún día por semana. De esta manera, “nos dividimos y quien ese día va físicamente al trabajo lleva a Èric a la guardería y quien teletrabaja lo recoje”. También decidieron pagar la hora adicional de permanencia que ofrece el centro y cuentan con los abuelos "por si ninguno de los dos puede llegar algún día a la hora". Los días que es él quien lo recoge, aprovechan “para dar un paseo, el bañito, cenar y jugar un rato", que es lo que da de sí el cansancio con el que Èric llega de la escuela. Cuando le preguntamos si en caso de que, en algún momento, fuera necesario que uno de los dos se redujera la jornada para poder conciliar mejor, él estaría dispuesto a hacerlo. Albert se muestra algo crítico, en parte, explica, “porque como sociedad es muy triste que todavía haya incomprensión ante el hecho de que sea el padre quien se reduzca la jornada cuando debería ser igual que si fuera la madre". Del mismo modo, ve "algunas madres que dan por hecho que son ellas las que lo deben hacer". "Aquí todos deberíamos hacer autocrítica para cambiar la tendencia", concluye.

4

Mireia Ferrer

Aparcar el trabajo seis años para poder criar a los hijos

Mireia Ferrer es madre de Enzo, de seis años, y de los gemelos Hiro y Noah, de dos años y medio. Cuando estaba embarazada del mayor trabajaba de dependienta y explica que ya veía que la reincorporación al trabajo después del permiso maternal "sería demasiado temprano". Cuando nació Enzo, lo vio aún más difícil. "Yo trabajaba en una tienda de ropa por la mañana y por la tarde, hasta 2/4 de 10 de la noche, y después tenía una hora de camino hasta casa", recuerda. Su pareja también trabajaba en el comercio y, por tanto, no podían combinarlo de ninguna de las maneras, y los abuelos en ese momento todavía trabajaban, lo que hizo que Ferrer decidiera tomar una excedencia de un año, periodo durante el cual la tienda cerró, lo que la llevó al paro ya disponer de más tiempo para buscar trabajo.Durante ese tiempo, Ferrer volvió a ser madre, esta vez de gemelos, lo que hizo que afianzara aún más la decisión: “Con Enzo disfruté acompañándole en todos los sus aprendizajes y primeras veces y no quería perderme nada de los gemelos tampoco”.

Durante ese tiempo, Ferrer no ha contado con canguros. Su hijo mayor, sin embargo, a los dos años empezó la guardería por las mañanas. Hiro y Noah también fueron a los dos años, pero ellos se quedaban a comer y a dormir la siesta. “Poder acompañarles en su adaptación de forma respetuosa fue un lujo, así como poder hablar con las maestras tranquilamente, ir a todas las reuniones, fiestas y actividades que proponían en la escuela”, apunta la madre de los tres pequeños. Vivencias que dice que se lleva para siempre y por las que está “muy agradecida”. Afirma convencida de que "nunca se ha arrepentido" de la decisión y ahora, cuando recientemente ha vuelto a trabajar en atención al cliente, piensa "en la suerte" que han tenido "todos estos años como familia" pudiendo acompañar a los tres pequeños "en todos sus momentos y rutinas”. Esto no impide, reconoce, que el entorno, aunque al principio de pedir la excedencia entendió la decisión, cuando se alargó en el tiempo empezara a preguntarle cuándo volvería al trabajo. “Con los gemelos, sin embargo, sí que vieron normal que me quedara en casa”, matiza.

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