Misc 23/04/2021

¿Por qué nos gustan las sagas y las novelas de 1.000 páginas?

J.K. Rowling, Ken Follett, George R.R. Martin y Joyce Carol Oates han triunfado gracias a novelas de una gran extensión

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Una imagen de la serie 'Gacho  de truenos', basada en la saga de George R.R. Martin
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Barcelona"Los grandes fenómenos de consumo masivo de literatura de las dos últimas décadas son de más de un libro: solo hay que pensar en el Harry Potter de J.K. Rowling, en la tetralogía de Carlos Ruiz Zafón –que inauguró La sombra del viento– y en Los juegos del hambre de Suzanne Collins", explica Ricard Ruiz Garzón, escritor y profesor de la Escola de Escriptura del Ateneu Barcelonès.

"Podemos hablar de dos grandes líneas en la narrativa contemporánea: está la tendencia a escribir textos más breves y a hacer novelas más fragmentarias –también a recuperar la novela breve como formato–, pero también se da el fenómeno inverso, el de la gran repercusión de la novela extensa y la serialización". Ruiz Garzón recuerda que quizás hay un efecto pendular: "Las cosas cortas enganchan, pero si se dan por entregas acaban haciendo pensar en el folletín, que trabajaron en el siglo XIX con muy buenos resultados Charles Dickens y Alexandre Dumas". Hay ejemplos de novelas de una longitud y repercusión remarcables en todos los géneros y países, desde las largas reconstrucciones históricas de Ken Follett y Jaume Cabré hasta las novelas de terror de Stephen King, la complejidad psicológica de los grandes frescos narrativos de Joyce Carol Oates, Hanya Yanahigara y Nino Haratischwili, y la aproximación al fantástico desde miradas tan diferentes como las de Haruki Murakami, Patrick Rothfuss y George R.R. Martin. Todos ellos comparten haber publicado libros de más de un millar de páginas.

El efecto Netflix

"El caso de Martin es curioso porque empezó haciendo de guionista en La dimensión desconocida –recuerda Ruiz Garzón–. A partir de ahí se puso a escribir novelas, y cuando el éxito de Juego de tronos se trasladó al formato audiovisual, él siguió trabajando en su saga. Todavía no ha encontrado la manera de cerrarla, hecho que genera expectación pero que también puede jugarle en contra". Para Ruiz Garzón, en George R.R. Martin convive una doble inteligencia, la del novelista y la del guionista de series. "Se consume cada vez más audiovisual, y como profesor de narrativa noto el efecto de Netflix y HBO en la creatividad de mis alumnos –añade–. Los hay que vienen con un proyecto, no de una novela o de una trilogía, ¡sino con una decalogía en la cabeza!" En este sentido, el escritor y profesor hace memoria sobre Mark Z. Danielewski y el ambicioso proyecto que empezó poco después del éxito de la fragmentaria y a la vez extensa Casa de hojas: el intento de levantar una serie de 27 novelas de un millar de páginas cada una, que abandonó después del quinto volumen. "Escribir un solo libro es difícil: lo que se proponía Danielewski era casi imposible", dice.

Para Ruiz Garzón hay "una necesidad más grande que nunca de relatos, ya sean ficciones puras o injertadas de formatos próximos al documental y la autobiografía". Karl Ove Knausgard levantó un sexteto de libros de memorias, Mi lucha, que sumaba más de 3.000 páginas y que además de tener muy buenas ventas en Noruega se tradujo a una veintena de lenguas. "El ejemplo de Knausgard lo tenemos que conectar más con proyectos como el de Marcel Proust –continúa– que se proponen profundizar en la voz del narrador y su mundo con exigencia literaria y un grande detallisme".

"A veces se puede llegar a dar el caso de que una ficción crezca al margen de sus autores –dice Ruiz Garzón–. Pasó con la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer, que motivó una fan fiction más cañera por parte de una autora entonces desconocida, E.L. James". La autora británica acabó vendiendo más de 135 millones de la trilogía bautizada como Cincuenta sombras de Grey, a las que añadió dos novelas escritas desde el punto de vista de Christian Grey. "Como lectores queremos saberlo todo de los personajes, quizás por eso pedimos novelas tan largas: si estamos cómodos en un mundo queremos que nos dure –recuerda–. Como autores, sin embargo, tenemos que aprender a administrar los vacíos y los silencios. Si queremos acudir a un lugar donde se pretende explicar todo, este lugar ya existe: son las redes sociales".

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