España y el error del sistema
El ministro Puente nos invitó ayer a sumar dos más dos sin decir cuatro: "Se toma la decisión de que el tren que impacta contra el Iryo [parado] reanude la marcha con normalidad. Es inexplicable [...]. Es una decisión errónea [...]. Es verdaderamente inverosímil". O sea que la culpa no fue del sistema, sino de una persona. Excepto decir su nombre, la dejó bien señalada.
No dudaremos que fue así. Pero un accidente es una desgracia. Dos accidentes con 114 muertos no son dos desgracias, solamente. Son el sistema. El sistema al que han contribuido tanto el PSOE como el PP.
España es el segundo país del mundo con más kilómetros de alta velocidad (unos 4.100), solo por detrás de China. España es el primer país de Europa con más kilómetros de autopistas y autovías (unos 15.800), muy por encima de Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido.
Para hacer la alta velocidad se desatendió la inversión en todos los cercanías de España. Y del estado y el servicio que dan las autopistas y las autovías pueden hablar los usuarios de la AP-7 y los de la A-2. Las infraestructuras viarias españolas son víctimas de una obsesión electoralista inauguradora. Y de un ataque de importancia: ¿dónde están hoy el prestigio y la modernidad que pretendía comprarse España con la alta velocidad, después de este 2026 negro? Y no hace falta llegar a estos dos accidentes horribles: el servicio de alta velocidad ya hace años que no es tan fiable como al principio. Hacen unas estaciones y unos túneles y unas inversiones colosales, pero después no lo pueden mantener.
Nos compadecemos de los familiares de las víctimas, pero en Cataluña ya hace años que sabemos que los trenes no funcionan. Y una vez más, lo que empieza pasando aquí, acaba pasando allá.