25/12/2021

Se hace largo esperar

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Se hace largo esperar

«Oh, que llarga que es fa sempre l’espera
quan s’espera que vindrà el pitjor
i que trista que es fa la llarga espera
quan s’espera la mort de l’amor.
Quan s’espera que ja tot s’acabi
per tot d’una tornar a començar,
quan s’espera que el món tot s’enfonsi
per tornar-lo a edificar,
es fa llarg, es fa llarg esperar»
Pau Riba, 1975

Que no, que este año tampoco estaremos todos. El tiempo va pasando indiferente mientras algunas de nuestras personas queridas nos van dejando a nosotros por el camino. Pero el mundo gira terco y no se para ni cuando se marchan los nuestros y su recuerdo se nos queda confinado en la memoria, en los gestos o, con un poco de suerte, en alguno de nuestros actos.

Hemos hecho frente ya a seis oleadas, tiempo suficiente para darnos cuenta de que las cosas importantes son las que no lo parecen, que Navidad es cada día y que dar gracias es importante, que los abrazos curan.

Hemos pasado otro año difícil en el que hemos tenido que correr el doble para -con suerte- mantenernos en el mismo lugar, como Alicia en el País de las Maravillas. Ha sido un año salvaje, estamos cansados pero estamos vivos y podremos sentir el frío en la piel y ver cómo se hace de día y cómo se va el sol. Por Navidad y San Esteban quizás alguien nos cogerá la mano cuando las emociones nos desborden, quizás podremos cocinar para alguien querido o quizás alguien con generosidad nos pondrá un plato en la mesa y el pastelero habrá vuelto a hacer los turrones con la honestidad del oficio.

Sillas vacías

También tendremos la suerte de poder pagar la calefacción y desenvolver un regalo que alguien habrá pensado solo para hacernos sonreír con un gesto de complicidad.

Será otra Navidad extraña, con muchas sillas vacías y la tristeza de saber que la peor distancia no es el espacio sino el tiempo. Los más afortunados serán los que tienen niños cerca con la ilusión por estrenar. Sois los que seguiréis en el pasillo dando conversación y haciendo compañía a la hija confinada en la habitación o los que habéis elegido contagiaros todos para no tenerla aislada. También sois afortunados los que haréis salidas nocturnas con los renos o los camellos para traer patinetes y cocinitas envueltas con papel de regalo. Si es de alguien, la vida entera es hoy de las mujeres que esperáis a los que todavía no conocemos pero representan ya toda la esperanza renovada en la humanidad.

A los adultos nos pesan los muertos y para los viejos la Navidad está llena de fantasmas. Pero siempre hay alguien por quien hacer el esfuerzo de intentarlo, alguien o algunos que forman parte de la familia de sangre o de la que elegimos con los años.

Habrá un momento de calidez a pesar de todas las dificultades de la pandemia. A pesar de las dificultades económicas, a pesar de la dureza de vivir cada minuto de Alzheimer de la abuela y el cáncer del abuelo, que no sabemos si volverá a plantar tomates. Aunque la pandemia haya congelado tus planes laborales, aunque estés preocupada porque tienes que encontrar un piso decente y asequible antes de febrero donde se puedan volver a hacer deberes y dejar juguetes por el medio despreocupadamente. Aunque el adolescente no consiga comer y la ansiedad de la pandemia y la exigencia lo hayan atrapado. Aunque nos cueste no tener los abrazos que son la terapia contra nuestros miedos.

Gracias

A pesar de todo, habrá motivos para sentirse afortunado. Habrá, más que nunca, motivos de agradecimiento a la vida, a los otros, a las pequeñas cosas que son las grandes. No nos faltan motivos para dar las gracias a los que han pilotado la lucha contra la enfermedad: científicos y personal sanitario. Los que han colaborado para encontrar vacunas y los que las han administrado. Gracias a aquellos que todavía hoy hacen guardia en el hospital y no pueden más. Ellas y ellos han tenido que pactar durante casi dos años con la presencia permanente de la muerte y han trabajado con profesionalidad y a la vez con calidez humana, a pesar del cansancio físico y mental de ver que el bucle no se acaba. Ellos y ellas han sido la fuerza de la generosidad humana que aparece cuando las cosas van mal, han tenido la determinación de defender la vida cada vez que colectivamente hemos estado con el agua al cuello.

Feliz Navidad a todos. Gracias por no abandonar a todos aquellos que habéis permitido que la tierra siguiera girando y nuestra sociedad funcionando cuando el cansancio se va apoderando de las reservas de vitalidad.

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