Noelia Castillo, la joven que ha recibido la eutanasia.
Filóloga, editora de la sección de opinión
2 min

Noelia ya está muerta. Y está muerta porque el estado la ha ejecutado. Creo en el estado y en el hecho de que el monopolio de la violencia esté en sus manos. Pero no el de la muerte. La pena de muerte hace décadas que desapareció del funcionamiento de las instituciones españolas. En las cárceles mueren suicidados, pero no eutanasiados. Conviene preguntarse por qué en un hospital debería ser de otra manera. Noelia está muerta porque una comisión ha considerado que su enfermedad no tiene solución a la vista y que la condición crónica e intolerable de su sufrimiento justifica su muerte. Y que la voluntad de poder, finalmente, descansar pasa por encima del resto de sus derechos y deberes. Pero incluso si diéramos por existentes los mitológicos animalitos de la voluntad y la autonomía, habría que preguntarse si el estado puede obedecer el deseo de muerte de alguien cuando este deseo de muerte es un síntoma de su enfermedad. Noelia estaba diagnosticada de un trastorno límite de la personalidad, trastorno atravesado por la ideación suicida. Noelia intentó suicidarse y, cuando esto ocurrió, el sistema sanitario del estado impidió que muriera. Ahora que Noelia ha explicado, en el programa de Sonsoles Ónega, que siempre había pensado que quería "morir guapa", el estado le ha permitido morir. Guapa.La eutanasia para los enfermos mentales es un debate desde hace décadas en Europa. “Si el sufrimiento físico crónico e intolerable sirve como argumento para solicitar la muerte asistida, ¿por qué el psicológico no debería servir?”, dicen. “¿Por qué distinguir un dolor y el otro?”, preguntan. Y añaden una paradoja: algunos pacientes psiquiátricos, cuando reciben el permiso para morir, deciden no hacerlo. Efectivamente, en un estudio de 2015 con pacientes belgas –país donde la eutanasia por sufrimiento psicológico está permitida–,  sucedió así: de todos los pacientes que recibieron permiso para morir, ocho se retractaron, quién sabe si reconciliados por la vida al tener a mano la posibilidad de morir en paz o por alguna de las esquinas del azar. Pero hay que decirlo mejor: de todos los pacientes que obtuvieron el permiso para morir, ocho se retractaron; treinta y cinco murieron.Yo no sé si España está preparada para que Noelia sea el primer nombre de una lista, para que se convierta en el precedente práctico de que la muerte para suprimir el dolor psicológico es posible y aceptable en el país. Pero sobre todo no sé si se lo puede permitir. Entre los encuestados por el INE en 2023, más del 14% habían presentado síntomas de depresión recientemente, otro trastorno atravesado por la ideación suicida.El estado no puede renunciar a cuidar a sus enfermos. Es una renuncia al futuro, al progreso, a la maquinaria de la medicina que avanza cada día. Dar por definitivamente perdida una vida enferma a los 25 años es no entender el tiempo que nos ha tocado vivir. Hablar de enfermedades crónicas y dolores irreparables en una época de descubrimientos farmacéuticos diarios es faltar al principio de realidad. Dar la muerte a una joven de 25 años no es el ejercicio de una sociedad “ética y democrática”, como se ha dicho. Es la sociedad de los cuidados repartiendo la pastilla de la muerte.

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