Financiación y gestión de las expectativas

Jordi Pujol y José María Aznar en 1996 en el hotel Majestic sellando el pacto entre CiU y el PP.
09/01/2026
Periodista
2 min

Con los 4.700 millones de euros que le corresponden a Catalunya según el acuerdo entre Sánchez y Junqueras, Jordi Pujol habría hecho un "coge el dinero y corre" de manual. Lo habrían hecho Pujol y la mayoría de presidentes que le han sucedido. Y como también se ha acordado el respeto al principio de ordinalidad y el fin de los anticipos, no sería cuestión de ponerse chupas.

Nada nuevo bajo el sol: un partido catalán tiene una de las claves de las gobernabilidades española y catalana y negocia la mejora de la financiación de la Generalitat. Y como la Generalitat comparte un sistema de financiación común, el que negocia el partido catalán gracias a su palanca aritmética acaba beneficiando al resto de comunidades. Por eso, cuando ya se vio que el acuerdo no asaltaría el cielo del concierto, la creatividad del departamento de narrativa eufemística inventó el "modelo singular generalizable".

El problema es que venimos de expectativas más altas. Primero fue el pan entero, que no pudo ser. Justo por debajo de la independencia se encuentra el concierto económico, que representa la independencia en la legislación, la recaudación y la liquidación de los impuestos. Y sin cuota de solidaridad con España. Esto es lo que tienen País Vasco y Navarra. No estamos aquí. Ni tampoco en la Agencia Tributaria, que inicialmente debía recaudar el IRPF este año 2026 y no se pondrá hasta el 2028. Estamos, pues, en un acuerdo de clara mejora que queda lejos de la letra y la música (soberanía fiscal) con la que Esquerra lo presentó en el 2023.

Nada nuevo, tampoco. Como tampoco es nueva la reacción celtibérica de los españoles y muy españoles, que cuando Aznar pactó su investidura en 1996 con CiU a cambio del 30% del IRPF lo encontraron bien.

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