Pablo Echenique con Irene Montero y Gabriel Rufián en una imagen de archivo.
23/03/2026
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"Hacer equipo con Gabriel [Rufián] me parece una gran idea", dijo hace unos días Irene Montero, en un cambio significativo de actitud. En Sumar se ha retirado de la primera línea la enemiga más odiada de Montero, Yolanda Díaz, quien ha dejado claro que terminará su actual mandato como vicepresidenta del gobierno español, pero que ya no se presentará como candidata de Sumar. También hace ya unos días que Yolanda Díaz dejó clara su buena disposición a la posibilidad de unir (o subsumir) Sumar en un proyecto más amplio de las izquierdas-a la izquierda-del-PSOE para concurrir a las elecciones generales, tal y como propone el portavoz de ERC en el Congreso, el susodicho Gabriel Rufián, convertido en la merlera blanca ( mirlo blanco, ya me excusarán) de las izquierdas, de lo que Salvador Espriu llamaba la piel de toro. Es decir: izquierdas catalanas, gallegas, vascas y españolas, izquierdas independentistas y unionistas, unidas para detener el pase a la derecha y la extrema derecha. De esto en buena parte iban algunas de las obras principales de Espriu, como la pieza teatral Primera historia de Esther o los poemas de La piel de toro. Estamos en las inmediaciones del iberismo, la idea de una península Ibérica formada por un conjunto de culturas y lenguas (la portuguesa, la castellana, la vasca, la gallega y la catalana, que incluye Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares) que deben convivir en paz, respeto y conocimiento mutuo. Una idea que Espriu retoma de Joan Maragall y que han defendido a otros intelectuales: recientemente, el portugués José Saramago o el asturiano Xuan Bello.

A su vez, la propuesta de un frente de izquierdas se inspira en la experiencia reciente de un frente similar en Francia (experiencia fallida, por el abuso de Macron imponiendo primeros ministros de su cuerda, pero también por la desarticulación interna del frente y las ganas de mandar de Mélenchon) y responde, sin disimular, al tono frontal al tono frontal el debate público español. Los detractores de la idea dicen que ni el iberismo ni el federalismo han prosperado nunca en España y que es imposible que lo hagan por culpa de la vocación (incluso la inercia) que tiene el nacionalismo español de querer imponerse a las minorías nacionales y culturales, y que un frente como el que parece que se empieza a gestar moriría formarlo. Por su parte, los partidarios de la idea pueden esgrimir que es tan imposible el iberismo, el federalismo y el frente de izquierdas como el independentismo y el unionismo españolista, que son también ideologías repetidamente fracasadas.

De momento, el objetivo que anunció Rufián para el proyecto del frente de izquierdas es restar fuerza electoral a Vox, lo que efectivamente sucedería en caso de que el proyecto saliera adelante (otra cosa es que fuera suficiente para evitar una mayoría PP-Vox). En caso de que saliera adelante, tiene otro aliciente: alejarse de lo previsto. Sólo eso, en ocasiones, ya es un valor.

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