Arda Turan enviando el balón a la red en uno de sus tres goles contra el Borussia Mönchengladbach.
25/06/2026
Escritora
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Ha causado cierto escándalo que el portero del Sabadell Diego Fuoli celebrara el ascenso de su equipo a Segunda División entonando, desde el balcón del Ayuntamiento de Sabadell, un cántico insultante contra Pedro Sánchez, coreado por una parte de los seguidores que se encontraban en la plaza. No se acaba de entender la polémica: Fuoli y los aficionados cantores se encontraban en el típico ambiente tan propio del fútbol: celebración, distensión, comunión, sana camaradería, espíritu de equipo, ilusión compartida y una pizca –nada, apenas una chispa– de espirituosos, estupefacientes y testosterona. Todo sin malicia, naturalmente, porque el fútbol no entiende de las cosas de la política. El fútbol, ya se sabe, es la cosa más importante de las cosas nada importantes (gran sonrisa en el rostro de quien repite este tópico).Los cantos de Fuoli –que, curiosamente, son los de la derecha y la extrema derecha españolas, pero esto también es casualidad– son perfectamente coherentes con el tono general de la mayoría de noticias no estrictamente deportivas que llegan del fútbol, y, además, en todas sus categorías. Desde los padres que animan a sus hijos a matar al contrario o a agredir al árbitro (o que se danpalizas con otros padres) en los torneos escolares o infantiles hasta los jugadores, las aficiones y las directivas de las altas competiciones que hacen ostentación de un comportamiento impresentable tanto dentro como fuera del campo, el desfile de modelos para la juventud es constante. Ejemplos: Raúl Asencio (Real Madrid, procesado por dos delitos contra la intimidad), Álvaro Aguado (exRCD Espanyol, procesado por agresión sexual), Santi Mina (ex Valencia CF, condenado por abuso sexual), Dani Alves (ex-Barça, por violación: condenado, encarcelado y finalmente absuelto). La lista de violadores y agresores sexuales en el mundo del fútbol podría ocupar la extensión de un puñado de artículos como este. La lista de evasiones y fraudes fiscales, todo el diario. Alves, por cierto, una vez fuera de la cárcel se ha hecho predicador evangelista, una forma honesta de difundir la palabra divina. Messi visitó a Trump el pasado mes de marzo y se hizo unas fotos, bien sonrientes ambos. En París, la celebración de la Champions del PSG se saldó con caos en las calles, tres muertos y cerca de 800 detenidos. La complicidad de la FIFA y de su presidente, Gianni Infantino, con regímenes totalitarios, petrodictaduras y –otra vez– Trump es descarada hasta la obscenidad. Son el tipo de noticias habitualmente relacionadas con el fútbol (no con otros deportes, o no tanto), a menudo despachadas con cuatro bromas y algún comentario de rutina.Todos somos mayores y más bien difíciles de escandalizar, y por eso mismo, ya que la murga diaria y obsesiva con el fútbol debe ser inevitable (por las masas de dinero y de gente que mueve, no por el interés del juego en sí), al menos ahorrémonos las exclamaciones cada vez que un futbolista, un aficionado o un directivo descarrile o directamente cometa un delito. El fútbol es así, y mucho.

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