Gangsterismo geopolítico
Vaya por delante que ya los clásicos, de Cicerón a Plutarco, defendían el tiranicidio y que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, sigue vivo y es un dictador que ha sometido a su pueblo convirtiendo al país en una mísera cárcel. Dicho esto, la intervención estadounidense para controlar Venezuela es un desastre geopolítico. Trump convierte la política exterior en una película de serie B titulada Martillo de la medianoche, anunciada para luchar contra el narcotráfico y –sin rubor alguno– para beneficiarse abiertamente de las enormes reservas petroleras venezolanas.
Muchas incógnitas siguen abiertas tras la captura de Maduro y de su mujer. Principalmente, qué participación ha tenido en la operación un ejército que el sábado estaba desaparecido de las calles del país y unos dirigentes del régimen que aparecieron desunidos y temblorosos y que dejan el control del país en manos estadounidenses.
Una Venezuela dividida
La principal pregunta es cómo EEUU pretende "dirigir al país hasta que haya una transición" como anunció Donald Trump en la rueda de prensa de la victoria. El presidente estadounidense amenazó con una nueva operación militar que estaría preparada, pero habrá que ver cómo evolucionan las calles de Venezuela, una sociedad castigada y dividida. También estaría bien escuchar a la líder de la oposición, Maria Corina Machado, despreciada por la operación trumpista.
Trump ha sacado pecho de la nueva estrategia de seguridad nacional y si hasta la fecha en Venezuela, la Doctrina Monroe no se había aplicado tanto como una ley formal, sino como una lógica de fondo: Estados Unidos no acepta gobiernos ni alianzas que escapen de su control en el hemisferio occidental, ahora ya no es. Venezuela se ha convertido en un caso emblemático del choque entre soberanía nacional y hegemonía regional, en donde una doctrina del siglo XIX se impone en la política del siglo XXI. Y nadie puede afirmar que Nicaragua, Colombia o Cuba vayan detrás de Venezuela.
La operación de Trump se ha realizado con desprecio a la legalidad interna y externa. La operación no sólo carece de base jurídica sólida, sino que también pone en riesgo la estabilidad regional y erosiona la credibilidad internacional de Estados Unidos. En el ámbito interno, es palmaria la falta de autorización del Congreso, un requisito clave según la Constitución de Estados Unidos. El presidente sólo puede actuar unilateralmente en situaciones muy concretas, como la autodefensa inmediata frente a una amenaza clara e inminente. Se ha establecido así un peligroso precedente de abuso del poder ejecutivo.
El ataque viola también principios fundamentales del derecho internacional, especialmente la prohibición del uso de la fuerza contra un estado soberano sin mandato de Naciones Unidas. Estados Unidos se sitúa en una posición contradictoria: exigen respeto por las normas globales mientras las ignoran cuando les conviene. De esta forma erosiona el orden internacional basado en reglas y debilita la capacidad de Washington para liderar con legitimidad en un contexto geopolítico cada vez más tenso.
La administración no ha explicado qué pretende conseguir con el ataque más allá del control petrolero, a través de quién controlará el país, ni cómo piensa evitar una escalada del conflicto.
Venezuela ya vive una crisis humanitaria profunda, con escasez de alimentos, medicamentos y servicios básicos. Una escalada militar puede empeorar dramáticamente la situación.
La credibilidad de EE.UU.
La operación de Trump deja aún más debilitada la credibilidad de EE.UU. Actuando sin base legal clara y sin apoyo internacional, Washington compromete su autoridad moral y debilita las alianzas democráticas. Trump decía el sábado que el "país es respetado como nunca antes", pero se equivoca. Estados Unidos ya no es un referente democrático ni estabilizador. Son un país en manos de un megalómano que en la práctica se ha repartido el mundo con otros depredadores en zonas de influencia. ¿A partir de ahora China y Rusia también tienen carta blanca? ¿Pueden actuar sin límites en Ucrania o Taiwán?
Hoy tenemos un liderazgo mundial repartido en el que se imponen EEUU, China y Rusia sobre el mundo en áreas de influencia donde cada uno de los depredadores actuará según su interés. Europa tiene su oportunidad, pero tendrá que despiertarse del sueño. No tiene aliados y la seguridad de Europa dependerá sólo de las decisiones de la Unión. Sigue siendo una potencia económica y como tal deberá comportarse. Sigue siendo una reserva de los derechos humanos y así deberá demostrarlo. Nadie le espera, ni le ayudará.