27/12/2021

Libros y unicornios en los mensajes institucionales

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Fin de semana navideño y de mensajes institucionales. La noche de Navidad, como es tradición, el rey Felipe ofrecía su discurso, esta vez en un espacio anodino del Palacio de la Zarzuela preparado especialmente para convertirse en un pequeño set televisivo, frío y artificial, para enviar unas palabras a sus súbditos. En la tade de Sant Esteve fue el turno del president Aragonès, inaugurando una nueva fecha para dirigirse a los catalanes. El 26 de diciembre es la festividad que singulariza Catalunya. El discurso se emitió a continuación del Concierto de Sant Esteve, justo después del anuncio de una sugerente oferta de sujetadores rojos de Lidl. El espacio escogido como contexto era la escuela pública Rosselló Pòrcel de Santa Coloma de Gramenet. Al inicio, unas imágenes del centro, vacío y decorado de Navidad por los alumnos, servía de homenaje al sector de la educación y, a su vez, de reivindicación en relación a los ataques que ha recibido la escuela catalana en las últimas semanas.

En el discurso del monarca, aparte de las banderas española y europea y el opulento árbol de Nadal, ocupaban la escena dos cuadros de arte contemporáneo, uno de ellos de Ràfols-Casamada. También unas fotografías oficiales de las niñas con mascarilla y dos libros significativos: Constituciones Españolas 1812/1978 y Biblioteca Nacional de España, 300 años haciendo historia. Cuando Aragonès apareció en el aula parecía un niño a punto de recitar el versículo de Navidad ante los padres en la fiesta de la escuela. Detrás, la única legislación era la de un póster que resumía los derechos de los niños. Los libros que rodeaban al president eran mucho más populares. El secreto del Unicornio de Las aventuras de Tintín y Cuentos para niñas rebeldes. Las carpetas con los nombres de los alumnos, de Arnau a Javi, el globo terráqueo y un letrero en los pasillos hecho por los niños deseando felices fiestas en varios idiomas traslucía esta mirada inclusiva y global que muchos intentan negar en la escuela. En contraste con la lujosa decoración navideña de la Zarzuela, las manualidades con ceras y cartulina proyectaban el orgullo de la austeridad y la sensibilidad por los niños.

La realización televisiva del discurso del monarca era artificial. Cada cambio de plano era lento, recargado y parecía una excusa para facilitar la grabación por partes. El mensaje de Felipe VI transmitía el vacío y la monotonía tradicional de Borbones. Estaba escrito para ser resumido por las agencias de noticias y redactado para parecer que dices pero sin decir nada. Aragonès sostuvo el discurso en un único plano y lo hizo con mucha más intencionalidad comunicativa. Y aprovechó que los conciudadanos estábamos bajo los efectos de los turrones para anunciarnos una posible embarrancada de la mesa de diálogo antes de que empiece. El mensaje tenía más de vaticinio que de institucional, haciendo hincapié, sin duda, en nuestro secreto del unicornio particular.