Luis Bárcenas llega este lunes a la Audiencia Nacional
Act. hace 24 min
Escritor
2 min

Y también M.R., y el Asturiano, y el Barbas, unos apodos que remiten al mundo del hampa y que eran todas formas de referirse a Mariano Rajoy. La respuesta que el Partido Popular actual da a los hechos que emergen estos días en el juicio que tiene lugar en la Audiencia Nacional, y que su horripilante portavoz Miguel Tellado repite cada día, es que de todo eso ya hace mucho tiempo y que los dirigentes actuales del partido no tienen nada que ver. El argumento no se sostiene mucho, empezando por el hecho de que el Partido Popular sigue teniendo su sede central en un edificio que fue pagado en B (Pablo Casado, si lo recuerdan, fue eliminado por haber reconocido este hecho, que por otra parte está recogido en sentencia judicial). La trama Kitchen incluye otro elemento especialmente grave: la policía patriótica, con episodios tan estimulantes como el del asaltante que irrumpió en casa de la familia Bárcenas disfrazado de cura. Y si nos fijamos en el juez instructor García Castellón deberíamos hablar, también, de judicatura patriótica, es decir: policías y jueces al servicio de los intereses del Partido Popular.Según la sentencia del caso Gürtel, el rastro probado de la existencia de la caja B del Partido Popular tampoco comenzó con Rajoy ni con Bárcenas, sino que se remonta como mínimo al año 1989. Todo indica que la corrupción, en el PP, es un elemento estructural, una herramienta que mantiene en funcionamiento la organización (por eso la misma sentencia del caso Gürtel hablaba de organización criminal) y que el partido ha ido actuando de forma corrupta a lo largo de los años y de las décadas, mientras se iban sucediendo los tesoreros, secretarios generales, presidentes, etc.Luis Bárcenas es alguien que todavía habla de contabilidad extracomptable con un aplomo considerable y que en los buenos tiempos también tenía un apodo, Luis el Cabrón. Pero lo cierto es que, solo con lo que declaró este lunes (después de una dilación de trece años: la justicia lenta es siempre mala justicia) muchos partidos políticos se tambalearían o se verían obligados a desaparecer. Sin ir más lejos, Convergència, que fue el pilar de la política catalana, tuvo que cerrar el chiringuito y afrontar una difícil recomposición, escindida entre Junts y el PDECat, a causa de la corrupción. Su socio, Unió, se extinguió por el mismo motivo. Es cierto que la mayoría de los que se enriquecieron han encontrado la manera de salir indemnes, pero los partidos desaparecieron.El Partido Popular, en cambio, sigue en pie, y seguirá en pie, porque (a diferencia del PSOE, por mucho que se esfuerce) es una pieza verdaderamente sistémica del poder español. En torno a este partido gravita buena parte del Ibex-35 y del sistema bancario, la judicatura y la mayoría de los medios de comunicación más influyentes. Incluso ha generado una segunda marca, Vox, que le hace la competencia pero a la vez lo apuntala. Ni la Kitchen ni la Gürtel harán caer al PP, porque siempre hay alguien que necesita algo, y de este principio tan simple el PP ha hecho una nación, una bandera y una manera de entender el poder.

stats