15/01/2021

La cara más amarga de la pandemia

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Tres usuaris d'El Caliu fa cua per recollir la bossa de menjar

BarcelonaSolo hay que hacer un recorrido por algunas calles de las principales ciudades del país para distinguir, ante una iglesia, un ateneo o un local cualquiera, una cola de gente que espera con un carro de la compra. Y si nos acercamos comprobaremos que son personas que hacen cola para recoger comida que de forma solidaria reparten diferentes entidades sociales. La afluencia a estos comedores sociales se ha doblado o triplicado con personas que hace poco tenían trabajo estable, según los testimonios recogidos por el diario ARA de diferentes de estas entidades; una manera de subrayar que, junto al drama sanitario provocado por la pandemia, con decenas de muertos diarios, hay también un drama social que habrá que gestionar durante más tiempo.

No por casualidad, la Unión Europea ha decidido que en España le corresponden 10.500 millones más de los fondos europeos en forma de subvención que se tienen que destinar a la reconstrucción, después de recalcular del impacto económico de la pandemia. Recordemos que la caída del PIB español y catalán durante el 2020, que se calcula que será de entre un 10% y un 12%, dobla la de otros países como por ejemplo Alemania (5%). El impacto económico, que es fácilmente comprobable cuando se ven centenares de negocios cerrados en nuestras calles, será diferente del de la crisis del 2008, pero la imagen de las colas en los comedores sociales se repite.

Y eso que en esta crisis se han desplegado una serie de políticas de protección social, como por ejemplo los ERTE, que están amortizando el impacto; pero hay dudas serias sobre cuál será al paisaje económico cuando pase la pandemia. De entrada, muchos de estos puestos de trabajo que ahora se están manteniendo con ayudas estatales no se podrán mantener porque pertenecen a sectores, el turístico por ejemplo, que tardarán años en recuperar los niveles del 2019. El reto económico y social, pues, es ingente, porque por un lado habrá que construir una red social lo bastante potente para que miles de familias no se hundan en la miseria y, por otro, habrá que diseñar planes para recolocar al menos una parte de este contingente de nuevos parados en otros sectores más sostenibles.

Este es justamente el objetivo del vital plan de reconstrucción económica diseñado por Europa, que quiere aprovechar la oportunidad para dar un salto en el ámbito de la digitalización y de la economía verde. Los gobiernos, y la sociedad en su conjunto, tendrán que ser conscientes, sin embargo, que el cambio no se podrá hacer en cuatro días, del mismo modo que todavía hay gente que no se ha recuperado de la crisis de 2008-2012, en la que miles de personas fueron expulsadas del sector de la construcción, que estaba claramente sobredimensionado.

En este caso, hay que ir con mucha cuidado para evitar que negocios que pueden ser rentables y crear puestos de trabajo no acaben cerrando ahogados por las deudas y la falta de una ayuda puntual. Cada restaurante o bar cerrado, por no hablar de hoteles o parques de atracciones, significa personas en la calle y, como consecuencia, familias a la intemperie. Y las colas que vemos hoy pueden ser solo un adelanto de una realidad mucho más dura si no se actúa a tiempo con decisiones estratégicas.

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