Reforma 'antitrust' en la UE: ¿fusiones o más mercado único?

Teresa Ribera, vicepresidenta de competencia de la Comisión Europea, con la presidenta Ursula Von der Leyen, el 6 de mayo en Bruselas.
08/05/2026
Economista, IESE
3 min

La Unión Europea se encuentra ante uno de los debates económicos más importantes de los próximos años: ¿hay que flexibilizar las normas de competencia para permitir la creación de grandes empresas europeas capaces de competir con los gigantes norteamericanos y chinos? ¿O, antes de relajar el control de fusiones, Europa debería completar su mercado único?

La cuestión ha ganado fuerza a raíz de la reforma que prepara la Comisión Europea sobre los criterios con que analiza las fusiones y adquisiciones empresariales. Bruselas quiere dar más peso a la resiliencia, la inversión y la innovación, con el objetivo de fomentar empresas europeas de mayor dimensión. Esto implicaría reducir el protagonismo sobre los precios que hasta ahora tenía el impacto a corto plazo de las fusiones.

Europa tiene dificultades para generar grandes corporaciones globales en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la computación cuántica, la energía limpia, las telecomunicaciones y la defensa. Muchas veces las empresas europeas a menudo operan en mercados demasiado fragmentados para alcanzar la escala de sus competidores americanos y chinos.

Los informes de Enrico Letta y Mario Draghi sobre la competitividad europea refuerzan este diagnóstico. Draghi defiende que la política de competencia debería valorar más la capacidad de innovación e inversión de las empresas fusionadas, no solo los posibles efectos negativos sobre los precios. También apunta que la regulación europea es demasiado intrusiva, burocrática y compleja, y que puede frenar la innovación y la adopción de nuevas tecnologías.

Ahora bien, no es evidente que relajar el control de fusiones sea ni necesario ni suficiente para crear “campeones europeos”. La prohibición de la fusión entre Alstom y Siemens fue controvertida, pero no está claro que haya disminuido la competitividad europea en los trenes de alta velocidad. El factor decisivo es el tamaño del mercado donde operan. Si el mercado europeo continúa fragmentado por fronteras nacionales, regulaciones diferentes e intereses estatales, una fusión puede crear empresas más grandes dentro de un país y con más poder de mercado, pero no necesariamente empresas europeas más competitivas a escala global.

La UE dispone de una autoridad de competencia independiente, menos sometida a cambios políticos que los organismos equivalentes de EE. UU. y China. Esta estabilidad regulatoria puede ser atractiva para la inversión a largo plazo al ofrecer más seguridad jurídica y menos dependencia de los caprichos del poder político. Pero esta virtud institucional no puede compensar la falta de un mercado interior plenamente integrado.

En telecomunicaciones, los grandes operadores europeos llevan años denunciando que la fragmentación del mercado dificulta el despliegue de redes de 5G y de fibra óptica: las subastas del espectro continúan organizadas por estados miembros, mientras que en EE. UU., por ejemplo, se hacen a escala nacional. En este contexto, permitir fusiones nacionales podría aumentar el poder de mercado sin resolver la fragmentación de fondo.

Lo mismo ocurre en el sector bancario. Europa no ha completado la unión bancaria, especialmente en el seguro común de depósitos y en los mecanismos de resolución. Esto dificulta las fusiones transfronterizas y mantiene a los bancos europeos en una posición menos competitiva respecto a los norteamericanos. También pesa el nacionalismo económico, como muestran las reticencias políticas ante operaciones transfronterizas como el interés de UniCredit por Commerzbank.

La Comisión parece consciente de este riesgo. Teresa Ribera ha advertido que la integración del mercado y los campeones europeos son dos cuestiones relacionadas. La UE podría modernizar su política de competencia incorporando criterios más amplios –innovación, inversión, resiliencia, sostenibilidad y seguridad de suministro–, pero sin abandonar el principio de que la competencia protege a los consumidores, a las pequeñas empresas y a la innovación. Las alianzas de I+D son una alternativa para compartir costes y conocimiento sin eliminar competidores del mercado.

Europa necesita empresas con más escala, y para ello se necesita un mercado más integrado. La flexibilización de las fusiones puede ayudar en algunos casos, sobre todo en sectores de alta tecnología o de elevada intensidad de capital. Pero si esta flexibilización se convierte en un atajo para evitar reformas más profundas, el resultado podría ser contraproducente: menos competencia, precios más altos y empresas grandes pero protegidas, no necesariamente innovadoras.

La reforma de la legislació antitrust europea será, por tanto, una prueba decisiva del modelo económico que quiere construir la UE. Si Bruselas consigue combinar una política de competencia moderna con una verdadera integración del mercado interior, Europa podrá generar empresas más grandes sin sacrificar la competencia.

stats