Un sintecho llamado Europa
No podemos dejar de hablar de Trump. Porque es el presidente de Estados Unidos, porque está en modo de comunicación 24/7 y porque su presidencia está sacudiendo al mundo, y no para bien. De hecho, con la amenaza a Groenlandia, Europa ha acabado de sentirse definitivamente desahuciada y sin techo. Trump está desmantelando el que desde 1945 había sido el tejado de seguridad europeo. De acuerdo con la nueva y oscura doctrina de seguridad nacional, Washington considera que nosotros sólo somos una civilización en vías de desaparición y que sólo nos salvaremos si nos entregamos a la ultraderecha.
Trump ocupa todo el espacio. Decide de qué se habla y qué no. Se mueve de forma espectacular en la expectación, el miedo y el caos. Siempre que habla, el mundo no tiene más remedio que escucharle. El estado que él representa y los negocios que impulsa son el mismo. Su mentalidad negociadora, en la que sólo gana él (porque tu beneficio es el único hecho de no enfadarle), se complementa con su mentalidad de promotor inmobiliario. Dispone de un ejército suficientemente poderoso para plantearle a Rusia una permuta: Cuba para mí (controlar el petróleo de Venezuela es ahogar el régimen de La Habana) y el pedazo de Ucrania que sea necesario para ti.
El discurso de Trump está lleno de trampas y mentiras. Sus índices de aprobación presidencial son negativos. Y si existe alguna sociedad amenazada de desmembramiento, víctima de la desigualdad, la desprotección social y el racismo es la americana. Europa debe construirse otro techo, firme, basado en sus convicciones fundacionales y haciendo las mínimas concesiones posibles. La política de apaciguamiento no servirá. Debemos empezar a aprender a vivir al descubierto americano.