Política  /  Govern 21/05/2022

El tímido arranque de la 'revolución digital' en el transporte público

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Una máquina validadora de T-Movilidad

BarcelonaLa determinación del Govern de poner en marcha la T-Mobilitat –el billete de transporte público digital y contactless– esta legislatura es tan rotunda que incluso ya ha marcado una fecha para el apagón magnético, es decir, para dar el adiós definitivo a los billetes de transporte de cartón. Será a finales del año que viene. Así lo confirmó al ARA el director de la Autoridad del Transporte Metropolitano (ATM), Pere Torres, a principios de mayo. De hecho, todas las instituciones implicadas admiten con el micrófono apagado que la T-Mobilitat tiene que salir adelante "sí o sí" a pesar de todas las trabas que acumula en estos casi siete años de retraso. Vista la trayectoria, el anterior Govern decidió abstenerse de dar más fechas concretas para evitar incumplimientos, pero ahora el departamento de Vicepresidencia, Políticas Digitales y Territorio ha vuelto a atreverse a marcar en rojo el calendario. Sin ir más lejos, este lunes la conselleria liderada por Jordi Puigneró tiene previsto explicar cómo será el inicio del despliegue de esta nueva forma de pago del transporte en toda Catalunya.

Y es que la T-Mobilitat llega esta primavera a un punto de inflexión. El grueso de los títulos más utilizados (como la T-Jove y la T-Usual) ya está en funcionamiento en el área metropolitana de Barcelona y ahora se hacen unas 160.000 validaciones al día. Una cifra todavía muy modesta. Faltan por incorporar al sistema la T-Casual, que es la tarjeta que sustituye a la histórica T-10, la más utilizada, y también la T-16 para los jóvenes. La promesa es que estarán disponibles "antes de que acabe el verano". Después empezarán las pruebas fuera del área metropolitana (entre 2022 y 2023) y finalmente se implantará en el resto de Catalunya. 

La amenaza permanente

Algunos de los peligros que amenazan con hacer añicos este desafortunado proyecto, sin embargo, siguen muy vivos. Entre ellos destaca la relación con las diferentes empresas que lo desarrollan (SOC Mobilitat, liderada por CaixaBank e Indra) y también con los más de 70 operadores de transporte que hay en Catalunya. Este es un punto clave de la gestión para evitar que vuelva a pasar lo mismo que el otoño pasado cuando CaixaBank e Indra amenazaron con abandonar el proyecto: el banco congeló la financiación e Indra anunció que paraba los trabajos. Si nada se tuerce esta vez, la esperada revolución digital en el transporte podría llegar el año que viene. Ocho años más tarde de lo que se había previsto.

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