El caos en Cercanías

La semana 'horribilis' del Govern por el caos de Cercanías

La descoordinación entre el ejecutivo, Renfe y Adif planeó durante los primeros días de la crisis a raíz del accidente de Gelida

Paneque, Dalmau y Santano, en el encuentro de este lunes por la mañana
31/01/2026
4 min

BarcelonaEl fatídico accidente de Cercanías de la semana pasada en Gelida ha desatado la crisis más grave que ha vivido el Gobierno de Salvador Illa hasta ahora. El martes por la noche, la noticia sobre el descarrilamiento de un tren de la R4 en Gelida con la muerte de uno de los maquinistas que conducían ese convoy, sacudió una deteriorada red ferroviaria. La gravedad del accidente llevó a Renfe, con el visto bueno del Govern y Adif, a paralizar el funcionamiento de Cercanías hasta que se pudiera garantizar la "seguridad" de los usuarios. Todo ello, mientras el ejecutivo organizaba de forma urgente un grupo de coordinación con Renfe y Adif –que se reunió en el departamento de Territori mañana y tarde a lo largo de los siguientes días– para intentar gestionar una crisis que se hacía mayor a medida que pasaban los días. Pero la coordinación brilló por su ausencia. ¿Qué falló?

Con Salvador Illa hospitalizado, el consejero de la Presidencia, Albert Dalmau, tomó las riendas de la crisis, junto a la consejera de Territorio y portavoz del Govern, Sílvia Paneque –que tiene las competencias en infraestructuras–. Al día siguiente del accidente y con la circulación suspendida, Adif traslada al Govern que, tras revisar las vías, la red es apta para que vuelvan a circular los trenes el mismo jueves. Pero el diagnóstico de Adif no coincidió con lo que hacían los maquinistas, que consideraban que todavía no podía garantizarse la seguridad de la red y se negaron a poner en funcionamiento el servicio.

Ese jueves arranca con un nuevo desbarajuste en Cercanías. El Gobierno entendió que la decisión de los maquinistas suponía un boicot de facto a la decisión que habían tomado Adif, Renfe y el propio ejecutivo. Desde el sindicato mayoritario de los maquinistas, Semaf, en cambio, defienden que se plantaron porque el certificado que había presentado Adif no era suficiente para garantizar la seguridad del servicio. El jueves al mediodía se acordó realizar más revisiones con técnicos de Renfe, pero también con representantes de los maquinistas. Tras recibir informes favorables, el Govern anunció la reanudación del servicio para el viernes, una decisión que contó con el aval de los maquinistas.

Se ponen a circular los trenes, pero con retrasos y algunas interrupciones. Mientras, la descoordinación entre el ejecutivo y los dos operadores empieza a hacerse evidente. El Gobierno ve que la comunicación no fluye, que Renfe y Adif prometen una cosa, pero la realidad acaba siendo otra. Por la tarde, se convoca una nueva reunión de coordinación –antes ha habido otro desprendimiento en la R1– que será maratoniano, en la que Dalmau exige a Renfe y Adif acelerar la revisión de todas las vías. El encuentro acaba de madrugada con los dos operadores asegurando que al día siguiente no podrían circular los trenes por no darse las condiciones adecuadas. El Govern hace un comunicado, también de madrugada, para trasladar esta información a los medios de comunicación.

La llegada de Santano

El sábado, sin embargo, sin que Renfe lo comunicara previamente al Gobierno, pone a funcionar los trenes –aunque de forma parcial– en una decisión unilateral. El portavoz de la compañía en Catalunya, Antonio Carmona, tuvo que justificarlo públicamente: Renfe había "trabajado" para intentar garantizar la movilidad ese sábado y que la situación había "evolucionado" desde las tres de la madrugada hasta las seis de la mañana, cuando se pusieron en marcha algunos trenes. Se plasma, por tanto, la descoordinación entre las tres partes y éste acaba siendo el detonante que lleva al ejecutivo a dar un puñetazo sobre la mesa: el conseller Dalmau pide al ministerio de Transportes que intervenga para poner orden en los movimientos de Renfe y Adif, compañías que son propiedad del Estado. Y es precisamente ese sábado cuando aterriza en Catalunya el secretario de estado de Transportes, José Antonio Santano. De hecho, el alto cargo del gobierno español se conecta ya a la reunión de la mañana, donde constata que la coordinación y la comunicación han fallado. Santano permanecerá en Barcelona hasta el miércoles por la tarde.

El domingo, Santano y Paneque ofrecen una rueda de prensa por la tarde para explicar que al día siguiente, el lunes, Cercanías volverá a funcionar e intentan exhibir plena coordinación y que la situación se está enderezando. Aquel domingo por la noche, Dalmau acude al Hospital Vall d'Hebron para explicarle a Isla cuál es la situación y garantizarle que al día siguiente habría trenes. En esta visita, ya valoran la posibilidad de que Dalmau comparezca en el Parlament para explicar toda esta crisis. Las peticiones de dimisión de la consellera habían empezado a llegar por parte de los grupos de la oposición, como Junts, pero también de algunos de los socios, como ERC. En los últimos días, Isla ha estado en contacto permanente con Dalmau, pero también con Paneque; además de mantener interlocución con el ministro de Transportes, Óscar Puente, y el propio presidente español, Pedro Sánchez.

El caos del lunes

La reanudación del servicio prometida el domingo vuelve a quedar en papel mojado. Adif registra un error informático en el centro de mando que tiene en la estación de França y hace que el servicio se detenga dos veces antes de las ocho de la mañana, hora punta. El caos vuelve a apoderarse de la red ferroviaria y el Gobierno pierde la paciencia: exige dimisiones a Renfe y Adif, que se acaban materializando el mismo lunes por la tarde. El martes, con el servicio de Cercanías de nuevo en marcha, pero aún con retrasos, el Govern comienza a prepararse para asumir las críticas al Parlament, donde Dalmau debe comparecer al día siguiente. El consejero de la Presidencia y Silvia Paneque van a ver Isla en la víspera del pleno para preparar la comparecencia de Dalmau.

El Gobierno había reunido a los grupos por videoconferencia para trasladarles en qué punto se encontraba la situación. A la reunión se conectaron todos excepto Vox. En paralelo, el ejecutivo también mantuvo encuentros presenciales con los socios, Esquerra y Comuns. Sin embargo, la mayoría de grupos censuran la gestión de esta crisis y eso se evidencia el miércoles en el Parlament, cuando todos –excepto Comuns– vuelven a exigir la dimisión de la consellera de Territori. Ese mismo miércoles, el Govern hace otro movimiento: pacta con el ejecutivo español y también con ERC que el responsable de la nueva operadora de Cercanías, Òscar Playà, sea quien también pase a dirigir Renfe Catalunya. El último capítulo, hasta ahora, de una crisis que podría reabrirse en cualquier momento.

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