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Sociedad  /  Abusos 30/07/2022

"Noté un pinchazo fuerte y empecé a encontrarme mal": la ola de inyecciones en discotecas llega a Catalunya

Una chica denunció un caso en Lloret y este fin de semana se ha hecho público otro en Barcelona

Aniol Costa-Pau
3 min
El interior de una discoteca en una imagen de archivo

GironaLa madrugada del domingo 10 de julio una joven de 18 años recibió un pinchazo con una jeringuilla mientras bailaba en la pista de una discoteca de Lloret de Mar. La chica, en declaraciones al ARA, explica que salió, igual que de costumbre, a la discoteca St. Trop’, que permite la entrada a adolescentes de más de 16 años, y, en un momento determinado, sintió un pinchazo en el brazo. “Noté un pinchazo fuerte y mucho escozor, después se me durmió todo el brazo y empecé a encontrarme mal, pero pensé que debía de ser la picadura de un insecto, así que intenté no darle más importancia y tranquilizarme”. Al día siguiente, sin embargo, el malestar seguía y el picor en el brazo aumentaba, hasta que su madre, que trabaja en el sector sanitario, vio la parte del cuerpo enrojecida y rápidamente identificó el rastro de un pinchazo de jeringuilla a la altura de los deltoideos. En aquel momento, ante la preocupación de no saber qué le habían inyectado a su hija o las condiciones higiénicas de la aguja, saltaron las alarmas en la familia y empezó el periplo de denunciar los hechos. 

El primer paso fue acudir a un centro de atención primaria (CAP) reclamando un informe toxicológico para averiguar si habían inyectado a la joven algún tipo de droga sedante. Los profesionales sanitarios, a pesar de certificar que se trataba del pinchazo de una aguja, desestimaron hacer la prueba, alegando que hacía más de 12 horas de los hechos y que ya no se encontrarían rastros de ninguna sustancia psicotrópica. La joven acudió entonces a la comisaría de los Mossos d'Esquadra para interponer una denuncia. Los policías, sorprendidos por la naturaleza de los hechos, reconocieron que era la primera vez que recogían este tipo de acusación y que desconocían el protocolo a seguir. Para poner la denuncia, le reclamaron el informe toxicológico, el que justamente se le había negado en el CAP, y la derivaron al Hospital de Blandas. Allí, la familia tampoco consiguió los análisis para determinar si su hija había sido drogada, pero, al menos, pudieron activar el protocolo contra pinchazos accidentales, que garantiza un tratamiento retro viral para prevenir posibles infecciones de VIH o hepatitis a través de la aguja. 

Finalmente, la joven pudo formalizar la denuncia. “Nos dijeron que ahora el caso estaba en manos del juez y que se abriría una investigación policial, pero 15 días después todavía no sabemos nada más”, lamenta la joven, que añade: "Como las autoridades policiales todavía no tienen ningún protocolo definido te encuentras totalmente desorientada y, a pesar de que es verdad que el sistema sanitario está colapsado, cuando no te quieren hacer las pruebas te sientes desacreditada e incomprendida, con la angustia añadida que esto suma a la situación".

Denuncian en las redes un caso en Barcelona

El caso de Lloret no es el único que ha tenido lugar en Catalunya. Precisamente este fin de semana se han hecho virales unas stories de Instagram en las que dos jóvenes denuncian que recibieron pinchazos en el brazo y en la pierna mientras bailaban en la pista de un club nocturno de Barcelona. Las chicas relatan unos síntomas muy parecidos a los que describe la chica de Lloret. Los Mossos han explicado al ARA, sin embargo, que por ahora no consta ninguna denuncia sobre estos hechos en la ciudad. En todo caso, se confirman los primeros casos en Catalunya de esta ola de inyecciones en las discotecas, después de conocerse una primera denuncia en el estado español la madrugada del 22 de junio en un club nocturno de Sant Antoni, en Ibiza .

Los pinchazos misteriosas en locales por la noche hace tiempo que son un problema en varios países de Europa, como Francia –con más de 300 alertas notificadas por clientes de discotecas desde el mes de marzo– o el Reino Unido, el primer país que entre enero y septiembre de 2021 acumuló 1.300 quejas en relación a esta práctica. Y, a pesar de que todavía no se ha podido determinar objetivamente una relación de causa-efecto entre esta praxis y las violaciones, parece que se trata de una modalidad de sedación química que busca anular la capacidad de resistencia de la víctima. La joven de Lloret reconoce que, a pesar de que seguirá saliendo de fiesta con su pandilla, lo hará con miedo: "Siempre estaré rodeada de amigos, pendientes que nadie se separe del grupo, con la alerta y la angustia constante de no sentirnos seguras". 

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