"Será una huelga muy difícil para todo el mundo"
La USTEC, la CGT y la AEC instan a los docentes a parar el 8 de septiembre coincidiendo con el inicio de curso
BarcelonaEste martes será la sexta vez que los docentes catalanes están llamados a hacer huelga en toda Cataluña en menos de un año. De hecho, si se tienen en cuenta todos los paros territoriales que se organizaron a finales del curso pasado, un maestro o profesor del sistema educativo catalán que los haya hecho todos habrá estado casi una decena de días de huelga –y, por tanto, sin cobrar– este 2026. Aun así, la USTEC y la CGT, los dos sindicatos de la mesa que convocan el paro –también lo hacen la Intersindical y COS–, y la flamante Asamblea Educativa de Cataluña (AEC) ven claro que la huelga para el primer día de curso es "necesaria", ya que, a su parecer, el Govern no ha reabierto propiamente la negociación después del no de los docentes al preacuerdo del mes de mayo.
Aunque consideran que esta protesta es esencial, ninguna de las tres formaciones esconde el hecho de que el paro del martes es más delicado y complicado que los de los últimos días de curso, que consiguieron unos seguimientos superiores al 30%, según los datos del departamento de Educación. "Será una huelga muy difícil para todo el mundo, para las trabajadoras y para las familias. También es una huelga muy dura de hacer", admite al ARA Laura Gené, secretaria general de Enseñanza de la CGT, el único sindicato que no firmó el preacuerdo del mes de mayo y que salió reforzado después delno de más de 39.500 docentes al pacto con el Govern –a pesar de que desde Educación se haya optado por tirar adelante las mejoras acordadas–. "No nos sentimos cómodos, no nos gusta porque [el primer día de curso] es verdad que es un día muy importante, pero precisamente porque es un día muy importante también nos ayuda a hacer mucha más presión", defiende Gené.
Desde la USTEC, el sindicato mayoritario que después del no al preacuerdo abrió nuevas consultas a los docentes para conocer las necesidades de las aulas, la portavoz Iolanda Segura defiende que "la gente está activa y con ganas de continuar la lucha". Aun así, admite que como hace pocos días que los docentes han vuelto a los centros –volvieron a trabajar el 1 de septiembre, pero algunos interinos han llegado más justos–, todavía no han podido ir a las escuelas e institutos para "saber el ambiente que se respira en los centros". En el mismo sentido, miembros de la AEC advierten que debido a la gran movilidad docente que hay cada curso, muchos maestros acaban de llegar nuevos a su centro y todavía no se han podido familiarizar con las asambleas y organizarse de cara al martes.
Sea como sea, sindicatos y asamblea confían en un poder de movilización que hace solo unos meses movió una marea amarilla de más de 30.000 docentes en las calles de Barcelona para reclamar mejoras en las aulas. Con todo, piden también la complicidad a las familias, aunque, para muchas de ellas, que el primer día de escuela haya huelga supone un trastorno organizativo y de conciliación. "Al final, depende mucho de cada situación. Si hay familias que se lo pueden permitir, pueden ayudarnos no llevando a los alumnos, también si ven que por las necesidades de su hijo estar en la escuela un día así puede ser estresante. Pero, de la misma manera, si un niño no tiene red con quien quedarse, que lo lleven, evidentemente –aclara Gené–. Al final, nuestra llamada es que nos ayuden a hacer que el día sea lo menos duro posible para todo el mundo", insiste.
La misma flexibilidad la plantea Segura para los docentes: "Si hay alguna persona que no participa, no será porque no quiera continuar la lucha, sino porque quizás considera que su responsabilidad el primer día es estar en el aula. Lo que queda muy claro es que, independientemente del grado de participación que haya, tenemos una realidad, el malestar está ahí".
Más recursos y blindar el catalán
Más allá de las previsiones para la huelga del martes, cuando les preguntan por la situación actual con el departamento de Educación, las dos representantes sindicales dan respuestas similares: nadie se ha movido, pero tampoco se ha cerrado la puerta a hablar, que no es lo mismo que negociar. Tanto la USTEC como la CGT reprochan a la consejera Esther Niubó que pidiera desconvocar la movilización "a cambio de un cheque en blanco". En cambio, después de reunirse con los dos sindicatos por separado, la titular de Educación compareció pidiendo "un paréntesis" en las movilizaciones para poder avanzar "con serenidad y espíritu constructivo".
De la misma manera, mientras la USTEC critica que el Gobierno se resiste a establecer un calendario de negociación con puntos concretos, Niubó también aseguró que su departamento puso sobre la mesa de los sindicatos "una agenda de trabajo" para abordar cuestiones y para "mantener un diálogo fluido durante el año". Además, la consejera admitió que comparten "sus demandas para conseguir la mejor educación pública para los alumnos del país".
Ahora bien, uno de los problemas de esta negociación es que las necesidades del sistema educativo actual y que los sindicatos reclaman al Gobierno son tan necesarias como amplias: desde llegar al tan anhelado 6% del PIB en educación –o cuando menos calendarizar el incremento de inversión– hasta blindar el catalán en la escuela. Pero también, y sobre todo, una mejora de condiciones y más manos, que cuestan de hacer llegar a las aulas, a pesar deel anuncio de 500 nuevas dotaciones de aula de acogida y el millar de nuevas incorporaciones docentes anunciados por el Gobierno a principio de curso.
Uno de los puntos clave en esta negociación, sin ninguna duda, son los recursos para la escuela inclusiva en unos centros que aseguran que se encuentran al límite y donde uno de cada tres alumnos tiene necesidades de apoyo educativo. "Si soy una persona sola en el aula, no puedo atender como es debido a un alumno con necesidades sin desatender al resto del aula y viceversa", hace tiempo que repiten cientos de docentes. Por tanto, ambos sindicatos y la AEC piden más recursos para poder reducir las ratios –y sobrerratios– de alumnos por docente, más profesionales de atención educativa –sobre todo de cuidadoras– y una mejora de condiciones para este sector.