Tabaco

"La gente se alejará de las terrazas pero continuará fumando en las calles"

El consejo de ministros aprueba la ley que prohíbe fumar en terrazas, campus universitarios y festivales de música

Un chico fumando en una terraza de un bar de Barcelona
Sebastián Marín
22/07/2026
3 min

BarcelonaEl gobierno español ha aprobado este martes en el consejo de ministros la normativa más importante en materia antitabaco desde 2005. Aunque todavía queda recorrido para que se aplique, el asedio al tabaco se ha recibido de diferentes maneras en la calle.

Xavi, un joven fumador que se enrolla el cigarrillo mientras toma el café en una terraza del barrio de Sant Antoni, opina que es una ley acertada. “Tiene sentido. Mientras alguien está comiendo o está con niños es desagradable y nocivo –admite–. La gente se alejará de las terrazas pero seguirá fumando en las calles”. Asegura que ni él ni otros dejarán de fumar por la nueva normativa, pero reconoce que muchos amigos suyos “han saltado del tabaco al vapeador a modo de transición”, como paso previo antes de dejar de fumar.

También ve con buenos ojos la normativa el director de la Escola Pia Sant Antoni, Lluís Ballarín, especialmente porque afecta a los vapeadores. Explica que por el formato que presentan, con un aspecto inofensivo a priori y diferentes gustos a elegir, se han convertido en “una entrada más lúdica” para algunos de sus alumnos, casi como “si fuera un juego”. De hecho, explica que es un fenómeno al alza que “está controlado” en el centro gracias a una normativa estricta y que se remonta a años atrás, pero reconoce que la detección de los vapeadores no es fácil. “Es difícil de detectar por la diversidad de olores que presentan”, explica el docente, que recuerda detectar con más facilidad los casos de tabaquismo entre el alumnado por el olor característico.

Laura es psicóloga y fumadora. Reconoce que el fenómeno de los vapeadores “se le está yendo de las manos” por la cantidad de jóvenes que hacen uso de ellos, a pesar de “desconocer los efectos nocivos a largo plazo”. Destaca que hay un conflicto entre libertad individual y una posible sobrerregulación, aunque, a la hora de la verdad, reconoce que la priorización de “la salud pública” va por delante. Considera que la ley es acertada por el hecho de que “fumar es una decisión individual que no ha de compartir una persona completamente ajena”. También cree que todo esto podría tener un impacto inicial sobre la restauración en caso de que la nueva ley se apruebe en el Congreso, ya que “la gente asocia tomar algo y el tabaco”. De la misma manera que durante la pandemia por la covid, la psicóloga considera que podría haber un replanteamiento del tabaquismo: “Quizás sí que me plantearía dejar de fumar”.

Un grupo de clientes fumando en una terraza de un bar de Barcelona

"Si alguien me lo pide, dejo de fumar o me alejo"

Krishna es gerente de Chelo, una de las terrazas más concurridas de la plaza Vicenç Martorell, en el barrio del Raval. Él se muestra escéptico ante la nueva ley: “Nadie la seguirá”, asegura, y critica que el espacio público “ya está demasiado limitado”. Dice su opinión mientras desayuna con Rubén, mucho más contundente que su amigo: “Si no se puede fumar en la terraza, la gente vendrá menos a los bares”, asegura este vecino de Ciutat Vella, que tilda la normativa de ser “excesiva y paternalista”, toda una “infantilización de la gente”. Entiende que en espacios como marquesinas de autobús, donde el espacio es reducido y se puedan concentrar personas sensibles al humo se limite el tabaco, pero considera que la propuesta de limitar el humo en conciertos al aire libre es “una tontería, una limitación de las libertades individuales”.

Tanto Krishna como Rubén consideran que se trata de una cuestión de educación: “Si alguien me lo pide, dejo de fumar o me alejo para no molestar”, asegura Rubén, que no se plantea dejar de fumar a raíz de esta normativa, sino por salud. Explica que la regulación en interiores sí que tenía sentido, después de trabajar años en despachos de arquitectura donde el humo era abundante y la circulación del aire era limitada. Aunque reconoce que el humo es perjudicial, considera que limitar de esta manera el espacio público es “legislar por legislar”.

Farouk, gerente de La Sureña de la calle Tallers, apuesta por una fórmula intermedia entre la prohibición total y la regulación. "Que se haga un horario, como con las terrazas", propone. Cree que impedir fumar en el exterior puede perjudicar a los bares, ya que "si no se puede en el interior, al menos que se pueda hacer fuera".

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