Sociedad 06/05/2022

El triple reto de Collserola: más biodiversidad, más agricultura, menos masificación

El parque quiere ampliar el mosaico agroforestal para prevenir incendios y combatir el aislamiento ecológico

Júlia Claramunt Pi
3 min
Pepnat, nuevo ciclo vital dentro del Parque Natural de Collserola: biodiversidad, paisaje y conectividad.

Desde la cumbre de Puig Madrona, situado en la sierra de Collserola entre los municipios del Papiol y Sant Cugat del Vallès, se puede contemplar el Parque Natural de Collserola, que se extiende alrededor suyo. Dando una vuelta completa desde la torre de vigilancia que la preside, el paisaje forestal, caracterizado por la presencia de pinos –y también de encinas y robles– se combina con valles, prados, algunos cultivos e incluso se ven los espacios urbanos e industriales que lo rodean.

Gestionar un espacio natural de máxima protección –fue declarado parque natural en 2010– como este y protegerlo como el reducto más rico en biodiversidad de toda el área metropolitana, choca a menudo con la dificultad de conseguirlo en medio de millones de personas. El Govern aprobó en 2021 el plan especial de protección del medio natural y del paisaje del Parque Natural de la Sierra de Collserola (PEPNat), un instrumento de planeamiento urbanístico y ambiental que tiene que servir para corregir los puntos más vulnerables del parque y que ahora se ha de desplegar. "Vamos hacia un futuro de cambio climático, y esto se tendrá que tener en cuenta en la gestión de los espacios agrícolas y forestales. El plan permite enfocar una gestión más adaptativa a la realidad que tenemos", explica Laura Cid, ambientóloga de la AMB y miembro del equipo redactor del PEPNat.

El Parque Natural de Collserola, un pulmón en el área metropolitana de Barcelona

Preservar la diversidad paisajística

Los mosaicos agroforestales, como los que se pueden observar desde Puig Madrona, son un conjunto de espacios formados por la combinación o la alternancia de bosques y cultivos, los cuales regulan los ciclos naturales, ayudan a prevenir incendios forestales y potencian la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas. El PEPNat persigue justamente ampliar esta mezcla de espacios y contrarrestar el abandono de la agricultura y la ganadería que ha sufrido la zona estas últimas décadas. De hecho, ahora hay unos 25 agricultores en el parque y unas 200 hectáreas productivas, que el plan prevé como mínimo doblar.

"La gestión del parque está enfocada en recuperar la agricultura y la ganadería para garantizar que no se extienda todavía más el paisaje forestal, que ha ido ganando terreno", apunta Seán Cahill, biólogo del Servicio de Medio Natural y Territorio del Consorcio del Parque Natural: "No nos interesa que todo se vuelva bosque, porque perderíamos diversidad de paisaje y la biodiversidad de fauna y flora asociadas".

Ahora bien, a pesar de que la agricultura está permitida en todo el parque, no siempre es rentable. Es por eso el PEPNat identifica unas áreas prioritarias de agricultura, según si ya han sido cultivadas con anterioridad y si cuentan con las condiciones idóneas para el cultivo, como la orientación y la orografía, para ofrecerles facilidades. "La idea es no perder más superficie agrícola, porque estamos en una dinámica de abandono", reitera Eugènia Vidal, arquitecta de la AMB y miembro del equipo redactor del PEPNat.

Crear islas de tranquilidad

Más allá del ocasional canto de los pájaros o el crujido del suelo al andar, en la cumbre de Puig Madrona, como mínimo en un mediodía entre semana, se respira calma. Pero no siempre es así. Por eso, esta zona se incluye en una de las cinco grandes "islas de tranquilidad" que delimita el PEPNat: Can Cató, Sant Medir, Can Balasc, cerro de en Xai y la Salud. Estas islas ocupan más de 2.500 hectáreas y recibirán un tratamiento y unas limitaciones específicas en cuanto al tránsito, el uso público y a determinadas actividades que podrían generar algún tipo de impacto negativo. Esto no quiere decir que se prohíba el acceso, sino más bien que se restringirán los usos. "No habrá actividades masivas, se distribuirá información para que la gente se sensibilice y se vigilará que el uso público no se expanda dentro de estos entornos, para conseguir una perturbación mínima", adelanta Cid.

El torrente de Can Badal en el Parque Natural de Collserola

Fomentar la conectividad

De un primer vistazo, salta a la vista que Collserola no es un parque cualquiera. Su emplazamiento, en medio de un área metropolitana densamente poblada y rodeada de infraestructuras, le otorga una distinción particular y, al mismo tiempo, lo sitúa en una posición de vulnerabilidad, porque sufre un grave problema de aislamiento ecológico. En consecuencia, desde la AMB admiten la necesidad de conectarlo con el resto de la red de espacios naturales, como el río Llobregat, el conector central de Sant Llorenç del Munt y la Conreria. Es en este punto que la red hídrica "cobra mucha importancia", explica Cid, porque son los riachuelos y torrentes los que facilitan una cierta permeabilidad, más allá de lo que puedan hacer los conectores terrestres. "Si no, a la larga, Collserola perderá todos los valores", alerta la experta.

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