Radiografía de una transformación: así han cambiado los pisos donde vivimos
Las nuevas viviendas buscan espacios más flexibles y mejor adaptados al clima
BarcelonaHace tiempo que la vivienda se ha convertido en uno de los principales retos del país. Muchas veces, sin embargo, el debate llega reducido a cifras. Las que hacen referencia a cuántos pisos hay que construir. Las que nos hablan del encarecimiento del metro cuadrado sea de compra o de alquiler. Incluso las que conversan sobre cuánta gente más puede vivir en un lugar concreto. Hay también un acercamiento a la cuestión desde otro prisma. ¿Cómo son estas viviendas? ¿Han cambiado mucho respecto a cómo se construían hace veinte años? ¿Cómo deben ser los edificios del futuro?
No hay una respuesta corta a ninguna de las tres preguntas. En conversación con el ARA, el director del Institut Metropolità de Promoció de Sòl i Gestió Patrimonial (IMPSOL), Josep Maria Borrell, ensaya alguna. Opina que en el caso de las administraciones –el IMPSOL es una entidad que depende del Área Metropolitana de Barcelona (AMB)–, el parón general que supuso la crisis inmobiliaria abrió una "profunda reflexión" sobre qué era lo que había que promover desde el sector público en materia de vivienda.
"Hay un cambio de mirada. No solo vamos a hacer edificios que tengan mucha calidad, sino que los concebimos un poco como equipamientos", argumenta. ¿Y qué quiere decir esto? Responde el mismo Borrell: "El edificio estará construido 100 años. Sabemos quiénes somos ahora y cómo vivimos ahora, pero no tenemos ni idea de qué pasará dentro de 20, 30 u 80 años. Por lo tanto, lo que debemos hacer son infraestructuras sociales habitables con mucha flexibilidad". Edificios, en el fondo, que se adapten a las circunstancias.
Y en este campo de la innovación, el sector público juega un papel clave. Lo resume el director del área de arquitectura del Grupo Corp, Javier Aldámiz, que opina que el tipo de vivienda que desea la administración mira "ligeramente" más hacia el futuro y arriesga más, mientras que la gente que compra un piso en el mercado libre busca una vivienda más convencional, con un estilo "más burgués, menos progresista".
Habitaciones sin jerarquía
Uno de los capítulos donde es más fácil ver esta diferencia es en la distribución. Según Aldámiz, la vivienda libre de venta mantiene una organización "más clásica", con una zona de día y una de noche claramente diferenciadas, y un sistema de habitaciones marcado por una estancia principal –la doble conyugal– y después otras más pequeñas, ya sean dobles o individuales. "En cambio, la vivienda pública en estos momentos busca inclusión y desjerarquización de los espacios", apunta.
Borrell corrobora esta tendencia. Adentrémonos a través de su descripción en una vivienda protegida tipo de antes de 2017: un recibidor, un pasillo, una cocina más o menos cerrada, una zona de día y una zona de noche con un pasillo con dos o tres habitaciones. Ahora, explica, los pasillos han prácticamente desaparecido y se busca a menudo que todas las estancias sean igual de grandes y que sean intercambiables.
El objetivo es que sea la vida de quien vive allí quien condicione el espacio y no a la inversa. Que lo que ahora necesitas que sea una habitación para un niño pueda convertirse fácilmente en un despacho si más adelante se va de casa, o en una nueva sala de estar o, más adelante, si has envejecido, estás solo y necesitas cuidados, pueda volver a ser una habitación donde se aloje quien te acompañe. Un modelo que, apunta la arquitecta Maria Sisternas, bebe mucho de la influencia que tuvo el artículo La casa de habitaciones iguales, que hizo Xavier Monteys en el año 2013.
Sin embargo, Sisternas enciende algunas luces de alerta ante esta desjerarquización de los espacios. Apunta, por ejemplo, que en esta búsqueda de la igualdad entre los espacios se están haciendo comedores demasiado pequeños. "Los comedores son bonitos cuando son amplios. En los comedores que estamos haciendo ahora no te cabe una mesa para invitar a dos personas más", dice. Y eso que, en muchos casos, estos comedores desplazan la sala de estar como zona central de las viviendas.
La cocina abierta se hace fuerte
Borrell apunta al consumo en dispositivos móviles como uno de los factores que explican este cambio. "El espacio de convergencia familiar hoy en día ya no es el sofá delante de la televisión porque todo el mundo mira lo que quiere. Tiene que ser la cocina y el comedor", sostiene. Y aquí llega uno de los cambios en los que en los últimos años sí que han ido de la mano tanto los públicos como los privados: las cocinas abiertas. El CEO de Euroconstruct y presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de España (APCE), Xavier Vilajoana, asegura que los compradores buscan “un espacio diáfano y poder respirar más”, hecho que acaba derivando en casas sin pasillos y con la cocina integrada en el comedor.
Desde Corp, Aldámiz remarca también que este tipo de cocinas “son inclusivas” y permiten integrar a la persona que trabaja en ella con lo que pasa en el resto de la casa, y se establece así una convivencia a pesar de que cada uno lleve a cabo actividades diferentes. Borrell profundiza en esta idea de la integración, y habla también de "visibilizar" los espacios de las tareas domésticas. "Hay que que tengan la misma calidad que los espacios que se consideraban nobles", concluye.
El director de servicios técnicos del Institut Municipal de l’Habitatge i Rehabilitació de Barcelona (IMHAB), Joan Carles Melero, añade a la conversación otra variable. La necesidad de que los pisos estén preparados para todas las fases de la vida, también durante la vejez. "Lo tenemos en cuenta con los dormitorios pero también con los baños, que deben poder ser un espacio de cuidados donde dos personas puedan maniobrar en una ducha", explica.
Edificios activadores de barrio
Otro de los rasgos característicos de las nuevas casas –tanto públicas como privadas– es la difuminación de los pasillos, un movimiento encaminado, una vez más, a maximizar el aprovechamiento de los metros cuadrados disponibles. También se impone una de las lecciones de la pandemia: la importancia de los balcones y los espacios con salida al exterior. "En el 22@ o en muchos planes urbanísticos, se decía que la fachada no podía tener balcones. Ahora esto ya no pasa", destaca Sisternas.
La arquitecta y exdirectora del Incasòl introduce otro elemento. La importancia de que los edificios "tengan en cuenta el valor de la calle" y huyan de "la lógica completamente aislada" de los denominados "bloques cebra" –los característicos edificios blancos y negros que han proliferado en muchas nuevas urbanizaciones de los últimos años como si los hicieran en serie–. Borrell coincide, y apuesta porque los bloques de vivienda pública "no sean búnkeres", sino que en la parcela donde se levanten se pueda crear también una plaza o un espacio ganado por la gente. "Cuando esto pasa, deja de ser un edificio y pasa a ser un activador de barrio", dice.
Pisos que cambien la mentalidad de quien vive en ellos
Pero más allá de la distribución, hay otros aspectos que han ganado relevancia en la forma como se hacen hoy las viviendas nuevas. Uno de estos es la búsqueda constante de mejoras en la eficiencia energética. "El 85-90% de los nuevos edificios tienen, como mínimo, una calificación B de eficiencia energética. No solo por normativa sino también por concienciación global", destaca Xavier Vilajoana.
Joan Carles Melero considera este el "tema clave" de la vivienda. Defiende que a la hora de construir nuevos edificios el sector público ahora prioriza aspectos como la ventilación o el soleamiento de los pisos a maximizar los metros construidos con viviendas de una única fachada. "Si no tienes soleamiento, no tendrás nunca. Si no tienes una buena ventilación, no la tendrás nunca", subraya. Y apunta que la vivienda pública debe dar respuesta a los cambios climáticos.
Ahí coincide Josep Maria Borrell, que opina que la arquitectura de las nuevas viviendas debe ayudar a "cambiar las mentalidades de las personas que las habiten" y permitirles no hacer un gran gasto en electricidad para climatizarlas. "Tenemos que volver a subir y bajar persianas y toldos, tenemos que buscar estrategias de galerías bioclimáticas", defiende, y añade que si la vivienda pública va destinada a personas con menos recursos, se les debe facilitar que la factura energética también sea baja.
Aparcamientos que puedan ser bibliotecas
Melero remarca también la necesidad de que a la hora de construir los edificios se busque reducir al máximo la huella ecológica, y explica que desde el IMHAB se ha incidido en esta vía fijando en los concursos que convoca un umbral máximo de emisiones. También dando a este apartado un peso importantísimo en las puntuaciones. Apunta, además, la importancia de que –al estilo de las habitaciones– también la estructura de los edificios sea flexible. "Si de aquí a un tiempo quiero que ya no sea un bloque de vivienda sino que sea un edificio dotacional con pisos más pequeños y muchos espacios comunes, cuanto más neutra sea la estructura original mejor", resume.
Borrell pone otros ejemplos de arquitectura pensada en esta flexibilidad futura. Por ejemplo, en un mundo con menos peso del coche privado. "Nuestros aparcamientos siempre son ventilados e iluminados naturalmente porque de aquí a 10 años se puedan reconvertir en bibliotecas, guarderías, locales comerciales o este tipo de equipamientos", explica. En la misma línea, añade que los bloques deben estar preparados por si en el futuro la gente deja de tener lavadora en casa y hace falta tener una lavandería comunitaria, o disponer de salas polivalentes que puedan servir de coworking, o tener aparcamientos de bicicletas.
En el campo privado, desde Corp Aldámiz explica que ya hacen edificios con un espacio de coworking para los vecinos, conserjería, gimnasio “y, si puede ser, una piscina”. Según él, cada vez hay más promociones en el mercado libre que optan por impulsar los espacios comunes del edificio. Vilajoana, en cambio, sostiene que normalmente no son protagonistas. “La gente tiene en cuenta lo que le costará mantener el edificio”, señala, y añade que “si tú recargas mucho los espacios comunitarios, quedan pisos pequeños”.