Biología
Ciencia y Tecnología  /  Biología 19/08/2022

Los antepasados de las jirafas se parecían a los unicornios

Científicos chinos encuentran fósiles de una especie de hace 17 millones de años con el cuello largo y una especie de cuerno corto y grueso

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Dos jirafas

Los unicornios son seres mitológicos que la tradición medieval representaba con cuerpo de caballo y un cuerno recto que les salía del medio de la frente. A pesar de que se mencionan en descripciones zoológicas griegas, nadie las ha podido ver nunca, dado que, como tales, no existen. Se considera que, posiblemente, las primeras descripciones se deban a la confusión con animales reales exagerados o mal descritos, como el rinoceronte o el narval, un cetáceo emparentado con los delfines y las orcas que tiene un gran colmillo que sobresale por delante de la cara como un único cuerno. En otras culturas también existen descripciones similares de estos seres mitológicos, como en China, donde se los denomina xiezhi.

En el año 1996 un equipo de científicos chinos descubrió unos fósiles de una especie extinguida desconocida, que denominaron Discokeryx xiezhi. Este nombre significa, textualmente, disco –disco– en forma de cuerno –keryx– como un unicornio –xiezhi–. Estos últimos años se han encontrado más de setenta fósiles de esta misma especie. Según han publicado el paleontólogo Shi-Qi Wang y sus colaboradores en la revista Science, un equipo interdisciplinario formato por paleontólogos, biólogos evolutivos, etólogos y analistas de datos de varias universidades y centros de investigación chinos y estadounidenses, las características del cráneo y de las vértebras de este animal extinguido pueden ayudar a solucionar una de las grandes controversias de la evolución: por qué las jirafas tienen el cuello tan largo. O, como dicen estos autores, “uno de los antepasados de las jirafas actuales tenía aspecto de unicornio”.

Un ejemplo de evolución

El cuello largo de las jirafas es una de las estructuras anatómicas que se han utilizado más para explicar la evolución de las especies. Jean-Baptiste Lamarck propuso que, para poder llegar a las hojas más altas de los árboles, las jirafas tenían que estirar el cuello y eso hacía que sus descendentes nacieran directamente con el cuello algo más largo. Esta idea se denomina herencia de los caracteres adquiridos, una hipótesis que se ha demostrado que no es correcta. También Charles Darwin habló del cuello de las jirafas. Según su hipótesis de la selección natural, que se ha demostrado que es la correcta, las jirafas que por algún motivo tenían el cuello más largo eran las que tenían más posibilidades de sobrevivir y dejar descendentes iguales que ellas, porque podían llegar a ramas a las cuales ningún otro animal tenía acceso. En cualquier caso, el motivo de que las jirafas tuvieran el cuello tan largo parecía relacionado con la alimentación.

Recientemente, sin embargo, ha surgido otra hipótesis que se sustenta en un mecanismo colateral al de la selección natural, que se denomina selección sexual. De manera resumida, en el caso de las jirafas se ha visto que, durante la época de celo, los machos se pelean a golpes de cabeza para tener acceso preferente a las hembras. En este contexto, los machos que tienen el cuello más largo pueden dar golpes más fuertes y, por lo tanto, son los que dejan más descendentes con sus mismas características. Es el mismo principio físico que usar una honda para lanzar una piedra en vez de hacerlo directamente con la mano.

Golpes de cabeza

¿Qué tiene que ver todo esto con los fósiles de Discokeryx xiezhi? Estos animales, que vivieron a comienzos del Mioceno, hace unos 16,9 millones de años, tenían un disco queratinoso encima de la cabeza que, a pesar de que no era muy bien un cuerno, ha sugerido el nombre de unicornio a los investigadores. Su análisis y las muestras de desgaste que presenta en los restos encontrados hacen suponer que los machos lo usaban para darse golpes de cabeza, como todavía ahora hacen muchas especies de ciervos cuando llega la época de celo. Aun así, el aspecto más interesante es que el análisis morfológico de los cráneos y el estudio histológico de las vértebras petrificadas indican claramente que el Discokeryx xiezhi está directamente emparentado con las jirafas actuales y posiblemente también con los ciervos.

Los fósiles más antiguos que se han encontrado de jirafas similares a las actuales son de principios del Plioceno, hace unos cinco millones de años, y ya tenían el cuello largo. Según la hipótesis que estos investigadores han publicado en Science, posiblemente una de las fuerzas evolutivas que ha conducido las jirafas a tener un cuello tan largo han sido las ventajas que les proporciona en estas contiendas entre machos, cuando se dan golpes de cabeza, en un proceso de selección sexual. Esto no quiere decir que la posibilidad de acceder a ramas más altas para alimentarse no haya sido también un factor favorecido por la selección natural.

Además, hay otro aspecto interesante que destacar. El análisis histológico de las vértebras del cuello del Discokeryx xiezhi indica que tenían una gran plasticidad de desarrollo, la cual se traduce en mucha flexibilidad morfológica. Dicho de manera más sencilla, bajo las fuerzas evolutivas adecuadas el cuello de los antepasados de las jirafas lo tenía relativamente fácil para crecer hasta lograr las dimensiones de las de las jirafas actuales.

David Bueno es director de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st

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