Fondos europeos
Cultura 09/11/2021

El gobierno español condiciona las ayudas europeas para comprar libros al 50% en castellano

Las bibliotecas catalanas tienen limitada la compra en catalán si quieren los 900.000 euros de los fondos europeos

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La Biblioteca Montserrat Abelló de Barcelona, en una foto de archivo del 2021.

BarcelonaEl ministerio de Cultura ha abierto una línea de ayudas para la compra de libros para las bibliotecas públicas estatales, gracias a los fondos europeos de recuperación pos-covid. En total, se invertirán 10 millones de euros para adquirir 450.000 libros. Las ayudas, sin embargo, van condicionadas a un hecho: que la compra sea como mínimo del 50% de libros en castellano en las comunidades con lenguas cooficiales. El 50% restante puede ser en catalán y, de esta mitad, hasta un 10% puede ser en otras lenguas extranjeras o cooficiales del Estado. En las comunidades monolingües, la compra de libros tiene que ser al 90% en castellano, y limita al 10% la compra de libros en otras lenguas cooficiales o extranjeras. Es la primera vez que Madrid establece una cuota para la compra de libros para las bibliotecas públicas, cuando la elección de los títulos siempre la habían hecho autónomamente las bibliotecas de acuerdo con criterios profesionales y de servicio a sus usuarios, siguiendo los códigos deontológicos.

Este 50% en "otras lenguas" es resultado de la presión, durante la primavera pasada, de Catalunya, Euskadi, Islas Baleares y Galicia. Para Josep Vives, director general de Promoción Cultural y Bibliotecas, la cuota lingüística es "innecesaria" y "perillosa". Originalmente, el ministerio de Cultura había marcado que la compra tenía que ser el 87% en castellano y el catalán se quedaba con una cuota del 13% porque "partían del volumen de la producción editorial en las distintas lenguas", confirman desde el ministerio. Es decir, el criterio de partida era el número de títulos diferentes publicados, según las cifras del mercado del libro en España. Finalmente, la partida se aprobó en la Conferencia Sectorial de Cultura el 23 de julio después de la abstención catalana en el Consejo Interterritorial "en contra de las cuotas", insiste Vives, por "blindar la injerencia con criterios políticos". Pero no solo esto, puesto que otro de los criterios en el que había desacuerdo es en el reparto de los 10 millones, que se hará por número de bibliotecas, sin tener en cuenta el número de usuarios, cosa que penaliza a las comunidades que tienen más habitantes, más concentración de población y más rigor a la hora de considerar qué es una biblioteca. El reparto ha sido universal para las 4.604 bibliotecas del Estado, de forma que tocarían unos 2.170 euros por centro, con un mínimo de 1.500 euros para gastar para cada biblioteca. Catalunya tiene 430 bibliotecas y recibirá 916.394 euros, el 9% del total (por debajo de Castilla-La Mancha y Andalucía).

De 2006 a 2010 ya había una partida para la compra de fondo bibliográfico en la que el ministerio y la Generalitat se comprometían a aportar la misma cantidad. Este fondo se esfumó con la suma del gobierno del PP y la crisis. Pero ya entonces no había cuotas. El único intento de establecer cuotas se quedó en un borrador en 2019 para obligar a comprar otros géneros que no fueran novela. "Nunca habíamos tenido cuotas de ningún tipo", asegura Vives, que también es bibliotecario. Según fuentes del ministerio, "el acuerdo logrado con las comunidades autónomas persigue precisamente respetar y fomentar el plurilingüismo, dentro de los parámetros de la Constitución".

¿Cómo se compran los libros?

Los fondos Next Generation llegan ahora con un decálogo de condiciones de obligado cumplimiento. "No tiene precedente, ni ningún sentido, porque no hay bibliotecas españolas que no compren libros en castellano", afirma Vives. Las bibliotecas siempre compran sus fondos basándose en tres factores, explica el director general: las necesidades de los usuarios, la disponibilidad presupuestaria (hay que tener en cuenta que son equipaciones municipales que tienen que recibir apoyo de su ayuntamiento, también lo reciben de su diputación y de la Generalitat) y la disponibilidad comercial. El hecho es que "la mayoría del fondo no existe en catalán, excepto en novela y literatura infantil y juvenil, en el que hay una oferta más amplia", admite Vives. La mayoría de las publicaciones científicas y ensayísticas especializadas son en castellano. Esto hace que en las bibliotecas públicas catalanas solo uno de cada cuatro libros sea en catalán, como reconocía la consellera de Cultura a raíz de una pregunta parlamentaria y publicaba Nació Digital .

La Generalitat, pues, no aplica a sus bibliotecas ninguna cuota por lengua. Pero sí garantiza la presencia en los estantes de todos los títulos disponibles en catalán. ¿Cómo? "Poniendo 3,5 millones de euros a disposición de las bibliotecas para incentivar la compra en catalán", dice Vives. Esta cifra es la inversión anual de la conselleria de Cultura en ayudas para la adquisición bibliotecaria en catalán. Por otro lado, hay 1,8 millones más para la compra de diarios y otros documentos, y hasta 6 millones en otros servicios como el eBiblio. Aquí se tienen que sumar las ayudas de otras administraciones. Desde la Generalitat también ponen en contexto esta ayuda extraordinaria Next Generation, que tendría que llegar a finales de año: 916.394 euros son casi "el 10% de lo que se acaba destinando al año a la compra de libros en Catalunya", dice Vives. "¿Hay falta de libros en catalán? No. ¿Hay suficiente dinero para comprar todos los títulos [en catalán]? Sí", afirma Vives, pero esta deriva implica "limitar la capacidad de los bibliotecarios para comprar lo que necesita su población".

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