"Si una alumna me dice que se ha intentado suicidar dos veces, ¿qué le respondo?"
Francesc Torralba publica 'Anatomía de la esperanza', premio Josep Pla 2026, un ensayo en el que invita a luchar contra el desánimo actual
BarcelonaCuando Francesc Torralba (Barcelona, 1967) empezó a dar clases de filosofía en la universidad, tenía sólo cinco años más que sus alumnos. "Ahora tengo casi cuarenta más que ellos –explica–. Uno de los cambios entre semillas y ahora es que actualmente observo unos niveles de desencanto muy elevados entre los alumnos, tanto en el aula como en las tutorías". El nuevo ensayo de Torralba, Anatomía de la esperanza –que ha ganado el premio Josep Pla 2026–, parte del malestar que ha detectado en la sociedad durante los últimos años y que afecta especialmente a los jóvenes. "Reciben impulsos negativos todo el rato –continúa el autor–. Se les explica que tendrán contratos basura, que nunca podrán comprar un piso de 60 m2 en Barcelona y que vivirán relaciones marcadas por la volatilidad". A la negatividad sobre el futuro se suma la mirada que los medios de comunicación construyen sobre el presente. "El telediario y los periódicos nos cuentan que tanto el mundo local como el global caen a pedazos", añade. se ha intentado suicidar dos veces, ¿qué le respondo?", pide.
Anatomía de la esperanza aspira a convertirse en un mapa para orientarse en un mundo incierto y desencantado como el de hoy. "Uno de los autores que representó más claramente la falta de aire y agua, en definitiva, la desesperación, fue Franz Kafka –admite–. Su perspectiva me sirve para hablar de varios artistas y escritores que han hecho apología de este estado de ánimo". Contrapone la negatividad deEl grito (1892) deEdvard Munch a la positividad de la mujer embarazada que pintó Gustav Klimt a Esperanza II (1907-1908). "Analizo también la perspectiva de varios pensadores de las primeras décadas del siglo XX, entre ellos Gabriel Marcel, Ernst Bloch y Albert Camus: todos ellos explican por qué la esperanza es esencial y razonable", avanza.
Un grito colectivo
Para Francesc Torralba, la esperanza "no es ninguna evidencia, pero se relaciona con la confianza de que el futuro puede ser luminoso". Si el desencanto te lleva "a la inactividad, la pasividad y la parálisis y, llegado a un extremo, a la autodestrucción", la esperanza tiene otras propiedades: "Estimula a la acción –defiende el filósofo–. Si crees que es posible cambiar las cosas, te pones junto a nosotros. Para ilustrar su tesis, Torralba cita tres cambios que, a priori, parecían "improbables": "Las sufragistas consiguieron que las mujeres pudieran acabar votando, la situación de los trabajadores ha mejorado mucho si la comparamos con la época previa a Marx y, finalmente, Gandhi logró persuadir a todo un pueblo, el indio, para conseguir liberarlo no-violencia".
"La constancia y la perseverancia son valores que asociamos a la esperanza –continúa–. A veces sembramos nosotros y serán nuestros hijos o nietos quienes cosechen los frutos". Para Torralba, "la dimensión intergeneracional en las luchas" es fundamental: "Llegar a un cambio cuesta sangre, sudor y lágrimas. Pero también mantenerlo". Menciona, como ejemplos, la fragilidad de la democracia y la desinversión en infraestructuras clave como Cercanías. "Debemos saber transmitir a los jóvenes qué hemos hecho nosotros para afrontar las contrariedades y qué luchas defendemos", afirma.
Hay dos elementos del mundo actual que juegan a la contra del cultivo paciente de la esperanza. "Uno es la intolerancia de la espera, que hace que nos cansemos y frustremos más bien de la cuenta", dice Torralba. El otro es "la cultura de la inmediatez". "Hay objetos de deseo que no son inmediatos –sigue–. Si quieres ser médico, tienes que estudiar durante seis años, pasar muchos exámenes y quizás incluso enfrentarte a contratiempos que no esperabas, como que en casa no pueden pagarte la matrícula. Es necesaria terquedad y empeño por llegar a donde queremos".