Natación

Decían que no podría caminar más y he atravesado el estrecho de Gibraltar nadando

Zach Washington Young perdió la movilidad en las piernas en un grave accidente

Zach Washington, nadador paralímpico.
09/09/2026 - 14:00 h.
5 min

Barcelona"Si puedes volver a caminar, vuelve y me como la corbata", le dijo un médico a Zach Washington-Young cuando tras un grave accidente perdió la movilidad de cintura para abajo. "No he vuelto nunca para decírselo, aunque supongo que sabe que estaba equivocado", explica Zach cuando se sienta para hablar con el ARA en un hotel del centro de Barcelona, donde está de visita este inglés que vive en Ibiza, su nuevo hogar. Se disculpa por llegar cinco minutos tarde: "Estaba en la piscina con mi hijo, que no para quieto", dice. Él tampoco para quieto. Casi 15 años después del accidente que parecía condenarlo a una silla de ruedas toda la vida, Zach ha hecho una maratón y este verano ha cruzado nadando el estrecho de Gibraltar, la última de sus metas.

Zach ha vivido muchos años en Cataluña y ahora reside en Ibiza, donde buscaba un rincón del mundo cerca de la naturaleza para criar a su hijo con su compañera. Se mueve ágil con la ayuda de dos muletas, y da tantos pasos como quiera. Muchos médicos se hacen cruces, ya que creían que ya no caminaría más. "Mis padres son unos héroes. Hubo un momento en que yo acepté que no podría caminar de nuevo, pero mi madre no paraba de buscar soluciones y contactó con unos especialistas en Cambridge que tenían una forma de trabajar diferente. Y mi padre me llevó. El padre ha hecho kilómetros y kilómetros para llevarme a sesiones de recuperación y para traerme a casa. A veces se quedaba durmiendo dentro del coche mientras yo entraba, en pleno invierno, cansado, esperándome", recuerda emocionado este fan del Liverpool, el equipo de su ciudad.

De hecho, durante muchos años jugó en la academia del "Everton, el otro equipo de la ciudad", explica. Era un buen futbolista, aunque al ver que quizás no llegaría a la Premier empezó a estudiar derecho. Todo iba bien hasta aquel verano de 2012 en que fue al Bestival, un festival musical en la isla de Wight. Cuando volvía en un autobús hacia Liverpool, una rueda del vehículo reventó, el conductor perdió el control y chocaron "contra un árbol gigante de 400 años". "Tres personas murieron. Las tres que estaban delante, en la ventana. Yo estaba en el pasillo y como no llevaba cinturón salí volando. Mi mejor amigo, Michael Molloy, estaba en la ventana. Murió", recuerda.

Un antes y un después en Cambridge

Zach sufría una grave lesión en la columna, con ruptura de la médula espinal. Pasó por muchos médicos y especialistas. "Me decían que no podría volver a caminar. Yo les decía que quería dejar aquella silla, pero parecía condenado. Llegué a rendirme y a aceptar lo que tocaba. Intentaba no pensar mucho en ello, e iba a festivales, salía de fiesta y salté de un avión en paracaídas", dice. Hasta que su madre encontró el centro PrimePhysio de Cambridge, un año después del accidente. Zach, resignado, casi se saltó la primera cita pactada con el centro, ya que salió de fiesta la noche anterior. "Mi padre me llamaba y no paró hasta localizarme. Y me acompañó", recuerda.

Y la vida le cambió del todo. "Trabajaban con buenos especialistas, exoesqueletos... y fui mejorando", asegura. Entonces había ganado demasiado peso y tenía las piernas delgadas, sin mucha masa muscular. Pero los resultados llegaron. Durante casi cinco años iría haciendo progresos. "Ver que un músculo reaccionaba era un éxito", dice mientras enseña en su perfil de las redes sociales un vídeo donde se ve el resumen del proceso: el primer paso con el exoesqueleto, el primer día que caminó con muletas, la primera vez que salió a la calle... y todo con una canción de fondo que había grabado su amigo Michael Molloy, gran amante de la música. "Tenía mucho talento", recuerda emocionado.

"Me sentía vivo de nuevo. Y busqué nuevos retos", dice. Y no un reto cualquiera. Decidió que haría caminando la Maratón de Londres, y que iniciaría una campaña de recogida de fondos para la investigación de lesiones medulares. Entrenándose duro, con el padre siempre cerca, pudo hacer 10 km. Después, una media maratón. Y finalmente, la maratón, después de casi 12 horas de esfuerzo titánico. Zach había sorprendido a todos. Nunca alguien con una lesión en la columna como él había conseguido hacer una maratón caminando. "Pero una vez haces un reto, te sientes vacío. Había que encontrar otro", razona.

"Como me gusta la música, decidí venir al festival Sónar de Barcelona. Uno de los médicos de Cambridge me dijo que, ya que venía, fuera a ver la Fundación Guttmann para ver cómo trabajan y no dejar de hacer trabajo físico. Me enamoré del lugar y de la manera de vivir de aquí. Fue hablando con ellos que di el paso a la piscina. Necesitaba un nuevo deporte y me hablaron del baloncesto en silla de ruedas, pero quería más movimiento". Y fue entonces cuando entró en acción Maria Folgado, una entrenadora de natación, quien le abrió las puertas de las piscinas. Zach acabaría entrenándose en el Club Natación de Mataró y descubriría que dentro del agua se sentía todavía más libre. "El Mataró tiene la sede frente al mar. Me enamoré del lugar e incluso acabaría comprando allí un piso", explica. Su siguiente reto fue entrar en el equipo paralímpico británico, y representar a su país en los Juegos Paralímpicos. Además, en 2020 subió a pie la cima más alta del Reino Unido y en 2021 fue nadando de Formentera a Ibiza.

Dentro de la piscina, Zach se mueve con facilidad. No necesita las muletas. "Como siempre busco retos, supe que se podía pedir permiso para cruzar nadando el estrecho de Gibraltar, y me apunté a través de un mail. Me dijeron que ya me contestarían... y me olvidé. Seguí compitiendo en natación, dando charlas de motivación por todo el mundo, y además he sido padre. Y este año, cuando ni lo recordaba, me dicen que si quiero puedo ir este agosto", dice con una carcajada. "Así que empecé a entrenarme fuerte. Entonces ya vivía en Ibiza y me apunté a un club, donde primero me vieron fuera de forma. Pero la fui recuperando, me entrenaba en aguas abiertas e hice una carrera de 10 km en Formentera. Después una más larga en Sant Feliu de Guíxols. Y vi que estaba preparado", dice.

Hace unas semanas, acompañado por su familia, Zach fue a Tarifa. Pero en uno de los entrenamientos previos, al salir del agua, empezó a temblar. "Hipotermia. El agua del Atlántico está más fría. Hacía sol, veía un mar precioso y ni pensé en la temperatura", recuerda. Aquel susto casi le dejó sin poder hacer la travesía, pero se recuperó a tiempo. "Además, los organizadores me dijeron que el agua está helada cuando sales de Tarifa, pero a medida que vas hacia Marruecos la temperatura sube", explica. Así que saltó al agua y se convirtió en el primer lesionado medular en cruzar el Estrecho. En unas cuatro horas había logrado un nuevo reto. No será el último. El próximo, crear su fundación para ayudar a personas que han pasado por experiencias similares a la suya.

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